Oye Dani podríamos ir este sábado
hacer una ruta de senderismo como en los viejos tiempos.
Me lo quede
mirando y le dije:
Camino a
casa me fui dándole vueltas. Hacía como ocho años que no íbamos
de senderismo. También es verdad que habían pasado muchas cosas,
pero...
Andrés y yo
nos conocemos desde los 14 años. El vino al pueblo con su madre a
mitad de curso y entro en mi clase. No me preguntéis por qué, pero
me acerque a él en el recreo y hasta hoy.
Los años
siguientes fuimos un poco balas perdidas. Íbamos entre el instituto,
el alcohol, el tabaco y mucha fiesta. Solo queríamos fiesta,
divertirnos, lo normal a esa edad. Dentro de tanta hormona disparada
nuestra cabeza estaba bien asentada y terminamos los estudios con
buena nota. Ninguno teníamos claro que estudiar y una carrera nos
parecía un mundo. Siempre habíamos estado trasteando en el garaje
de mi padre con aparatos eléctricos y nos moló la idea de hacer un
módulo de electricidad. Eso hicimos.
Con 18 ya
teníamos el ciclo medio y comenzamos a trabajar en una tienda que se
dedicaba a reparar electrodomésticos, aparatos de música, etc.
Nuestro
grupo de amigos era bastante variado y uno de ellos un día nos
comentó para ir de senderismo y como no decíamos a nada que no, nos
apuntamos. Nos moló tanto que hasta nos comenzamos a ir él y yo
solos.
Con 20
conocimos a nuestras esposas, nos casamos y un año más tarde
tuvimos yo un niño y él una niña. Con 23 el dueño de la tienda se
jubilaba y nos la traspasó. Cambiamos algunas cosas para mejorar y
emprendimos como dueños.
Trabajar
juntos se había convertido en algo cómodo, nos llevábamos bien,
nos hablábamos bien e incluso sabíamos lo que pensaba el otro. De
los siete días de la semana no había ni un día que no nos
viéramos, ya fuera por trabajo, por los niños, nuestras mujeres.
Nos encantaba estar juntos y que me propusiera hacer algo a solas
como solíamos hacer hace tanto tiempo me removió cosas que creí
tener bien guardadas.
Sábado
Deje a Luca
con mis padres y me fui a buscar a Andrés. Salió de su casa
sonriente y se montó.
No me
lo creo.
¿El
que?
Tú y
yo solos.
Trabajamos
juntos por si no lo recuerdas.
Ya,
pero no es lo mismo. El campo, el aire puro, charlar, caminar,
comer.
Seguro
que ya estás pensando en el bocata.
Ufffff
como lo sabes.
¿De
qué es?
Tortilla
de patatas y sobrasada.
Toma
ya, ¿me darás un poco?
Un poco
nada, te traje medio para ti.
Y yo a
ti medio de jamón y tomate, ja, ja, ja.
Ja, ja,
ja.
Nos miramos
y continuamos riéndonos.
Llegamos y
comenzamos andar colina abajo, colina arriba. El sol se escondía
entre unas nubes y era de agradecer. Páramos unas cuantas veces a
beber y a mear y continuamos. Llevábamos como tres horas de caminata
y mirándonos buscamos con la mirada un buen sitio para tirarnos.
Tiramos la manta sobre una zona con césped y sacamos las cosas.
Búa
que hambre tenía.
Y yo,
¿cómo está?
De
muerte.
¿Verdad?
Buena
mezcla sí.
Comimos y
charlamos tranquilamente. Terminamos y nos quitamos el calzado, los
calcetines y la camiseta. Nos pusimos cómodos y nos tumbamos.
Estábamos mirando a la nada cuando Andrés removió cosas.
¿Te
acuerdas cuando veníamos tú y yo por aquí?
Claro
que me acuerdo.
Parece
que fue hace mil años.
Unos
ocho creo.
Llevas
las cuentas o que, ja, ja, ja.
No
tonto solo que me acuerdo y ya esta.
Oye que
no pasa nada.
Sé que
no pasa nada.
Valeee…
También solíamos pajearnos, ja, ja, ja.
Es
verdad.
Me
acuerdo la primera paja contigo. Que tendríamos quince o dieciséis
años. Madre mía, no sé por qué me he puesto a recordar eso la
verdad.
Fue en
los aseos del instituto.
¡Ostras!
Me
fuiste a buscar porque tardaba y entraste sin más. Casi te doy una
ostia, pero cuando me dijiste que entraste porque estabas preocupado
lo entendí.
Joder
que memoria.
Te
conté que estaba muy empalmado y tú con toda tu naturalidad me
dijiste que eso con una paja se solucionaba. Te la sacaste y
comenzaste a cascártela delante de mí. Me la saque y terminamos
los dos eyaculando sobre la taza cerrada.
Madre
mía es verdad. Recuerdo que me contaste que era la primera vez que
lo hacías delante de alguien. Eso me conmovió.
Era muy
chulo, pero también muy vergonzoso, ya lo sabes.
Aún lo
eres.
No
tanto.
* Me encanta eso de ti.
Y después
de contarnos esto y apoyados sobre un brazo la otra mano comenzó a
tocarse el rabo por fuera del pantalón.
Cerré los
ojos y continué sobándomela, los abrí un poco y mirándole también
se la estaba sobando.
Echo de
menos muchas cosas, pero lo que más me molaba era la complicidad
contigo y el estar desnudo delante de ti y sentirme tal y como soy.
Y yo,
aunque supongo que es lo que tiene madurar.
Ya, que
mierda.
Y lo de
desnudarte sigue sin darte apuro.
Si soy
un poco exhibicionista.
Levante el
culo y me quite los pantalones y el slip dejándolos a un lado.
Me siguió y
en menos de medio minuto estábamos los dos desnudos.
Para
haber pasado tiempo seguimos teniendo buenos rabos.
Ja, ja,
ja, los mismos, bobo.
De
cuerpo sigues igual.
Bueno
me cuido ya sabes y tu igual aunque con un poco de pancheta.
Estire el
brazo y la pase por su tripa, la pase con todo detalle mientras su
rabo me rozaba.
Y lo
que me está costando, déjala que esta muy bien.
Lo sé,
si tú estás bien eso es lo importante.
Me agarré
el rabo y comencé a pajearme mientras miraba las hojas de los
árboles moverse. Andrés se sobaba los huevos y se acariciaba bajo
de ellos.
Seguimos
los mismos patrones, ja, ja, ja.
¿Cómo?
Cuando
nos masturbábamos antes tú siempre te acariciabas los huevos y la
ingle, yo en cambio me gusta jugar con el prepucio y ya me la
agarro.
No lo
había pensado nunca. Sabes, es hipnótico ver pajearse a otro tío.
¿Te
mola mirarme?
Sí,
creo que siempre me molo.
No
tenía idea.
Me
fijaba en como te la agarrabas y en como te chupabas los dedos con
saliva para mojarte el glande.
A mí
me molaba también verte.
¿De
verdad?
Sí. Me
gustaba ver tus largas piernas y fuertes, tus pies y esos huevos tan
peludos y gordos. El pelo de tu pubis me parece bello.
Volví la
mirada hacia arriba y continué pajeandome.
Durante un
rato ninguno hablo, únicamente se escuchaba el sonido del viento y
el plof plof de nuestros rabos en la mano.
Andrés se
paró y me dejo frío.
Se sentó
apoyado en el árbol con las piernas cruzadas y bajo la cabeza. Me
levante y me senté enfrente de él con las piernas abiertas, note
como mis huevos tocaban los dedos de uno de sus pies.
Me lo dijo a
la cara y una vez termino la pregunta subió la mirada.
Le solté
tajante.
Su mirada se
volvió roja y le comenzaron a caer lágrimas. Separo las piernas y
me metí entre ellas para abrazarlo.
Nos
abrazábamos continuamente, incluso más de uno se metía con
nosotros por eso, pero nos daba igual.
Esta vez era
diferente y no solo por estar desnudos y empalmados, sino porque
habíamos soltado cosas que llevábamos dentro y que nunca creímos
que sacaríamos.
Continuamos
abrazándonos, nuestras manos recorrían la espalda del otro y se la
acariciaba. Andrés apoyo su cabeza en mi hombro. Tras
soltarlo todo me beso en el cuello. Todo el vello de mi cuerpo se
erizó y los huevos comenzaron a ponérseme a mil.
Seguimos un
buen rato en esa postura, nuestros rabos duros se acariciaban
también. Nuestras manos eran cómplices de nuestros pensamientos. Le
bese el cuello y con una mano le agarre de la barbilla y mirándolo a
los ojos le bese en los labios. Andrés lo recibió y seguidamente
abrió la boca. Nuestras lenguas se encontraron y ya no podíamos
parar. El rabo del otro golpeaba al del otro. Nos separamos un poco
sin dejar de besarnos y buscando el rabo del otro lo agarramos con
fuerza.
Era la
primera vez que agarraba el pene de otro tío además la de Andrés
que era grandota y gorda. Nuestros labios se separaron por un segundo
para escupir sobre su rabo y continuamos comiéndonos la boca. Los
dos éramos de barba de dos semanas y daba gusto sentir su roce
contra mis labios. Nuestras manos ansiosas acariciaban todo a su
alcance, no solo pajear, sino pasar la mano por su vello púbico,
tocarle bien los huevos, acariciar su ingle, bajarle el prepucio y
rozar su glande.
Estábamos a
mil no podíamos parar de besarnos y de rozarnos. Juntamos nuestros
rabos y soltando la suya él agarró ambos y comenzó a pajearnos.
Nos soltamos los labios para dejar caer la cabeza sobre el hombro del
otro y comenzar a gemir como condenados. Le busqué el cuello y se lo
comí. El busco el mío y llegando a mi oreja me la comió. Su pene
contra el mío era maravilloso. De vez en cuando soltábamos saliva y
ya era un no parar de gemir. Levante la cabeza y busque sus pezones,
como tenía las dos manos libres agarre con una mano uno y comencé a
tirar de ellos con delicadeza.
Le besé con
ansia y continué acariciándole los pezones.
Ninguno de
los dos tenía intención de correrse. Ya de jóvenes alargábamos
las pajas. No sé por qué, pero aguantábamos un montón.
Le solté
los pezones y besándolo de nuevo en los labios me fui separando un
poco y fui bajando por su cuello. Soltó nuestros rabos y se echó
para atrás apoyándose en el árbol. Pase mi lengua por sus pezones
que ahora estaban rojos y los lamí.
Baje hasta
su barriga y se la acaricie con ambas manos. Le bese el ombligo y con
la lengua baje hasta su vello púbico, metí los dedos entre él y
disfrute de sentirlo por primera vez. Mi boca se abrió para recibir
el pedazo rabo que tenía delante. Estaba medio descapullado y
babeando. Me la metí en la boca y tras sacar los dedos de su pelo
púbico se la agarré con las dos manos y me puse a lamerle el
frenillo. Con las dos manos si y aún me sobraba un poco. Lleve una
mano a sus huevos y con la otra comencé a masturbarlo mientras con
la boca le comía la punta del rabo. Poco a poco fui metiéndomela
más y más, pero era imposible meterse semejante rabo y sobre todo
sin práctica aun.
Me la saque
de la boca y sentí su mano agarrándome la barbilla y haciéndome
mirarlo.
Se rio y
acercándose a mí me beso. Me agarro por los sobacos y me coloco
encima de él. Me senté sobre su tripa y notaba como su rabo rozaba
mi raja del culo.
Me beso y me
levanté para tumbarme. Andrés se levantó y se colocó a cuatro
patas encima de mí al revés. Después paso su lengua desde mi
ombligo hasta mis rodillas y volviendo atrás se metió mi rabo de
golpe en la boca. Yo tampoco voy sin rabo la verdad, pero no es el de
Andrés soy consciente. Mi rabo entraba y salía de su boca entre
saliva y jadeos. Yo estire los brazos hacia su culo y se lo acaricie.
Le abrí las nalgas y disfrute de las vistas de su ano. Me chupe un
dedo y lo lleve directo a él. Sacándose mi rabo de la boca se giró
y mirándome sonrió. El continuo haciéndome la mejor mamada hasta
el momento y yo continué pasando mis manos por el pelo de su culo y
acariciando su ano. Tiene un ano bien oscuro, como sus huevos, muy
peludo alrededor pero perfecto para mis ojos. Me chupé el dedo gordo
mientras notaba como se metía mis huevos en la boca. Gimió de gusto
y le metí el dedo de golpe. Soltó mis huevos y se metió mi rabo
mientras yo le follaba el culo con mi dedo gordo.
Tras
metérselo y notar que se secaba me lo volvía a meter en la boca
para llenarlo de saliva pero no sin antes olerlo.
Tras dejarme
todo el rabo y sentir como la saliva bajaba por mis ingles Andrés se
colocó en cuclillas y agarrándome de las piernas me las llevo para
atrás. Me agarré de los tobillos cuando sentí su lengua en mi ano
y su culo pegado a mi cara. Tenía las manos ocupadas agarrándome
los tobillos pero la boca bien libre. Pase la lengua por su ano y me
deleite oliéndolo y saboreándolo. Andrés con sus dos manos me
acariciaba y me trabajaba el culo. No me metió ningún dedo hasta
bastante rato después de comérselo bien. Continuaba sintiendo la
saliva recorrer mi espalda, no sabía que Andrés fuera tan baboso, y
pensar en eso me puso aún más cerdo.
Sentí un
dedo entrar dentro de mí y le mordí con cariño un cachete del
culo. Tras un rato el dedo entraba solo y hasta noté entrar dos
dedos. Ahora le estaba comiendo los huevos, que como su rabo era
imposible meterse ambos en la boca. Andrés paro y levantándose se
dio la vuelta y se tumbó sobre mí.
Me
acariciaba la cara y me besaba por todos lados. Lo recibía con
cariño y con la misma ilusión que él.
Me estaba
comiendo el cuello y dándome besos.
Se puso a mi
lado y continuo besándome la cara.
Lo siento.
Me puse de
lado y amarrándolo con brazos y piernas le besé. Le besé con
pasión, con furia, con deseo. Nos deseábamos tanto el uno al otro
que estábamos desatados.
Me sonrió y
besándome me acaricio con sus grandes manos.
Me coloque a
cuatro patas y tras sentir como con el rabo golpeaba la entrada note
una presión que creí que me fueran a partir en dos. Respire hondo e
intente relajarme, pero el dolor era superior a todo eso. Andrés
sacó lo poco que metió y bajando hacia mi culo me lo acaricio con
la lengua y me lo beso como mil millones de veces.
¿Estás
bien?
Si,
pero no podía… era…
Tranquilo
no pasa nada, no hay que hacerlo todo hoy.
Ya.
Tenemos toda la vida.
¿Te
gustaría?
¿El
que?
Tener
esto toda la vida.
Si,
pero ya sabes que tenemos…
No me dejo
seguir, pego sus labios a los míos y me hizo desconectar de nuevo.
Se metió
entre mis piernas y agarrándome el rabo me miro y me lo lamió.
Sonreí avergonzado y a la vez mega excitado. Bajo hasta mis huevos
sin dejar de mirarme y sentí que se me salía el corazón. Me la
comió y como ya había sentido antes me lleno de saliva. Se levantó
y poniéndose sobre mí en modo sentadillas coloco una mano tras mi
espalda y con la otra agarro mi pene y lo coloco en la entrada de su
ano. Se echó más saliva en la mano y tras untárselo bien me la
volvió agarrar y se dejó caer sobre ella.
Antes de
decir nada ya sentí su culo apoyado en mi pubis. Me miro y sonrió.
Me beso y
sin dejar de besarme fue subiendo y bajando. Notar como mi rabo
entraba y salía de su culo fue algo de lo que uno nunca se olvida.
Su boca no se separaba de la mía igual que mi culo de su rabo. En
sincronización iba metiéndosela y besándolo.
Andrés…
Dani…
Te
quiero tanto… Ahhhh
Y yo a
ti Dani, ahhhh
Se separó
de mis labios y echándose para atrás coloco ambas manos en el suelo
y continuo follándome. Le agarré el rabo y comencé a pajearlo al
ritmo que él me iba montando.
Note como
nuestros cuerpos se comprimían y Andrés comenzó a soltar lefa como
si fuera una fuente. Sin parar de pajearlo y viéndole la cara de
gusto me corrí dentro del mientras él seguía y no paraba de
sentirme dentro. Con su rabo en las manos llenas de lefa continué
pajeandolo entre gemidos y convulsiones.
Nos besamos
y recorrió mi cara con sus manos. Aún estaba dentro de él, no
quería salir nunca.
Me
quedaría aquí siempre.
Y yo.
Tienes
lefa hasta en el pelo, ja, ja, ja.
Es que
eres… ¿Cómo te llamaba cuando nos pajeábamos?
Lechero,
ja, ja, ja
Eso
eres un lechero.
Y
encima llevaba sin correrme como días y sintiéndote así y después
de esto y aquello, Ufffff solo de pensarlo y seguir sintiéndote
dentro no puedo parar de sonreír.
Ja, ja,
ja, ni yo.
Nos besamos
y terminamos abrazados hasta que notamos como mi rabo salía de él.
Y así
unidos nos quedamos un buen rato. Andrés se levantó y tumbándonos
uno frente al otro cerramos los ojos y nos dejamos llevar por el
agotamiento.
Nos
despertamos al rato.
Hola.
Hola.
¿Me
mirabas?
Sí.
Me da
vergüenza.
A ti,
ja, ja, ja.
Se abalanzó
sobre mí y terminamos de nuevo enrollándonos sobre la manta y
empalmadísimos.
Me
gusto comerte el culo.— le dije.
Y a mí.
¿Qué
te lo comiera?
También,
pero comértelo. El mío es peludo, pero el tuyo es sin casi pelos,
me ha molado mucho. Ahora que me lo recuerdas te lo voy a volver a
comer.
Entre risas
me busco el culo y abriéndome las piernas metió su boca en mi ano y
me lo comió mientras yo me masturbaba. Sin dejar de comérmelo me
fue metiendo varios dedos hasta que ya literalmente me estaba
follando con ellos. Sus dedos entraban y salían de mí y su lengua
me lamía los huevos. Sin parar de pajearme me comencé a correr y él
buscando con la boca sin dejar de penetrarme se la metió en la boca
mientras yo continuaba soltando lefa. Sin sacar los dedos me la
agarro con la otra mano y me hizo una mamada tras corrida que “dios
mío”. Saco los dedos de mí y llevándoselos a la nariz los olio.
Se colocó
sobre mí sin aplastarme y me beso.
Se puso de
pie frente a mí y sujetándole la cara con ambas manos lo besé.
Todo lo
que te he dicho hoy es cierto. Te quiero.
Y todo
lo que dije yo también Dani. Te quiero.
Vamos
despacio para intentar hacer el menor daño posible.
Eso va
a ser difícil y lo sabes.
No sé
de qué manera plantearlo sin que nadie salga perjudicado.
Solo
hay una.
¿Cuál?
Siendo
sinceros.
Lo abracé
llorando y el también lloro hasta que nos desahogamos y entre besos
nos juramos ser fuertes.
Bajamos
hacia el coche y antes de montarnos nos volvimos abrazar y a comernos
la boca.
Estoy
de nuevo empalmadísimo.
Ya lo
siento.
Parecemos
dos adolescentes, ja, ja, ja.
Un poco
lo somos.
¿Por?
Estamos haciendo lo que nos hubiera
gustado hacer hace años, por eso creo.
Le dejé en
su casa y fui a por Luca que me recibió con su actitud de siempre,
alegría pura. Ese abrazo que me dio nada más verme me consoló más
de lo que nunca él se pensaría. Hasta se soltó de mí diciéndome
que estaba muy empalagoso, a lo que yo le conteste que ya sabe que lo
soy y corrí tras él.
Me acosté
tras una cena en familia y tras ese beso de buenas noches con mi
mujer no pude cerrar los ojos. Tenía ganas de llorar de salir de
allí corriendo, de llamar Andrés y de pedirle que me abrazara
fuerte. Pero no, trague saliva y me concentre en recordar el día.
Tarde en dormirme, pero lo hice por puro aburrimiento.
Domingo.
Mire el
móvil y aún eran las 9 de la mañana, mi mujer descansaba
plácidamente y de fondo el niño escuchaba la tele. Entre en
WhatsApp y leí el mensaje de Andrés de hacia una media hora.
*Buenos
días. Voy a hablar con Rocío hoy. ¿Qué te parece?
Medite unos
minutos y tras mirar la cama con ella descansando le conteste.
*Buenos
días. Bien yo también voy a hacerlo. Te quiero.
*Te quiero.
Te escribo en un rato.
ANDRÉS
Vaya
cara tienes cariño, parece que no hayas dormido nada.— me dijo
Rocío.
Así ha
sido.
Buenos
días.— me dijo mientras se acercaba a besarme.
Buenos
días.
Acuéstate
hasta las dos no tenemos que irnos.
Es
verdad la comida. No deja.
¿Un
café?
Doble.
Tras
desayunar en familia me duché. Mi mujer estaba con cosas de la casa
y la niña se había ido a casa de una amiga de la casa de al lado.
Nos sentamos
y poniéndome frente a ella lo solté.
Se levantó
y mirándome muy de cerca me dijo.
¿Estás
de coña?
No.
Daniel,
Dani, tu amigo, tu socio, tú…
Si ese
Daniel.
Pero…
¿Desde cuándo sois gais?
Ni idea
si te soy sincero.
¿Y
desde cuándo estáis juntos?
Desde
ayer.
¡Desde
ayer¡No entiendo nada, ayer que estuvisteis juntos, ¿os habéis
enamorado?
Sí.
Andrés…
necesito que me expliques que pasa porque me está dando…
Rocío
siéntate por favor.
¡No me
quiero sentar!
Vale.
Como ya sabes Daniel y yo nos conocemos desde hace mucho. Él y yo,
tú lo sabes, desde que nos conocimos somos inseparables. Algo
ocurrió ayer que no sabíamos o que no quisimos mostrar hace años,
que nos hizo darnos cuenta de que nos queremos.
¿Y yo?
Te
quiero, pero…
¿Tu
hija?
Con
ella no cambia nada.
Ya…
solo que ya no me quieres y quieres a Daniel, solo eso.
Rocío
si hubiera sabido como hacerlo sin lastimarte de verdad que lo
hubiera hecho, de verdad…
Las lágrimas
se me caían de los ojos como puños. Rocío de verme llorar aunque
estaba roja de ira comenzó a llorar y sin acercarse a mí se sentó
y abrazándose por las rodillas continuo llorando.
Lloramos y
me continuó preguntando y yo le contesté lo que sentía.
Si me
enamore de ti, eso no cambia nada.
¿Si
ayer no te hubieras ido con Daniel?
Pues
tal vez no estaríamos ahora así, o tal vez sí. No lo sé.
Sonó la
puerta y fui abrir. La niña entró como una kamikaze hacia su madre
y se tiró sobre ella.
Rocío no
pudo dejar de llorar y la niña preocupada de verla así rompió a
llorar. Terminamos los tres llorando.
Se fue.
Recogeré
varias cosas y me quedaré en casa de mis padres. Necesito no verte
y dejar de pensar.
Lo
entiendo.
¿Andrés?
Sí.
Tengo
ganas de pegarte.
Hazlo.
Deja de
ser tan bueno, me pone de muy mala ostia.
Me voy
Rocío. Recoge y cuando estés preparada hablamos.
Quería
abrazarla, pero su mirada me lo dijo todo. Busque una maleta y
metiendo unas cosas que pille sueltas me fui. La niña se despidió
de mí y me dijo al oído.
Te
quiero papa.
Y yo a
ti.
Cogí el
coche y salí del pueblo. Aparque cerca de donde no pasaba nadie y
salí a llorar y gritar.
DANIEL
Tras el
mensaje bajé a darle un beso a Luca y a desayunar con él. Prepare
unas tostadas, zumo y galletas oreo. El niño le encantaba el domingo
porque podíamos gaurrear en el sofá y estar tirados, ya fuera
viendo algo, haciéndonos cosquillas o viendo mierdas por el móvil.
No sé que
hora seria y bajo Sandra.
Casi ni me
salía la voz. Desayuno de pie mirando la televisión y se puso a
fregar y a recoger. Me levante y la ayude. Luca se iba con el abuelo
y luego íbamos nosotros a comer a su casa. Mi padre no tardó, solía
ser hiperpuntual, yo no. Sandra estaba arriba y subí.
Hola.
¿Podemos
hablar?
Claro
dime.
Mes ente en
el borde de la cama y ella se sentó enfrente mío.
Zasca en
toda la cara¡¡¡!
¿Qué?
Que me
he enamorado de Andrés…
Si te
oí la primera vez… Peroo… Quiere… Andrés, Andrés nuestro
Andrés…
Sí.
Pero,
¿cómo?
Ayer
tras el paseo nos liamos y descubrimos que estábamos enamorados
desde hacía tiempo, pero ninguno fue capaz de expresarlo, hasta
ayer.
No me
jodas Dani, no me jodas…
Lo
siento de verdad…
Que os
liasteis y os molo. Ahora estáis enamorados. ¿Y yo y Luca?
Os
quiero, pero debo ser franco conmigo y con vosotros.
Claro
franco, franquisimo…
Podía
habértelo ocultado y llevar otra vida, además paso ayer, no hace
meses ni años. Tú me conoces, soy incapaz de mentirte. Y también
sabes que no somos felices, al menos yo.
Vale,
no eres feliz y por eso buscaste en los brazos de Andrés consuelo,
ya.
No para
nada. No busque esto, ni siquiera sabia que lo sentía.
Dani
vete por favor.
Recojo
algo y me voy sí.
No dijimos
nada más. No hacía falta. Recogí unas cuantas cosas que mete de
aquella manera en una maleta y me metí en el coche. Arranque con
furia y saliendo del pueblo vi el coche de Andrés y a el de rodillas
con la cabeza metida entre las piernas. Frene en seco y corriendo fui
a por él.
Me coloque
tras él y lo abrace. Sus lloros y los míos se unieron en una
desolación infinita. Nos levantamos y abrazándonos y besándonos
nos miramos y nos dijimos de nuevo lo que queríamos escuchar toda la
vida del otro.
Nuestros
besos sabían a lágrimas amargas mezcladas con la ilusión de algo
nuevo, de algo nuestro.
6 MESES
DESPUÉS
Salí de
trabajar y fui a por Luca y Ana. Andrés se quedó terminando unos
trabajos y llegaría más tarde. Las caras de las madres aún eran de
tristeza, me daban a los niños como si se los fuéramos a robar o
algo. Los niños en cambio me abrazaban y subían al coche sin
pensárselo y a veces incluso sin despedirse de sus madres. El
acuerdo era una semana cada uno. Conseguimos que los pudiéramos
tener la misma semana y era perfecto. Los recogíamos los lunes
después de clase de casa de sus madres y el lunes siguiente los
dejábamos en la escuela a primera hora. La semana que no los
teníamos era nuestra. También cambiamos cosas en la empresa e
incluso contratamos a un joven que nos ayudaba, cosa que nos hizo
respirar un poco y tener más tiempo para nosotros y la semana de los
niños aprovecharla al máximo.
Hola,
¿ya estáis en casa?.— me pregunto Andrés.
Si
acabamos de llegar, los niños han subido encopetados a sus cuartos,
ja, ja, ja.
Me
imagino, ja, ja, ja. ¿Ya vieron la sorpresa?
De fondo se
comenzaron a escuchar gritos de alegría.
Subí y me encontré a cada uno en su
cuarto mirando a todos lados.
Les habíamos
pintado la habitación de su color preferido y además de ponerles
unos pósteres de sus dibujos preferidos.
Me abrazaron
me tiraron al suelo y terminamos jugando entre los tres a un poco de
todo. Y entre tanto lanzaba fotos con el móvil con una cara de
gilipollas que era para verme.
Mis abuelos
tenían una casa que quedo abandonada cuando murieron y al no tener
hermanos y mis padres no querían saber nada conseguí que me la
dejaran. Era una casa antigua, fuera del pueblo. Tenía dos plantas y
un jardín enorme delante y detrás. Una piscina pequeña estaba a un
lado y una gran zona de árboles la rodeaba. Fueron meses de obras,
pero mereció la pena.
Se
preguntarán si todo está bien. Bueno, se nota tensión entre las
familias e incluso gente que no nos habla, sobre todo la familia de
nuestras exmujeres. Era de esperar, nosotros mantenemos nuestras
vidas y seguimos trabajando como siempre, incluso a veces pienso que
más.
La decisión
de hacer de esto algo nuestro no era que nos diera igual la opinión
de los demás, pero sí que teníamos claro que nuestra felicidad iba
ante todo. Nosotros estábamos dispuestos a dialogar y a escuchar.
Solo en tiempo pone todo en su lugar y así fue.
6 MESES MÁS
TARDE
Me desperté
y lo busqué con la mano entre las sabanas. No estaba. Me di la
vuelta y miré la hora. 10:07. Buena hora de domingo. Me levante y
tras mear y lavarme la cara me puse la bata y baje.
Andrés
estaba en el salón, que previamente había retirado todo, y se
encontraba desnudo sobre una manta rodeada de flores, comida y
bebida. La chimenea chisporroteaba y mis ojos comenzaron a inundarse
de la emoción. Se levantó y vino hacia mí.
Feliz
aniversario.— me susurro al oído.
Ufffff
que bobo, jajajá.— le decía mientras no podía parar de llorar.
El de verme
se emocionó y venga los dos a llorar. Tras desahogarnos y besarnos
me cogió la cara.
Me quite la
bata y junte mi cuerpo desnudo al suyo. Nuestros labios húmedos se
unieron igual que nuestros rabos duros y firmes. Llevándolo con
cuidado hacia atrás lo coloqué sobre el sofá y le hice tumbarse.
Le agarre de los pies que los tenía helados y se los bese mientras
no dejaba de mirarlo. Él se masturbaba mientras mi lengua pasaba por
cada uno de sus dedos.
Fui subiendo
y me quede en sus huevos. Primero uno y luego el otro. Él continuaba
masturbándose y jadeando más y más. Le dejé que siguiera y fui a
sus pezones. Se los mordí y un grito salió de su boca junto a un
primer chorro de lefa. Me miro y me dijo.
Entre
lo caliente que estoy y como me estás poniendo me rebosa, ja, ja,
ja.
Me
encanta cuando te rebosa.
Me lance a
su rabo y se la mame como sé que más le gusta. Mientras me di la
vuelta y dejándole mi culo todo para él comenzó a meterme un dedo
bien ensalivado. Sé que esa postura no le gusta para comerme el culo
porque luego le duele el cuello, pero solo quería que me dilatara,
aunque no me iba a hacer mucha falta.
Me saqué su
rabo de la boca y buscando su mirada.
Me miro con
cara de sí por favor y dándome la vuelta me coloqué en cuclillas
sobre él y me la metí de golpe, así sin anestesia. Grite como si
de un aullido se tratara. Menos mal que no había vecinos, si no
debían flipar con nosotros. Acercándome a la cara de Andrés lo
besé y comencé a cabalgarlo. Su expresión cambio y eso me
encantaba y me ponía mucho más cerdo. Sé que quería follarme pero
aún no. Quería tener el dominio un rato, un buen rato. Sentir como
con cada bajada de mi culo esa polla tan enorme entraba en mí y me
hacía ver más que estrellas, universos y galaxias. Volvía a subir
y bajar. Me eché hacia atrás y volví a chillar. Su rabo me daba en
toda la próstata y creí morir de placer. Andrés acarándome el
rabo ya más duro que una bisagra me lo meneo un poco y no tarde en
comenzar a soltar lefa por todas partes, mientras no podía dejar de
montarlo. Mire su cara de que estaba a punto y echándome hacia él
le deje que terminara follándome y llenándome el culo de su lefa.
Un buen rato
después yo aún seguía con su rabo dentro de mí. Nuestras pieles
unidas por nuestras lefas y nuestras lenguas sin parar de besarnos y
saborearnos.
Tengo
hambre.— le dije.
Y yo.
Ronroneamos
y levantándonos nos limpiamos un poco y nos tiramos sobre la manta.
FIN