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31.10.26
ReLaTo. cOmIeZoS, parte 1
30.10.26
rELaTo. aMIGOs, aMaNTes, NOvios.
Ahora tenían veintiocho. Dani era el de la espalda ancha, el culo que parecía diseñado por un comité de expertos en estética masculina y una polla que, según Álex, “tenía más personalidad que la mitad de tus ex”. Álex era más delgado, más rápido de lengua (en todos los sentidos) y poseía la molesta costumbre de convertir cualquier situación incómoda en un monólogo sarcástico digno de un stand-up.
Estaban de vacaciones en una cala perdida de Cerdeña. Agua tan clara que parecía de anuncio de agua mineral. Sol. Arena blanca. Y cero testigos adultos responsables.
—Esto es ridículo —dijo Álex mientras se quitaba el bañador con la elegancia de quien se quita un calcetín sudado—. Dos tíos adultos pagando un dineral por estar en un sitio donde el principal entretenimiento es mirarse las pelotas bajo el agua.
Dani ya estaba desnudo. Su polla colgaba pesada, balanceándose con cada paso hacia el agua.
—Quejas menos y métete. El agua está perfecta. Y tus pelotas también, por cierto. Muy simétricas hoy.
—Gracias, crítico de arte genital. Me alegra que mi escroto te inspire confianza.
Se metieron. El agua estaba fresca al principio, luego se volvió tibia y perfecta. Nadaron hacia el centro de la cala, donde el fondo bajaba y la luz se filtraba en rayos dorados. Fue ahí donde la “amistad con derechos” decidió que los derechos necesitaban una revisión urgente.
Dani se sumergió primero. Álex lo siguió. Bajo el agua el mundo se volvía silencioso, azul, irreal. Las burbujas subían como pensamientos tontos. Dani se giró, lo miró, y sin más preámbulos lo agarró de la cintura y lo atrajo hacia sí.
Álex, que tenía la costumbre de hablar hasta debajo del agua (aunque solo salieran burbujas), pensó algo del estilo: “Claro, porque lo más lógico después de quince años de amistad es empezar a practicarte reanimación boca a boca con lengua incluida”.
Se besaron. Bajo el agua. Con la torpeza inevitable de dos tíos que intentan follar y no ahogarse al mismo tiempo. Las manos de Dani bajaron hasta el culo de Álex, lo apretaron, lo separaron. La polla de Álex, que ya iba a medio gas, se puso completamente dura en tres segundos. La de Dani no se quedó atrás: gruesa, caliente, presionando contra el vientre de su “amigo”.
Subieron a la superficie jadeando.
—Eres un peligro público —dijo Álex, escupiendo agua y sonriendo como idiota—. Un día de estos me vas a matar de un subidón y van a tener que poner en mi lápida “murió haciendo lo que amaba: ahogarse con la polla de su mejor amigo en la boca”.
—Dramático. Te queda bien el papel de viuda trágica. Ahora baja otra vez.
Volvieron a sumergirse. Esta vez Dani no se anduvo con rodeos. Agarró a Álex por los muslos, lo levantó como si no pesara nada (mentira, pesaba, pero el agua ayuda) y le hizo rodearle la cintura con las piernas. Exactamente la pose de la foto que alguien, en un universo paralelo, estaría haciendo pasar por “arte contemporáneo”.
Álex se agarró a los hombros de Dani. Sus pollas quedaron atrapadas entre los dos cuerpos, rozándose con cada leve movimiento de las corrientes. El roce era obsceno. Piel caliente contra piel caliente, agua fría alrededor, y la sensación de que el mundo entero se había reducido a dos pollas duras y un par de agujeros que ya estaban pidiendo guerra.
Dani se inclinó y le mordió el cuello. Álex soltó un gemido que se convirtió en una nube de burbujas.
Subieron otra vez.
—Si seguimos así —jadeó Álex—, vamos a tener que inventarnos una historia para cuando nos encuentren flotando con las caras de placer y las pollas todavía dentro. “Señor agente, estábamos practicando apnea erótica avanzada”.
—Cállate y bésame.
Se besaron otra vez, esta vez en la superficie, con menos elegancia y más lengua. Las manos de Álex bajaron y agarraron la polla de Dani con ambas manos, masturbándola bajo el agua con movimientos lentos y deliberados. Dani gruñó contra su boca.
—Así… joder, así.
—Mira quién se ha vuelto elocuente. Dos frases y ya no puedes formar oraciones complejas. Qué talento.
Dani no contestó con palabras. Simplemente lo giró, lo puso de espaldas contra su pecho y le metió dos dedos en el culo sin pedir permiso. El agua hacía de lubricante improvisado. Álex arqueó la espalda y soltó una carcajada ahogada que se transformó en gemido.
—Aviso legal: si me haces correrme aquí, las medusas van a tener una experiencia que no olvidarán.
—Que se jodan las medusas.
Los dedos de Dani trabajaban con precisión cruel. Entraban, salían, se curvaban. La polla de Álex rebotaba con cada movimiento, dura como una roca, goteando líquido preseminal que se diluía inmediatamente en el agua azul.
Cuando Dani consideró que estaba lo bastante abierto, alineó su polla y empujó.
Entrar bajo el agua tiene su ciencia. Hay que empujar con calma, dejar que el agua y el deseo hagan el resto. La cabeza de la polla de Dani abrió a Álex con una presión deliciosa y un leve ardor. Álex apretó los dientes y soltó un “hijo de puta” cargado de cariño.
Dani avanzó centímetro a centímetro hasta que estuvo completamente dentro. Se quedaron así un momento, flotando, unidos, respirando el uno contra el cuello del otro.
—Te cabe entera —murmuró Dani, con esa voz grave que usaba solo cuando estaba profundamente metido en el culo de alguien—. Siempre te cabe.
—No empieces con el discurso de “mi polla y tu culo, una historia de amor”. Muévete, cabrón.
Dani se movió. Embestidas lentas al principio, profundas, sacando casi toda la longitud antes de volver a enterrarla. El agua amortiguaba el sonido de la piel contra la piel, pero no la sensación. Cada embestida hacía que la polla de Álex se frotara contra el antebrazo de Dani, que lo sujetaba por la cintura.
Subían a tomar aire cada cierto tiempo, jadeando, riéndose, insultándose con cariño.
—Más fuerte —pidió Álex en una de las emergidas—. Si me vas a follar como si fuera tu novio oficial, al menos hazlo bien.
—Novio oficial. Qué romántico. ¿Quieres anillo también o te conformas con que te deje el culo hecho un poema?
—Anillo no. Pero un segundo orgasmo sí, por favor. Soy exigente.
Dani aceleró. Las embestidas se volvieron más cortas, más precisas, buscando ese ángulo que hacía que Álex perdiera temporalmente la capacidad de ser sarcástico. Lo consiguió. Álex se quedó con la boca abierta, emitiendo sonidos que no eran palabras ni gemidos del todo, sino una mezcla obscena de ambos.
Cuando Álex se corrió, lo hizo sin tocarse. El semen salió a chorros, blanco y espeso, flotando un segundo antes de dispersarse. Las contracciones de su culo fueron lo que empujó a Dani al límite. Se enterró hasta el fondo, se quedó quieto y se vació dentro de él con un gruñido largo y bajo.
Se separaron lentamente. El semen de Dani se escapó del culo de Álex en un hilo blanco que se disolvió en el azul. Ambos flotaron de espaldas un momento, mirando el cielo, respirando como si hubieran corrido una maratón.
—Bueno —dijo Álex después de un rato—. Eso fue… notablemente menos desastroso que la última vez en el jacuzzi de tu primo.
—La última vez en el jacuzzi de mi primo casi nos pillan y tú te dedicaste a hacer chistes sobre “terapia de pareja acuática”.
—Y funcionó. Nadie sospechó. Todos pensaron que éramos dos heteros muy unidos. El poder de la negación es hermoso.
Dani se giró y lo miró. El sol le hacía brillar las gotas de agua en las pestañas.
—Oye.
—Qué.
—¿Y si dejamos de fingir que esto es solo “amigos que se follan cuando no hay nada mejor que hacer”?
Álex levantó una ceja. El gesto le salió empapado y ridículo.
—¿Estás proponiéndome algo, Daniel? Porque si es una declaración formal bajo el agua después de correrme, voy a necesitar un momento para procesar la falta de romanticismo.
—Es una propuesta. Novios. Oficiales. Con derecho a follar en cualquier masa de agua disponible y a reírnos de lo idiotas que somos.
Álex se quedó callado tres segundos. Luego sonrió, esa sonrisa de quien acaba de ganar una apuesta que ni siquiera sabía que había hecho.
—Trato. Pero con condiciones.
—Dime.
—Uno: sigues siendo mi mejor amigo. Dos: me dejas seguir haciendo chistes sobre tu polla. Tres: la próxima vez me dejas a mí follarte a ti, porque esto de ser siempre el receptáculo empieza a parecerse a un patrón patriarcal y no estamos para esas cosas.
Dani rio, se acercó y lo besó otra vez. Esta vez más despacio. Más seguro.
—Trato cerrado. Ahora cállate y vuelve a bajar. Quiero que me chupes la polla antes de que se me baje del todo.
—Romántico hasta la médula —murmuró Álex mientras se sumergía otra vez—. Justo como me gusta.
Bajo el agua, las burbujas volvieron a subir. Las manos volvieron a buscar. Las bocas volvieron a abrirse. Y la cala, testigo silencioso y azul, guardó el secreto de dos tíos que habían decidido que la amistad, el sexo y el sarcasmo podían convivir perfectamente… siempre y cuando hubiera suficiente agua para no morir ahogados en el intento.
Tres años después de aquella cala de Cerdeña donde decidieron que “amigos que se follan” sonaba demasiado a excusa de cobardes, Dani y Álex seguían juntos. Oficialmente. Con llaves de la misma casa, cuenta compartida de Netflix y la costumbre de discutir por el termostato como si fuera un tema de Estado.
Vivían en un piso alto de Barcelona con terraza, pero ese fin de semana de noviembre habían huido. Alquilado un chalet de madera en el Pirineo, rodeado de nieve, con vistas a un valle blanco y un jacuzzi exterior que prometía “experiencia termal de lujo”. La publicidad no mentía del todo: el jacuzzi funcionaba. El resto era madera crujiente, calefacción que tardaba una eternidad y un silencio de montaña que solo se rompía cuando Álex abría la boca.
Estaban metidos hasta el cuello en el agua caliente. Fuera nevaba con esa elegancia lenta de las películas. Dentro del jacuzzi, el vapor subía y se mezclaba con el aliento de los dos. Dani tenía el brazo apoyado en el borde, la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados. Su polla flotaba semi-dura bajo el agua, porque el cuerpo de Álex estaba pegado al suyo desde hacía veinte minutos y la biología no entiende de “vamos a relajarnos un rato”.
Álex, por su parte, estaba sentado a horcajadas sobre los muslos de Dani, de espaldas a él, como si el jacuzzi fuera un trono y él el rey sarcástico del mismo.
—Tres años —dijo Álex, moviendo las caderas con una lentitud deliberada que hacía que el agua se arremolinara—. Tres años de noviazgo oficial y seguimos follando como si tuviéramos que devolver el local antes de que cierren. ¿No se supone que a estas alturas deberíamos estar en la fase de “sexo rutinario los martes y jueves”?
Dani abrió un ojo.
—Habla por ti. Yo sigo teniendo erecciones de adolescente cada vez que te agachas a recoger algo. Es un problema médico. Debería consultar.
—Consulta con mi culo. Está abierto a segunda opinión.
Álex se levantó un poco, guió la polla de Dani con una mano y se la volvió a meter despacio. El agua caliente hacía que todo resbalara de una forma obscena. Entró hasta el fondo, soltó un suspiro exagerado y se dejó caer hacia atrás, apoyando la cabeza en el hombro de Dani.
—Mira qué romántico —murmuró—. Nieve, vapor, mi novio dentro de mí… y yo pensando en que mañana hay que bajar a comprar pan porque se nos ha acabado el café. La vida adulta es una estafa.
Dani le mordió el lóbulo de la oreja.
—Cállate y muévete. O te muevo yo.
—Amenazas vacías. Llevas tres años amenazándome y al final siempre acabo yo encima, debajo o a cuatro patas. Tienes un patrón, Daniel. Un patrón muy predecible y muy de mi agrado.
Álex empezó a moverse de verdad. Subía y bajaba con un ritmo lento, haciendo que el agua salpicara fuera del jacuzzi. Cada vez que bajaba del todo, la polla de Dani le golpeaba ese punto que le hacía perder momentáneamente el hilo de los chistes. Dani le agarró las caderas con las dos manos y empezó a empujar hacia arriba, encontrándose con él a mitad de camino.
El contraste era brutal: el aire gélido de la montaña en la cara y el cuello, el agua a cuarenta grados envolviéndoles la cintura para abajo, y dentro, el calor denso y apretado del cuerpo del otro. La nieve caía sobre sus hombros y se derretía al instante.
—Joder… —gruñó Dani cuando Álex apretó los músculos internos a propósito—. Eso es trampa.
—Todo es trampa. El matrimonio es una trampa. El capitalismo es una trampa. Mi culo es una trampa especialmente bien diseñada. Acéptalo.
Se rieron los dos, el sonido ahogado por el burbujeo del jacuzzi. Luego Dani se cansó de la posición. Se levantó con Álex todavía ensartado, lo giró y lo puso de espaldas contra el borde de madera. El cambio de ángulo hizo que Álex soltara un gemido mucho menos elegante.
Dani empezó a follarlo en serio. Embestidas profundas, constantes, el agua salpicando con cada golpe de cadera. Álex se agarraba al borde con las dos manos, la cabeza echada hacia atrás, la boca abierta. La nieve le caía en la cara y él la sacudía con un movimiento de cabeza que resultaba ridículamente erótico.
—Más… ahí… no, un poco más a la izquierda… ¡ahí, cabrón, ahí!
—Instrucciones de GPS en plena follada. Eres insoportable.
—Y tú me tienes el culo lleno y todavía te quejas. Prioridades, amor.
Dani le tapó la boca con una mano, no para callarlo del todo, sino para sentir cómo gemía contra la palma. Con la otra mano le masturbó la polla al mismo ritmo de las embestidas. El agua caliente hacía que el deslizamiento fuera perfecto. Álex se corrió primero, con el cuerpo tensándose y un gemido largo que se perdió en el vapor. El semen salió blanco y espeso, flotando un segundo en la superficie antes de diluirse.
Las contracciones de su culo fueron suficientes para llevar a Dani al límite. Se enterró hasta las bolas, se quedó quieto y se vació dentro de él con un gruñido bajo, casi animal. Se quedaron así, unidos, respirando agitados, mientras la nieve seguía cayendo como si nada hubiera pasado.
Álex fue el primero en hablar, todavía con la voz ronca.
—Nota mental: el sexo en jacuzzi con nieve es excelente… hasta que tienes que salir. Porque ahora mismo mis piernas son gelatina y el camino hasta la casa parece la retirada de Rusia.
—Te cargo.
—Me cargas y mañana me duelen las lumbares. Ya conocemos el procedimiento.
Dani se rio, se separó con cuidado y ayudó a Álex a salir del agua. Los dos estaban rojos, brillantes de vapor y con las pollas todavía semiduras, colgando pesadas. Corrieron los pocos metros hasta la puerta del chalet, desnudos, pisando nieve con los pies que se quejaban en silencio. Dentro, la calefacción por fin había hecho su trabajo. El aire olía a madera y a sexo diluido.
No llegaron a la ducha. Ni siquiera al dormitorio. Álex empujó a Dani contra la pared del recibidor y se dejó caer de rodillas. Le tomó la polla en la boca todavía manchada de agua y de su propio semen. La chupó con ganas, sin elegancia, solo con hambre. Dani se pasó los dedos por el pelo mojado de Álex y dejó que la cabeza le cayera hacia atrás contra la pared.
—Tres años y sigues chupándomela como si tuvieras que demostrar algo —murmuró.
Álex se separó solo lo suficiente para hablar, un hilo de saliva uniendo sus labios a la cabeza de la polla.
—Tengo que demostrar que todavía me merezco el puesto. Hay mucha competencia ahí fuera. Pollas más jóvenes, más firmes, con menos tendencia a quedarse dormidas viendo documentales de ballenas.
—Las ballenas son fascinantes.
—Las ballenas no te follan el culo los viernes por la noche. Yo sí. Prioridades otra vez.
Volvió a la carga. Esta vez más profundo, hasta que la nariz le rozó el vello púbico. Dani soltó un sonido gutural y empujó un poco con las caderas. Álex se lo tomó todo, ojos entrecerrados, una mano masturbando lo que no le cabía en la boca.
Cuando Dani estuvo otra vez completamente duro, Álex se levantó, se giró y se apoyó con las manos en la consola del recibidor.
—Ahora tú. Quiero sentirte y quiero que sea ya.
Dani no necesitaba más invitación. Escupió en su mano, se untó y entró de un solo empuje. El gemido que soltó Álex fue puro y sin filtros. Empezaron a follar de pie, brusco, el sonido de la piel contra la piel llenando el chalet. Cada embestida hacía que Álex se inclinara un poco más hacia adelante. Dani le agarró del pelo, tiró hacia atrás y le habló al oído:
—Sigue siendo el mismo culo de hace tres años. Igual de puta. Igual de mío.
—Qué poesía. Deberías escribir tarjetas de San Valentín.
—Cállate.
—Hazme callar tú.
Dani le metió dos dedos en la boca. Álex los chupó con la misma dedicación con la que había chupado la polla minutos antes. El ritmo se volvió más salvaje. El recibidor olía a sexo, a nieve derretida y a madera caliente. Cuando Dani sintió que se acercaba otra vez, se retiró, giró a Álex y lo levantó. Las piernas de Álex rodearon su cintura por reflejo. Dani lo cargó hasta el sofá del salón y lo tumbó de espaldas.
Allí el sexo se volvió más lento, más profundo. Dani se la metió otra vez y empezó a moverse con embestidas largas, mirándolo a los ojos. Álex le acarició la cara, le pasó el pulgar por el labio inferior y sonrió con esa mezcla de cariño y maldad que solo él sabía hacer.
—Te quiero, idiota —dijo de pronto.
Dani se detuvo un segundo, todavía dentro.
—Vaya. Declaraciones de amor en plena follada. Qué clásico.
—Cállate y córrete dentro. Quiero sentirlo.
Dani obedeció. Aceleró, buscó el ángulo exacto y se vació otra vez, profundo, mientras Álex se masturbaba a sí mismo y se corría entre los dos cuerpos, el semen caliente salpicando sus abdómenes.
Se quedaron tumbados en el sofá, enredados, sudorosos, con el semen enfriándose entre ellos y la nieve cayendo fuera de los ventanales.
Álex fue el primero en romper el silencio, como siempre.
—Nota de los tres años: seguimos siendo unos cerdos. Seguimos riéndonos en los momentos menos apropiados. Y seguimos follando como si tuviéramos que demostrar que el contrato sigue vigente.
Dani le besó la sien.
—El contrato está más que vigente. Renovación automática. Con cláusula de sexo en cualquier superficie disponible.
—Incluido el jacuzzi helado a las siete de la mañana si se me antoja.
—Incluido eso. Aunque me queje.
Álex sonrió contra su pecho.
—Perfecto. Porque mañana, cuando el sol salga y la nieve brille como en las postales, te voy a sentar en el borde de ese jacuzzi y te voy a chupar la polla hasta que se te olvide cómo se llama el pueblo más cercano.
Dani soltó una risa baja.
—Trato. Pero primero… ducha. Huele a sexo y a cloro de jacuzzi. No es la mejor combinación del mundo.
—Romántico hasta la médula, como siempre.
Se levantaron. Caminaron hacia el baño desnudos, dejando un rastro de huellas mojadas sobre la madera. Afuera seguía nevando. Adentro, el agua de la ducha empezó a correr y, con ella, las manos volvieron a buscarse.
Porque tres años después, la única cosa que no había cambiado era esta:
mientras uno de los dos tuviera aliento para hacer un chiste y el otro tuviera ganas de callárselo con la boca, el sexo —y todo lo demás— seguiría siendo exactamente igual de desastroso, igual de divertido e igual de necesario.
Y el Pirineo, testigo silencioso y blanco, no dijo ni una palabra.
Solo siguió nevando.
29.10.26
ReLaTo. cOmIeZoS, parte 2
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