22.2.26

GusTOS pERSONAleS





















 

relATo. El Ritual de los Vestuarios




Los vestuarios del equipo de fútbol estaban impregnados de un olor característico: una mezcla de sudor, desinfectante y el aroma distintivo de la juventud y la testosterona. Jorge, con su cabello oscuro y ojos penetrantes, se desvestía lentamente, saboreando la sensación de libertad que le proporcionaba quitarse la ropa empapada de sudor. Alrededor de él, sus compañeros de equipo hacían lo mismo, cada uno sumido en sus propios pensamientos post-partido.

"¡Jorge, ven a ver esto!" llamó uno de sus amigos, Carlos, desde el otro lado del vestuario. Jorge se acercó, curioso, y se encontró con una escena familiar: un pequeño círculo de jugadores, todos desnudos, riendo y bromeando mientras se duchaban.

"¿Qué pasa, muchachos?" preguntó Jorge, una sonrisa juguetona en su rostro.

"Solo nos relajamos un poco," respondió Carlos, guiñándole un ojo. "¿Te unes?"

Jorge asintió, quitándose la toalla y uniéndose al grupo. El agua caliente caía sobre ellos, lavando el sudor y la tensión del partido. Jorge cerró los ojos, disfrutando de la sensación, cuando sintió una mano en su hombro. Abrió los ojos y vio a su capitán, Pablo, de pie junto a él, una sonrisa maliciosa en su rostro.

"¿Te sientes tenso, Jorge?" preguntó Pablo, su voz baja y sugerente.

Jorge rio, sabiendo exactamente a qué se refería Pablo. "Un poco. Pero esto ayuda."

Pablo asintió, su mano deslizándose por el pecho de Jorge, hacia abajo, hasta llegar a su ingle. Jorge contuvo la respiración, sintiendo cómo su cuerpo respondía instantáneamente al toque de Pablo. Con una lentitud deliberada, Pablo comenzó a acariciar a Jorge, sus movimientos seguros y decididos.

"Relájate," murmuró Pablo, sus labios cerca del oído de Jorge. "Estamos solos."

Jorge asintió, cerrando los ojos y dejándose llevar por las sensaciones. A su alrededor, el sonido de la ducha y las risas de sus compañeros se desvanecieron, reemplazados por el latido de su propio corazón y el sonido de su respiración acelerada. Pablo, con una sonrisa, aumentó el ritmo, su mano moviéndose con una precisión que hacía que Jorge temblara de placer.

"Pablo," gimió Jorge, sus caderas moviéndose instintivamente contra la mano de su capitán.

Pablo, con una risita, se inclinó para besar a Jorge, capturando sus labios en un beso apasionado. Jorge respondió, sus manos agarrando los hombros de Pablo, sintiendo la fuerza y la firmeza de su cuerpo. Con cada movimiento de Pablo, Jorge sentía cómo su excitación aumentaba, su cuerpo anhelando liberación.

"¿Te gusta?" preguntó Pablo, su voz un susurro cargado de deseo.

Jorge asintió, incapaz de formar palabras. Pablo, con una sonrisa, continuó su exploración, sus dedos trazando patrones en la piel de Jorge, llevándolo más cerca del éxtasis con cada toque. Jorge, con un grito, alcanzó el clímax, su cuerpo temblando con la intensidad de la liberación. Pablo, con una sonrisa, lo sostuvo, sus brazos fuertes y protectores.

"Fue increíble," murmuró Jorge, su voz temblando ligeramente.

Pablo asintió, besando suavemente el cuello de Jorge. "Contigo, siempre lo es."

Mientras se secaban, Jorge observó a sus compañeros, notando cómo algunos se miraban entre sí, sonriendo con complicidad. Sabía que no era el único que disfrutaba de estos momentos de intimidad en los vestuarios. De hecho, era un ritual casi sagrado entre ellos, una forma de liberar la tensión y reforzar los lazos de camaradería.

"Oye, Jorge," llamó otro de sus compañeros, Marco, desde el banco. "¿Te apetece una ronda?"

Jorge sonrió, sabiendo exactamente a qué se refería Marco. Se acercó, tomando asiento junto a él, y observó cómo Marco sacaba un pequeño frasco de lubricante de su taquilla. Con una sonrisa traviesa, Marco comenzó a aplicarse el lubricante, sus movimientos lentos y deliberados.

"¿Te unes?" preguntó Marco, su voz cargada de invitación.

Jorge asintió, tomando el frasco de las manos de Marco y aplicándose un poco en su propia mano. Con una lentitud tortuosa, comenzó a acariciarse, sus ojos fijos en los de Marco. A su alrededor, el sonido de las duchas y las risas de sus compañeros se desvanecieron, reemplazados por el latido de su propio corazón y el sonido de su respiración acelerada.

"Así," murmuró Marco, guiando la mano de Jorge en un ritmo lento y constante.

Jorge, con una sonrisa, asintió, siguiendo las indicaciones de Marco. Con cada movimiento, sentía cómo su excitación aumentaba, su cuerpo anhelando liberación. Marco, con una mano en el pecho de Jorge, sentía cómo su corazón latía al mismo ritmo que el suyo, su conexión más profunda que nunca.

"Jorge," susurró Marco, su voz un susurro cargado de deseo. "Te deseo."

Jorge, con lágrimas en los ojos, respondió. "Yo también te deseo, Marco. Siempre."

Marco, con una sonrisa, se movió para besar a Jorge de nuevo, sus labios encontrándose en un beso tierno y prometedor. Jorge, con una sonrisa, respondió, sabiendo que, sin importar lo que el futuro trajera, siempre tendrían este momento, esta conexión, para recordar.

Con una lentitud tortuosa, Jorge continuó su exploración, sus manos recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Marco, con una sonrisa, se movió para sentarse junto a él, sus manos acariciando sus muslos. Jorge, con los ojos cerrados, se dejó llevar por las sensaciones, sus caderas moviéndose instintivamente contra las manos de Marco.

"Marco," gimió Jorge.

Marco, con una confianza renovada, continuó su exploración, moviendo su cabeza en un ritmo lento y constante. Jorge, con un gemido, cerró los ojos, perdiéndose en las sensaciones, su cuerpo temblando con cada movimiento de Marco. Marco, con una mano en la base del miembro de Jorge, sintió cómo aumentaba su excitación, su propio cuerpo anhelando liberación.

"Jorge," susurró Marco, su voz un susurro cargado de deseo. "Estoy cerca."

Jorge, con una sonrisa, asintió, aumentando el ritmo, su boca y mano trabajando en sincronía. Marco, con un grito, alcanzó el clímax, su cuerpo temblando con la intensidad de la liberación. Jorge, con una sonrisa, se movió para besar a Marco de nuevo, saboreando su esencia en sus labios.

"Fue increíble," murmuró Marco, acariciando el cabello de Jorge.

Jorge, con una sonrisa, asintió. "Contigo, siempre lo es."

Ambos se quedaron en silencio, disfrutando de la cercanía y la paz que seguían al acto. Jorge, con una ternura inesperada, comenzó a besar suavemente el pecho de Marco, saboreando cada centímetro de su piel.

"Nunca quiero que esto termine," confesó Marco, su voz un susurro.

Jorge, con una sonrisa, levantó la mirada. "No tiene por qué hacerlo. Estamos juntos en esto, ¿recuerdas?"

Marco asintió, sintiendo una oleada de amor y gratitud. "Sí. Juntos."

Jorge, con una sonrisa, se movió para besar a Marco de nuevo, sus labios encontrándose en un beso tierno y prometedor. Marco, con una sonrisa, respondió, sabiendo que, sin importar lo que el futuro trajera, siempre tendrían este momento, esta conexión, para recordar.

Mientras se vestían, Jorge observó a sus compañeros, notando cómo cada uno parecía más relajado, más conectado. Sabía que estos momentos en los vestuarios eran más que simples actos de placer; eran una forma de fortalecer los lazos entre ellos, de crear una camaradería que iba más allá del campo de fútbol.

"Chicos," llamó Pablo, reuniendo al equipo. "Hemos tenido un gran partido hoy. Pero recuerden, lo que pasa en los vestuarios, se queda en los vestuarios."

Todos asintieron, sonriendo con complicidad. Jorge, con una sonrisa, se unió a sus compañeros, sabiendo que, sin importar lo que trajera el futuro, siempre tendría a su equipo, a su familia, a su lado.




ARtE gAy





















 

GusTOS pERSONAleS