24.5.26

DurAs











 

ReLaTo. MeOs y otras cosas guarras, 4ªparte.



Era un jueves por la noche, unas dos semanas después del fin de semana en el camping nudista. Alex había preparado una cena sencilla: pasta con salsa casera, ensalada y una botella de vino tinto que respiraba sobre la mesa. La luz era tenue, solo una lámpara de pie y algunas velas. Fuera llovía suavemente, creando un sonido constante y relajante contra los cristales.

Los dos estaban desnudos desde que llegaron. Era ya una costumbre cuando estaban solos. Marcos había llegado directamente del entrenamiento de waterpolo, se duchó con Alex y desde entonces no se habían puesto ni una prenda. Sus cuerpos aún conservaban ese bronceado ligero del fin de semana al aire libre.

Terminaron de cenar y se sentaron en el sofá grande de cuero negro, con las copas de vino en la mano. Las piernas de ambos se tocaban. La polla de Alex descansaba semierecta sobre su muslo, y la de Marcos, más gruesa, colgaba pesada entre sus piernas abiertas. Ninguno tenía prisa.

—Sabes… llevo días pensando en todo esto —dijo Alex de repente, mirando el vino en su copa—. No solo el sexo. Sino lo que está pasando entre nosotros.

Marcos giró la cabeza y lo miró con atención. Le puso una mano en la rodilla y la acarició suavemente.

—Dime. Quiero que seas sincero. Yo también lo estoy necesitando.

Alex respiró hondo.

—Siempre pensé que éramos solo amigos que se ponían cachondos. Pero después del callejón, de la noche aquí en casa, y especialmente del camping… me he dado cuenta de que me gustas de verdad. No solo tu polla, aunque joder, me encanta. Me gusta cómo me miras cuando me follas. Cómo me cuidas después. Cómo me dejas ser completamente sucio y al mismo tiempo… vulnerable.

Marcos sonrió con ternura y se acercó más, pasando un brazo por los hombros de Alex.

—Yo siento lo mismo. Al principio pensaba que era solo morbo. Mear juntos, follar como animales, corrernos en la cara del otro… Pero me he pillado pensando en ti todo el día. En cómo te corres cuando te lleno el culo. En cómo tragas mi pis mientras me miras a los ojos. Y también en cómo te ríes cuando estamos comiendo o viendo una serie. Me estás gustando mucho, Alex. Más de lo que esperaba.

Se quedaron mirándose en silencio unos segundos. Luego Alex se inclinó y lo besó. Fue un beso lento, profundo, sin la urgencia salvaje de otras veces. Sus lenguas se acariciaron con calma, saboreando el vino y el deseo. Cuando se separaron, ambos tenían la polla completamente dura.

—Quiero que esta noche sea diferente —susurró Alex—. Quiero que hablemos de todo mientras follamos. Quiero saber tus fantasías más sucias, las que no te atreves a decir en voz alta. Y quiero contarte las mías.

Marcos asintió y le agarró la polla con suavidad, masturbándolo con movimientos lentos y largos.

—Vale. Empiezo yo. Me vuelve loco mearte dentro mientras te follo. Sentir cómo mi pis caliente te llena el culo y sale alrededor de mi polla. También me pone mucho imaginar que te follo delante de más gente, pero que al final solo soy yo el que te llena de leche. Y… me encanta cuando me comes el culo después de haber sudado todo el día. El sabor fuerte, natural.

Alex gimió bajito mientras la mano de Marcos subía y bajaba por su verga larga, extendiendo el precum que ya chorreaba.

—Joder… A mí me excita que me trates como tu puta personal cuando estamos solos. Que me mees en la boca, que me folles la garganta hasta que babee entero, que me dejes el culo abierto y chorreando tu corrida y tu pis. Pero también me gusta cuando eres cariñoso. Como ahora. Quiero que me uses… pero que después me abraces.

Marcos apretó un poco más la polla de Alex y aceleró el movimiento.

—Entonces vamos a hacerlo todo esta noche. Sin prisa.

Se levantaron y fueron al dormitorio principal. Alex había preparado toallas grandes sobre la cama y en el suelo, y tenía lubricante y toallitas a mano. Se tumbaron de lado, uno frente al otro, y siguieron besándose mientras se pajeaban mutuamente con calma.

Alex bajó lentamente por el cuerpo de Marcos, besando su pecho, lamiendo sus pezones duros, bajando por los abdominales marcados hasta llegar a aquella polla gruesa y venosa que tanto le gustaba. La olió primero, disfrutando del olor limpio pero con ese toque masculino natural del día. Luego sacó la lengua y lamió desde los huevos pesados hasta la punta, saboreando el precum salado.

—Cuéntame más mientras te la chupo —pidió Alex antes de metérsela en la boca.

Marcos gimió y le puso una mano en la cabeza, sin empujar, solo acariciando.

—Me pone muchísimo verte arrodillado, con la cara llena de mi pis y mi leche… y que me mires con esos ojos de “quiero más”. También fantaseo con follarte sin condón durante días seguidos, llenarte tantas veces que tu culo siempre esté lubricado con mi semen.

Alex respondió tragándose la polla hasta el fondo. Su garganta se contrajo alrededor del glande grueso. Chupaba con devoción, moviendo la cabeza con ritmo lento pero profundo, haciendo ruidos húmedos y gargantosos. La saliva le caía por la barbilla y mojaba los huevos de Marcos. Mientras tanto, su propia polla palpitaba en el aire, soltando hilos transparentes.

Después de varios minutos, Marcos lo levantó y lo tumbó boca arriba. Le levantó las piernas y se las puso sobre los hombros. Su cara bajó directamente al ano de Alex. Lamió con lengua plana primero, largos lametones desde el perineo hasta los huevos. Luego clavó la punta de la lengua dentro, follándolo oralmente con hambre.

—Dios… qué rico estás —gruñó Marcos—. Quiero que me cuentes tus fantasías más oscuras ahora.

Alex jadeaba, agarrándose las piernas para abrirse más.

—Me encanta… ahh… imaginar que me atas y me usas durante horas. Que me mees en la boca hasta que me ahogue un poco y luego me folles mientras estoy lleno de tu pis. También quiero que me folles en público alguna vez, con riesgo de que nos pillen. Y… quiero que me llenes el culo y luego me hagas push-out para que salga todo tu semen mientras me miras.

Marcos escupió abundantemente sobre el ano y metió dos dedos gruesos, curvándolos para masajear la próstata. Alex se arqueó y soltó un gemido largo y ronco.

—Quiero todo eso contigo —dijo Marcos con la voz cargada de deseo—. Ahora voy a follarte.

Se colocó en posición y empujó. Su polla gruesa entró despacio, abriendo el ano de Alex. Cuando estuvo completamente enterrado, ambos soltaron un gemido profundo. Marcos empezó a moverse con embestidas largas y potentes: salía casi hasta el glande y volvía a clavarla hasta el fondo, haciendo chocar sus huevos contra las nalgas de Alex.

—Qué… joder, tu culo me succiona la polla —gruñó.

Follaron así durante mucho rato, mirándose a los ojos, hablando entre gemidos.

—Más fuerte… rómpeme —pedía Alex.

Marcos aceleró, follándolo con fuerza. El sonido de carne mojada contra carne llenaba la habitación. El sudor empezaba a correr por sus cuerpos. En un momento, Marcos ralentizó, todavía dentro, y miró a Alex.

—¿Quieres que te mee dentro ahora?

—Sí… por favor.

Marcos se concentró y soltó un chorro caliente y potente directamente en el interior de Alex. El pis llenaba su recto, creando una sensación de plenitud y calor abrumadora. Parte del líquido salía alrededor de la polla, chorreando por las nalgas y mojando las toallas. Marcos siguió follando mientras meaba, empujando el líquido más adentro con cada embestida.

—Hostia…se siente tan caliente… —gemía Alex, pajeándose rápido.

Cuando Marcos terminó de mear, sacó la polla lentamente. Un torrente de pis salió del ano abierto de Alex, salpicando todo. Marcos no esperó: volvió a meterla de golpe y siguió follando con más fuerza, usando el pis como lubricante extra.

—Quiero correrme dentro —anunció Marcos.

—Lléname. Quiero sentir cada chorro.

Marcos embistió como un animal durante un par de minutos más y finalmente rugió. Su polla palpitó violentamente dentro de Alex, soltando chorros espesos y calientes de semen bien profundo. Siguió empujando mientras se corría, metiendo hasta la última gota. Cuando salió, el ano de Alex quedó abierto, rojo e hinchado, chorreando una mezcla espesa de semen y pis.

Alex estaba al borde. Marcos se tumbó y se metió la polla de Alex en la boca, chupando con ganas mientras le metía dos dedos en el culo, follándolo con ellos. Alex solo aguantó unos segundos.

—Me corro… ¡joder!

Descargó en la garganta de Marcos, que tragó todo sin derramar una gota, gimiendo de placer al saborearlo.
Quedaron abrazados, sudados y pegajosos, recuperando el aliento. Se besaron con ternura, mezclando sabores.

—Te quiero dentro de nuevo —susurró Alex al cabo de un rato.

Se ducharon juntos, pero sin lavarse del todo. Solo se enjabonaron por encima y volvieron a la cama todavía húmedos. Esta vez Alex se puso encima. Se sentó lentamente sobre la polla todavía dura de Marcos, bajando hasta que sus nalgas tocaron sus huevos. Empezó a cabalgar despacio, girando las caderas, sintiendo cada vena y cada centímetro dentro de él.

Mientras cabalgaba, hablaron más.

—Me gusta cómo cambiamos —dijo Alex, subiendo y bajando—. A veces somos bestias, a veces hacemos el amor. Quiero que seamos las dos cosas.

Marcos le agarraba las nalgas, abriéndolas, y empujaba desde abajo.

—Yo quiero ser tu novio, Alex. No solo follar. Quiero dormir contigo, viajar, y también quiero destrozarte el culo cuando los dos estemos cachondos.

Alex aceleró el ritmo, rebotando con fuerza. Su polla larga golpeaba contra los abdominales de Marcos, dejando hilos de precum. Marcos le pajeaba al mismo ritmo.

Se corrieron casi juntos otra vez. Alex primero, pintando el pecho y la cara de Marcos. Marcos segundos después, llenándole el culo por segunda vez esa noche.

Pero no terminaron ahí. Después de un descanso con más vino y caricias, fueron al baño. Se metieron en la ducha grande. Alex se arrodilló y abrió la boca. Marcos le meó directamente en la lengua, un chorro largo y fuerte. Alex tragó parte, dejando que el resto le corriera por el pecho y la polla. Luego se levantó y le devolvió el favor, meando sobre la polla dura de Marcos y su pecho.

De vuelta en la cama, follaron en misionero, lento y profundo. Marcos entraba y salía con calma, besando a Alex en la boca, en el cuello, en los pezones. Le susurraba cosas bonitas y sucias al oído:
—Eres increíble… y el tío que más me importa.

Alex le clavaba las uñas en la espalda y le pedía que fuera más profundo.

La tercera penetración de la noche fue la más larga. Marcos folló a Alex durante casi cuarenta minutos, cambiando de ritmo, de posición (perrito, de lado, otra vez Alex encima). Le comió el culo entre cambio y cambio, saboreando su propia corrida y el pis residual. Alex le devolvió el favor, chupándole la polla y los huevos con devoción, metiendo la lengua en su ano limpio y apretado.

Cuando llegaron al orgasmo final, estaban exhaustos. Marcos se corrió por tercera vez dentro de Alex, y Alex se corrió sobre su propio abdomen. Se quedaron conectados, con la polla de Marcos aún dentro mientras se ablandaba.

Tumbados de lado, abrazados, con las piernas entrelazadas y los cuerpos pegajosos, siguieron hablando en voz baja.

—Quiero que esto sea algo serio —dijo Alex, acariciando la mejilla de Marcos.

—Yo también. Seremos novios que follan como animales y se quieren como personas normales. Me parece perfecto.

Se besaron suavemente y se durmieron así, con el olor a sexo, sudor, orina y semen envolviéndolos. La lluvia seguía cayendo fuera, y dentro solo había paz y deseo satisfecho.

ReLaTo. MeOs y otras cosas guarras, 3ªparte.



Unas tres semanas después de aquella noche salvaje en casa de Alex, los dos amigos decidieron tomarse un fin de semana largo. Marcos jugaba en un equipo amateur de waterpolo y varios de sus compañeros habían organizado un retiro en un camping nudista exclusivo para hombres, situado junto a un lago rodeado de bosque. Era un lugar conocido por su ambiente liberal y discreto.

—¿Seguro que no te importa que vayamos con todo el equipo? —preguntó Marcos mientras cargaban el coche.

Alex sonrió, ya medio empalmado solo de pensarlo.
—Al contrario. Quiero verte en acción con tus compañeros… y que ellos nos vean a nosotros.

Llegaron el viernes por la tarde. El camping era precioso: parcelas amplias con sombra, duchas al aire libre, una zona común con barbacoa y un embarcadero que daba al lago. Nada más aparcar, se quitaron toda la ropa en el coche y caminaron desnudos hacia su parcela. El aire cálido rozaba sus cuerpos, y sus pollas se balanceaban libres mientras caminaban.

Varios miembros del equipo ya estaban allí. Eran ocho tíos en total, todos entre 24 y 32 años, atléticos, con cuerpos definidos por el entrenamiento intenso: hombros anchos, abdominales marcados, piernas potentes y culos firmes. Algunos ya tenían semierecciones casuales al ver a los recién llegados.

—¡Marcos! ¡Por fin, cabrón! —saludó Raúl, el capitán, un moreno de 1,90 con una polla gruesa que colgaba pesada entre sus muslos—. Y este debe ser Alex, ¿no? Nos ha hablado mucho de ti.

Hubo abrazos fuertes, palmadas en la espalda y roces inevitables de piel contra piel. Nadie ocultaba sus miradas. Alex sintió cómo su polla empezaba a endurecerse al notar que varios de los chicos lo observaban con interés, especialmente su verga larga y su culo redondo.

Instalaron la tienda, pero apenas pasaron tiempo dentro. El grupo se dirigió al lago. El agua estaba fresca y cristalina. Jugaron un rato al waterpolo improvisado, desnudos, riendo y empujándose. Cada roce bajo el agua era una excusa para tocarse: manos que “accidentalmente” agarraban pollas, dedos que rozaban anos, cuerpos que se pegaban.
Cuando salieron del agua, todos estaban semiempalmados. Se tumbaron en la hierba al sol para secarse. Marcos se acercó a Alex y le susurró al oído:

—¿Estás cómodo? Si quieres parar en cualquier momento, solo dilo.

Alex le besó en los labios delante de todos.

—Estoy más que cómodo. Quiero todo.

Raúl, que estaba tumbado cerca, sonrió.

—Así me gusta. Aquí nadie juzga nada. ¿Os apetece una cerveza y… lo que surja?

La tarde avanzó con cervezas, risas y cada vez más roces intencionados. Cuando el sol empezó a bajar, el grupo se reunió en la zona de duchas al aire libre: varios chorros grandes sin paredes. El agua caliente caía sobre ocho cuerpos musculosos.
Marcos y Alex se colocaron bajo el mismo chorro. Se enjabonaron mutuamente, pero pronto dejaron de fingir. Alex se arrodilló y se metió la polla gruesa de Marcos en la boca delante de todos. Chupaba despacio, saboreando el sabor limpio de agua y piel, mientras su propia verga palpitaba dura contra su abdomen.

—Joder, qué bueno —murmuró Pablo, uno de los delanteros del equipo, un rubio con el cuerpo depilado y una polla larga y recta.

Los demás se acercaron. Pronto formaron un semicírculo alrededor de ellos. Manos empezaron a masturbarse lentamente mientras observaban. Raúl se colocó detrás de Marcos y le frotó la polla contra las nalgas, sin penetrarlo aún, solo rozando.

Alex se levantó y besó a Marcos con fuerza, dejando que todos vieran sus lenguas entrelazadas. Luego se giró hacia Raúl y le preguntó directamente:
—¿Quieres que te chupe?

Raúl asintió con una sonrisa respetuosa. Alex se arrodilló de nuevo y probó otra polla: más gruesa aún, con un glande grande y suave. Mientras la mamaba, sintió que alguien se arrodillaba detrás de él. Era Marcos, que le separó las nalgas y le enterró la cara, lamiéndole el ano con dedicación bajo el agua caliente.

Los gemidos empezaron a llenar el espacio. Otro chico, Diego, se acercó y ofreció su polla a Alex, que alternaba entre Raúl y él, chupando una mientras pajeaba la otra. Las manos de varios jugadores le acariciaban la espalda, los hombros y el pelo con respeto, sin prisas.

Después de varios minutos, se secaron y se trasladaron a una zona de hierba suave con toallas grandes extendidas. El ambiente estaba cargado de deseo pero relajado.

Marcos tumbó a Alex boca arriba y le levantó las piernas. Delante de todo el equipo, empezó a comerle el culo con hambre: lengua plana, lametones largos, penetraciones profundas con la punta. Alex gemía sin vergüenza, agarrándose los muslos para abrirse más.

—Qué culo más bonito tienes —comentó Raúl con admiración, masturbándose despacio.

Marcos escupió y metió dos dedos, luego tres, abriendo a su amigo mientras le chupaba la polla. Alex estaba en éxtasis. Pronto Marcos se colocó en posición y lo penetró lentamente, centímetro a centímetro, hasta enterrarse por completo. Empezó a follarlo con embestidas profundas y fluidas, mirándolo a los ojos.

Los demás se colocaron alrededor, tocándose y animando con palabras subidas de tono pero cariñosas.

—Qué bien te lo follas, Marcos…

—Míralo cómo disfruta…

Raúl se acercó a la cabeza de Alex y le ofreció su polla. Alex la aceptó encantado, chupándola mientras era follado. Pronto tenía dos pollas dentro: una en el culo y otra en la boca. El ritmo era perfecto, sincronizado.

Diego y Pablo se colocaron a los lados y Alex los pajeaba con las manos. Cinco hombres conectados alrededor de él, todos gimiendo.
Después de un rato, cambiaron. Marcos salió y Raúl tomó su lugar, penetrando a Alex con su polla más gruesa. El estiramiento era intenso. Alex soltó un gemido largo y placentero cuando Raúl llegó al fondo.

—Tranquilo… dime si necesitas que vaya más despacio —susurró Raúl, acariciándole el pecho.

—Más fuerte… fóllame —pidió Alex.

Raúl aumentó el ritmo, follándolo con fuerza pero controlada. Mientras tanto, Marcos se puso sobre la cara de Alex y le dio su polla a chupar. El resto del equipo se masturbaba o se tocaban entre ellos, creando un ambiente orgiástico pero respetuoso.

En un momento, Marcos pidió:
—¿Os importa si… meamos un poco?

Varios sonrieron. Era algo que ya habían hecho en otras ocasiones en el equipo.

Se colocaron en círculo alrededor de Alex, que seguía tumbado y abierto. Marcos fue el primero: apuntó su polla todavía dura y soltó un chorro caliente y potente directamente sobre el pecho y abdomen de Alex. El pis caliente corría por su piel. Luego Raúl, todavía dentro de él, soltó un chorro dentro del culo mientras lo follaba. Alex sintió cómo se llenaba de líquido tibio, una sensación abrumadora de calor y plenitud.

—Joder…… —gimió Alex, extasiado.

Uno a uno, los demás fueron soltando sus chorros sobre su cuerpo: sobre su polla, su cara, su boca abierta. Alex tragaba lo que podía, excitadísimo. El olor a orina fresca y masculina lo envolvía todo.

Cuando terminaron de mear, lo limpiaron un poco con toallas y continuaron. Ahora Alex se puso a cuatro patas. Marcos volvió a penetrarlo mientras Raúl le metía la polla en la boca. Los demás se turnaban para que Alex los chupara o los pajeara.

Diego, el más joven del equipo, pidió permiso para follar a Alex también. Cambiaron y Diego entró despacio, disfrutando del calor apretado. Follaron por turnos: cada jugador tuvo su momento dentro de Alex, siempre preguntando, siempre atentos a sus reacciones.

Marcos, mientras tanto, se ofreció y se tumbó al lado. Varios de sus compañeros lo follaron también, creando una cadena de placer mutuo. Alex y Marcos se besaban entre embestida y embestida, conectados en medio del grupo.

La culminación llegó cuando se colocaron uno frente al otro, de rodillas. Todo el equipo formó un círculo cerrado alrededor de ellos. Alex y Marcos se pajearon mutuamente mientras chupaban y tocaban a los demás.

Uno por uno, los jugadores se corrieron sobre ellos. Chorros gruesos de semen cayeron sobre sus caras, pechos, lenguas y pollas. Raúl fue el primero, soltando varios disparos potentes sobre la mejilla de Alex. Diego se corrió en la boca de Marcos. Pablo pintó el pecho de ambos.

Cuando solo quedaron ellos dos, Alex y Marcos se miraron intensamente y se corrieron casi al unísono: chorros largos y espesos que salpicaron el abdomen y la polla del otro. Se besaron con pasión, mezclando semen y saliva.

Exhaustos pero felices, se tumbaron todos juntos sobre las toallas grandes, abrazados en un montón de cuerpos calientes y sudorosos. Hubo risas, caricias suaves y palabras cariñosas.

—Gracias por dejarnos participar —dijo Raúl, acariciando la espalda de Alex—. Ha sido increíble.

—Cuando queráis repetir… —respondió Alex, todavía respirando agitado.

La noche continuó más tranquila. Se ducharon juntos de nuevo, esta vez lavándose con cariño mutuo. Cenaron en la barbacoa, desnudos bajo las estrellas, hablando de waterpolo, de la vida y de fantasías. Después de cenar, en la tienda grande que compartían, hubo una segunda ronda más calmada e íntima: caricias, mamadas lentas, besos y penetraciones suaves a la luz de una linterna.

Alex folló a Marcos por primera vez delante de los demás, con embestidas profundas y amorosas mientras el equipo los observaba y se tocaba. Marcos gemía alto, pidiendo más, hasta que Alex se corrió dentro de él con un gruñido de placer.

Durmieron enredados, cuerpos pegados, oliendo a sexo, lago y bosque.

Al día siguiente repitieron en el lago: mamadas bajo el agua, meadas en el embarcadero, folladas en la orilla. El fin de semana entero fue una celebración continua de placer, confianza y masculinidad sin tabúes.

Cuando volvieron a casa el domingo por la noche, Alex y Marcos estaban agotados pero radiantes. En la ducha de casa de Alex, se abrazaron bajo el agua caliente.

—Esto ha sido… mucho más de lo que imaginaba —murmuró Alex.

Marcos le besó el cuello.

—Y solo es el principio. El equipo ya quiere que vengas a todos los retiros.

Se miraron, sonrieron y empezaron a besarse de nuevo, sus pollas endureciéndose otra vez al recordar todo lo vivido.

VaRiEdAd De pEnES

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

ByN

 











ReLaTo. MeOs y otras cosas guarras, 2ªparte.




Dos amigos, Alex y Marcos, llegaron a casa de Alex pasadas las cuatro de la mañana, todavía oliendo a callejón, a orina seca y a semen. El taxi los dejó en la puerta del bloque y subieron en silencio, pero con las miradas cargadas. Apenas cerraron la puerta del piso, Alex empujó a Marcos contra la pared del pasillo y lo besó con fuerza, metiéndole la lengua hasta el fondo mientras le apretaba el paquete por encima de los pantalones todavía manchados.

—Joder, no me he podido quitar de la cabeza tu polla en mi boca —gruñó Alex entre besos.

Marcos le mordió el labio inferior y le metió la mano por dentro del bóxer, agarrando aquella verga larga que ya empezaba a endurecerse de nuevo.

—Pues yo quiero follarte esta noche, cabrón. Quiero mearte encima y correrme dentro de ti.

Se quitaron la ropa a tirones, dejando un reguero de prendas sucias por el pasillo hasta el salón. Alex vivía solo en un piso amplio y moderno, con un sofá grande de cuero negro y una ducha enorme en el baño principal. Pero antes de llegar a la cama, se detuvieron en la cocina. Alex abrió dos cervezas frías y se las bebieron casi de un trago, mirándose a los ojos.

—Necesitamos llenarnos bien —dijo Alex con una sonrisa sucia—. Quiero que mees mucho.

Media hora después, ya estaban los dos completamente desnudos en el sofá, sentados uno frente al otro con las piernas abiertas. Sus pollas estaban semierectas, pesadas, todavía con restos secos de la primera corrida. Alex se levantó, fue al baño y volvió con una toalla grande que extendió sobre el sofá y el suelo.

—Aquí podemos ensuciarlo todo —murmuró.

Se colocaron de rodillas sobre la toalla, cara a cara. Sus pollas ya duras se rozaban, dejando hilos de precum. Marcos fue el primero en soltar un chorro caliente. El pis dorado y potente salió de su verga gruesa y golpeó directamente contra los huevos de Alex, salpicando hacia arriba hasta su abdomen. Alex gimió alto, sintiendo el calor líquido correr por su piel.

—Hostia… qué bueno —jadeó.

Abrió su propio chorro y apuntó directo a la polla de Marcos, bañándola por completo mientras ambos se pajeaban lentamente. El sonido de los dos meando al mismo tiempo era obsceno: fuerte, continuo, húmedo. El pis caía sobre la toalla, formando un charco caliente que les mojaba las rodillas. Marcos dirigió su chorro hacia el pecho de Alex, bajando hasta su boca abierta. Alex sacó la lengua y dejó que el pis caliente le entrara, tragando un poco mientras se pajeaba más rápido.

—Bebe, cabrón… —gruñó Marcos, excitadísimo.

Cuando terminaron de mear, estaban los dos empapados de orina tibia. El olor llenaba el salón. Alex empujó a Marcos hacia atrás y se le echó encima, frotando sus cuerpos mojados. Sus pollas resbalaban una contra la otra, lubricadas por pis y precum. Se besaron con hambre, chupándose la lengua, mordiéndose el cuello, mientras sus manos exploraban cada centímetro.

Alex bajó lentamente, lamiendo el pecho de Marcos, chupando sus pezones duros, bajando por el abdomen hasta llegar a aquella polla gruesa y empapada. Se la metió entera en la boca de golpe, hasta que los huevos le tocaron la barbilla. Chupaba con ganas, haciendo ruidos húmedos y gargantosos, sacándola solo para lamer el frenillo y volver a tragársela entera. Marcos le sujetaba la cabeza y follaba su boca con movimientos profundos.

—Qué puta boca más caliente tienes… trágatela toda, sí… así.

Alex se ahogaba, babeaba, pero no paraba. Con una mano le apretaba los huevos pesados y con la otra se pajeaba. Al cabo de varios minutos, Marcos lo levantó y lo tiró boca arriba sobre la toalla mojada. Le levantó las piernas y le enterró la cara entre las nalgas. Su lengua atacó directamente el ano de Alex, lamiendo con hambre, metiéndola dentro, chupando el sabor a sudor y restos de orina. Alex gemía como una perra, agarrándose los muslos para abrirse más.

—Cómemelo… méteme la lengua entera, joder…

Marcos escupió y metió dos dedos, abriéndolo despacio mientras seguía lamiendo alrededor. Luego tres dedos, curvándolos para tocar la próstata. Alex se retorcía, soltando gemidos roncos, con la polla palpitando y soltando hilos constantes de precum sobre su abdomen.

—Fóllame ya… quiero tu polla dentro.

Marcos se colocó en posición. Apuntó su glande grueso contra el ano lubricado de saliva y pis y empujó. Entró despacio pero sin parar, hasta que sus huevos chocaron contra las nalgas de Alex. Ambos soltaron un gemido largo y profundo.

—Estás tan… joder, qué culo más bueno.

Empezó a follarlo con ritmo lento y profundo, saliendo casi entero y volviendo a clavarla hasta el fondo. Cada embestida hacía que el cuerpo de Alex se sacudiera. El sonido de carne contra carne mojada era brutal. Alex se pajeaba mientras recibía aquellas estocadas, mirando cómo la polla gruesa de su amigo entraba y salía de su agujero.

—Más fuerte… rómpeme el culo, Marcos.

Marcos aceleró, follándolo como un animal. El sofá crujía, la toalla chapoteaba bajo ellos. Se inclinó hacia delante y le metió la lengua en la boca mientras lo taladraba. Alex le clavaba las uñas en la espalda, gimiendo sin control.

En un momento, Marcos ralentizó y, todavía dentro de Alex, empezó a mear otra vez. Un chorro caliente y potente salió directamente dentro del culo de su amigo. Alex abrió los ojos como platos, sintiendo cómo se llenaba de pis caliente.

—Hostia… me estás meando dentro… qué puta locura… no pares.

El pis salía alrededor de la polla, chorreando por las nalgas de Alex y formando un charco enorme. Marcos siguió follando mientras meaba, empujando el líquido caliente más adentro. Cuando terminó, sacó la polla lentamente y un torrente de pis salió del ano abierto de Alex, salpicándolo todo. 

Exhaustos se ducharon y terminaron en la cama enredados.

mOrCi