28.6.26

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relATO. suDoR y MorBO 2


Después de meses obsesionados con pies y sobacos, Gabriel y Gonzalo decidieron que no había límites. Su apartamento se convirtió en un templo de adoración al cuerpo masculino en todas sus formas: sudor, pelo, músculos, olores íntimos y fluidos. Cada noche exploraban un nuevo fetiche, combinándolo con los que ya dominaban.


Una noche, después de un entrenamiento brutal, Gabriel se tumbó desnudo en la cama, su cuerpo brillante de sudor. Cada músculo marcado: pectorales anchos, abdominales duros, brazos venosos.

—Quiero que me adores como si fuera un dios —ordenó Gabriel.

Gonzalo empezó por los hombros, lamiendo el sudor salado de los trapecios. Bajó por los pectorales, chupando y mordiendo los pezones erectos, succionando con fuerza hasta que Gabriel gemía. Pasó la lengua por cada separación de los abdominales, metiéndola en el ombligo sudado.

—Más abajo… —gruñó Gabriel.

Gonzalo lamió las ingles, el vello púbico espeso, y luego adoró los oblicuos. Levantó los brazos de Gabriel para combinarlo con sus sobacos favoritos, lamiendo mientras frotaba su propia polla dura contra los abdominales. Gabriel flexionaba cada músculo para que Gonzalo los sintiera duros bajo la lengua.

Terminaron con Gonzalo sentado sobre el pecho de Gabriel, frotando su polla entre los pectorales mientras Gabriel le apretaba los músculos y le chupaba la punta. Se corrieron así: semen caliente salpicando el torso musculoso de Gabriel, que luego Gonzalo lamió entero, tragando su propia leche mezclada con sudor.


Gonzalo tenía un fetiche especial por el pelo. Una tarde calurosa, obligó a Gabriel a no ducharse durante dos días. El vello dorado del pecho, axilas y pubis estaba empapado y con olor intenso.
Se tumbaron en el sofá. Gonzalo hundió la cara en el pecho de Gabriel, inhalando el olor a macho, lamiendo el vello mojado, tirando suavemente con los dientes. Bajó al pubis, enterrando la nariz en el bosque espeso alrededor de la polla, oliendo el sudor acumulado en los huevos peludos.

—Chúpame la barba —pidió Gabriel.

Gonzalo se subió y pasó la lengua por la barba roja espesa de Gabriel, saboreando restos de comida, sudor y saliva. Gabriel lo agarró y frotó su cara barbuda contra el culo de Gonzalo, haciendo que la barba raspara y estimulara el agujero.

Luego invirtieron: Gabriel lamió el pecho menos peludo de Gonzalo, mordiendo los pezones y tirando del vello púbico con los dientes mientras le metía dos dedos en el culo.


El culo se convirtió en su nuevo altar. Una mañana, Gonzalo despertó a Gabriel sentándose directamente en su cara.

—Lámeme el culo—ordenó.

Gabriel sacó la lengua y atacó el agujero arrugado, todavía con sabor a la noche anterior. Lamió en círculos, metiendo la lengua lo más profundo posible, saboreando el interior almizclado. Gonzalo se movía adelante y atrás, restregando su culo sudado por toda la cara de Gabriel, asfixiándolo con carne caliente.

Gabriel jadeaba, su polla dura como piedra. Gonzalo se giró en 69 inverso y empezó a comerle el culo a Gabriel también: lengua profunda, escupiendo, mordiendo las nalgas musculosas. Combinaban rimming con pies: mientras uno comía culo, el otro tenía pies en la cara.
Gonzalo se corrió sin tocarse solo con la lengua de Gabriel en su interior, eyaculando sobre el pecho de su compañero.


Descubrieron el placer de la adoración genital completa. Gonzalo se arrodillaba y pasaba horas chupando la polla gruesa de Gabriel: lamiendo el frenillo, metiéndose los huevos peludos en la boca uno por uno, succionando el escroto arrugado.

—Quiero olerte cuando meas —confesó Gabriel.

En la ducha, Gonzalo se arrodilló y Gabriel le meó directamente en la boca y el pecho. El chorro caliente, con olor fuerte, corría por el cuerpo de Gonzalo, que se masturbaba tragando un poco. Luego invirtieron: Gonzalo meó sobre los pies de Gabriel, que luego lamía su propia orina mezclada con el sudor de sus pies.

El cum play era constante: se corrían en la boca del otro, se besaban intercambiando semen, o Gabriel se corría dentro del culo de Gonzalo y luego lo obligaba a expulsarlo para lamerlo.


Gabriel tenía manos grandes y venosas. Gonzalo las adoraba: chupaba cada dedo, lamiendo las palmas sudadas después de entrenar. Gabriel le metía tres o cuatro dedos en la boca y en el culo al mismo tiempo, follándolo con la mano mientras Gonzalo le olía las axilas.
El sudor general se convirtió en su droga. Se lamían mutuamente el sudor de la espalda, el cuello, la línea de los abdominales, las ingles. A veces se ponían a correr juntos sin desodorante y al volver se frotaban cuerpo contra cuerpo, extendiendo el sudor como lubricante para masturbarse mutuamente.


Una noche de sábado lo dieron todo.
Empezaron en el baño. Gabriel en la bañera, Gonzalo arrodillado fuera.
Lamió pies y dedos.
Subió a sobacos profundos.
Adoró pectorales y abdominales.
Enterró la cara en culo y huevos.
Chupó polla y tragó precum.
Gabriel lo levantó, lo puso contra la pared y lo folló salvajemente mientras Gonzalo le lamía la barba y le chupaba los dedos de las manos.

Cambios de posición constantes: Gabriel follando a Gonzalo en misionero con los pies de este en su cara; luego doggy con rimming intercalado; luego Gonzalo cabalgando mientras frotaba su polla contra los abdominales de Gabriel.
Terminaron con double cum: Gabriel corriéndose dentro del culo, Gonzalo corriéndose en las axilas de Gabriel. Luego se lamieron todo mutuamente en una sesión de limpieza oral total.
Gabriel y Gonzalo siguieron explorando sin tabúes: fetichismo de calcetines sucios, olor a ropa interior usada, spanking mientras olían pies. 

Su conexión se volvió más profunda y salvaje. Ya no eran solo compañeros de piso: eran adictos al cuerpo del otro en todas sus formas más primitivas y masculinas.

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