5.4.26

DePorTES











 

ReLaTo. Mi culo ya no tan virgen y sus seis enormes pollas. ParTE 2




Un año después, el verano de 2027 llegó con el mismo calor asfixiante que el anterior. El lago seguía igual de quieto y profundo, el pueblo de Santa Agua igual de dormido. Leo había cambiado poco por fuera: veintidós años ahora, el cuerpo aún más definido por el trabajo en la barca y las sesiones solitarias de masturbación pensando en lo que había vivido. Por dentro, sin embargo, estaba distinto. El agujero ya no se cerraba del todo nunca; quedaba una dilatación permanente, suave, rosada, siempre un poco húmeda. Se había acostumbrado a meterse dedos o el plug grande mientras pescaba solo, solo para sentir esa sensación de estar preparado, de estar abierto.

Una tarde de finales de julio, mientras Leo limpiaba la red en el muelle, vio la barca alquilada acercarse despacio. Reconoció el motor antes de ver las caras. Pedro al timón, barba más gris pero el mismo cuerpo ancho. Raúl a su lado, musculoso como siempre, camiseta ajustada marcando los pectorales. Y detrás, tres hombres que no conocía.Bajaron al muelle. Pedro sonrió de lado, sin saludar con palabras. Solo extendió la mano y tocó la nuca de Leo, apretando ligeramente.

—Te echamos de menos, chico. Trajimos compañía.

Raúl se acercó por detrás, le metió la mano directamente dentro del pantalón corto y le agarró el culo con propiedad. Metió un dedo seco hasta el segundo nudillo sin avisar.

—Sigue flojo. Bien. Nos va a venir perfecto.

Los tres nuevos bajaron. Todos rondaban los treinta y tantos, cuerpos trabajados, miradas directas.
  • Marco: italiano, 1.88 m, pelo negro corto, tatuajes en los brazos, polla gruesa de 23 cm, circuncidado, glande muy ancho.
  • Víctor: español del sur, moreno, barba recortada, pecho muy peludo, polla curva de 21 cm pero extremadamente gruesa en la base.
  • Dani: rubio nórdico, ojos claros, cuerpo de gimnasio seco, polla recta y larga de 25 cm, venas marcadas, bolas pequeñas pero muy altas.
Leo sintió el estómago contraerse. No de miedo. De anticipación cruda.

Esa misma noche empezaron. La casa alquilada era la misma: cama king size, salón grande con sofá de cuero, ducha exterior. Cerraron todo. Nadie iba a interrumpir durante cuatro noches.

Noche 1 – La bienvenida múltiple

Leo entró desnudo al salón. Los seis ya estaban sin camisa, pantalones abiertos, pollas fuera. Se arrodilló en el centro del suelo de madera. Pedro fue el primero en acercarse.

—Boca abierta. Hoy te llenamos por los dos lados.

Leo abrió. Pedro le metió la polla hasta la garganta de un empujón. Raúl se colocó detrás, escupió en el agujero y entró sin precalentamiento. Los otros tres se masturbaban alrededor, esperando turno.

Raúl folló duro desde el principio: embestidas largas que hacían chocar sus bolas contra las de Leo. El sonido era seco y rítmico. Pedro follaba la boca con menos piedad que el año anterior: entraba hasta que la nariz de Leo tocaba el pubis, aguantaba diez segundos, salía. Saliva espesa colgaba en hilos desde la barbilla de Leo hasta el suelo.

Marco fue el siguiente en la boca. Su glande ancho obligó a Leo a abrir la mandíbula al máximo. Entró con dificultad, estirando las comisuras. Marco agarró las orejas de Leo como asas y empezó a bombear. Víctor se unió detrás cuando Raúl salió. La base gruesa de Víctor hizo que Leo gruñera alrededor de la polla de Marco. La sensación era de estar siendo partido en dos.

Dani esperó su turno. Cuando llegó, metió los 25 cm de una sola embestida. Leo sintió la punta tocarle el fondo del estómago. Lágrimas involuntarias corrieron por las mejillas, pero su polla estaba dura como piedra, goteando sin parar.

Durante hora y media se turnaron así: dos en el culo, uno en la boca, rotando cada diez minutos. Cada hombre se corrió al menos dos veces. Primero dentro del culo: creampies espesos que rebosaban y corrían por los muslos de Leo. Luego en la cara y el pecho cuando cambiaban. Al final de la noche Leo estaba cubierto: semen seco en el pelo, en las cejas, en el cuello, charcos frescos en el pecho y el abdomen. Se corrió tres veces sin tocarse, solo por la fricción interna y la humillación de estar siendo usado por seis hombres a la vez.

Se durmió en el suelo, con el culo abierto y goteando, rodeado de pollas semierectas que descansaban sobre su cuerpo.

Noche 2 – Doble y triple penetración sistemática

Al día siguiente no hubo descanso. Desayunaron desnudos. Leo sentado en una silla con un plug de 6 cm dentro para mantenerlo abierto. Cada vez que se movía, gemía bajito.

Por la tarde los llevaron a la cala secreta. Extendieron una manta grande. Leo en el centro, a cuatro patas.

Primero doble penetración clásica: Raúl y Pedro juntos en el culo. Dos pollas gruesas estirando el anillo al máximo. Entraron alternando: uno sacaba mientras el otro empujaba. El sonido era obsceno: squelch húmedo, chapoteo de semen residual del día anterior. Leo gritaba con cada cambio, pero empujaba hacia atrás.

Luego triple: Marco se unió. Tres pollas en el mismo agujero. Fue brutal. El diámetro combinado superaba los límites. Leo sintió cómo la piel se estiraba hasta casi rasgarse, pero no pararon. Empujaban despacio al principio, luego más rápido. Leo eyaculó sin tocarse: chorros largos que salpicaron la manta. Los tres se corrieron dentro casi al unísono, llenándolo hasta que el semen salía a presión alrededor de las pollas, cayendo en cascada por las bolas y los muslos.

Víctor y Dani follaron la boca mientras tanto, turnándose para garganta profunda extrema. Leo tragó cuatro corridas seguidas, tosiendo semen por la nariz.

Terminaron la tarde con Leo tumbado boca arriba, piernas en alto. Cada hombre se masturbó sobre su cuerpo abierto: bukkake facial y corporal. Se corrieron todos al menos tres veces más. Leo quedó irreconocible: cara completamente blanca, ojos pegados por el semen seco, pelo apelmazado, torso y abdomen cubiertos de capas superpuestas.

Noche 3 – Fisting y juguetes grandes

Trajeron el arsenal: dildos de 8 a 10 cm de diámetro, plugs inflables, un fisting glove de látex largo.

Empezaron con el inflable. Lo metieron hasta la base, luego empezaron a bombear. Leo sintió cómo se expandía dentro: 6 cm, 7, 8… Cuando llegó a 9 cm de diámetro, el dolor era agudo pero placentero. La próstata aplastada le hizo correrse sin tocarse otra vez.

Raúl se puso el guante. Lubricó hasta el codo. Metió primero la mano entera, luego el antebrazo hasta la mitad. Leo arqueó la espalda, gritando. Raúl giraba el puño dentro, presionando la próstata desde todos los ángulos. Leo eyaculó de nuevo: semen saliendo a chorros débiles pero continuos.

Los otros se masturbaban viendo. Se corrieron sobre el brazo de Raúl mientras fistaba, el semen resbalando por el látex y cayendo dentro del agujero abierto junto con la mano.

Después sacaron el dildo más grande: 28 cm de largo, 10 cm de diámetro en la base. Lo metieron despacio. Leo lo sintió llegar al colon. Lo follaban con él mientras dos pollas le follaban la boca al mismo tiempo, intentando meter dos glandes juntos.

La noche acabó con Leo en el centro del salón, agujero abierto como un túnel permanente. Los seis se corrieron dentro una última vez, creando un creampie masivo que no paraba de salir.

Noche 4 – La despedida brutal

La última noche fue la más larga. Empezaron a las nueve y terminaron al amanecer.

Leo atado a la cama en posición de águila: muñecas y tobillos a los postes. Todos turnándose sin parar.

Doble penetración anal + doble en la boca (dos pollas intentando entrar juntas en la garganta). Gargantas profundas hasta que vomitaba saliva y semen. Fisting alterno: Raúl metía el puño, luego Marco, luego Víctor. Cada uno llegaba más profundo.

Al final, todos de pie alrededor de la cama. Masturbación masiva. Se corrieron sobre Leo uno tras otro: caras, pecho, polla, pies. Al menos cinco corridas por cabeza. Leo estaba bañado en semen, el cuerpo entero blanco y brillante.Se corrió una última vez: un orgasmo seco, doloroso, solo espasmos. No salió nada.

Cuando amaneció, lo desataron. Leo no podía caminar bien. El agujero colgaba abierto, rojo, hinchado, semen goteando sin control por las piernas.

Pedro le dio una palmada suave en la nalga.

—Hasta el año que viene, chico.

Subieron a la barca. Leo se quedó en el muelle, desnudo, viendo cómo se alejaban. El sol salía. El lago seguía igual.

Se tocó el agujero con dos dedos. Entraron sin resistencia.

Sonrió.

Sabía que volverían.

Al AiRe











 

hUeVaZOs

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.