David bajó del autobús con la polla ya medio dura solo por el olor del campus. El segundo año. Regresaba más cachondo, más seguro y con el culo entrenado para recibir vergas de todos los tamaños. Este año lo asignaron a la Residencia Omega: una habitación enorme con ocho camas dispuestas en círculo. Siete compañeros nuevos (más él) que ya estaban desnudos, charlando y tocándose sin vergüenza.
—Bienvenido de nuevo, leyenda —dijo el primero en acercarse. Se llamaba Víctor, un moreno de 21 años, cuerpo de gimnasio, pectorales marcados y una polla gruesa de 20 centímetros que colgaba pesada entre unas piernas fuertes, con un piercing en el frenillo que brillaba—. Somos los “Ocho Salvajes”. Aquí no hay reglas de decencia.
Los demás se presentaron uno a uno, todos desnudos, todos con pollas de distintos tamaños y grosores:
Lucas: el rubio delgado del año pasado, ahora más definido, verga larga y curva hacia arriba.
Javier: peludo, oso joven, polla corta pero extremadamente gruesa, huevos enormes.
Mateo: el twink de 19, culo redondo y perfecto, polla pequeña pero siempre dura.
Raúl: el coordinador del año anterior, ahora estudiante avanzado, verga monstruosa.
Pablo: moreno de ojos verdes, polla venosa y recta.
Sergio: el más alto, polla negra de 23 cm, gruesa como una muñeca.
David sintió cómo su propia verga se endurecía completamente al verlos. Los ocho se abrazaron en un nudo de carne caliente. Pollas rozándose, manos agarrando culos, dedos probando agujeros.
—Primera noche de bienvenida —anunció Víctor—. Regla: nadie se corre hasta que todos hayan probado todos los agujeros.
La orgía empezó suave pero subió rápido. David se arrodilló en el centro. Ocho pollas rodeándolo. Primero lamió los huevos peludos de Javier, saboreando el sudor salado del viaje. Luego se metió la polla gruesa de Víctor hasta la garganta, sintiendo el piercing frío contra su lengua. Mientras tanto, Mateo le comía el culo con hambre, metiendo la lengua profunda y haciendo que David gimiera alrededor de la verga de Víctor.
Lucas se colocó detrás de Mateo y lo penetró de un empujón. El sonido húmedo de polla entrando en culo lubricado con saliva llenó la habitación. Raúl folló a Pablo contra la pared, sus huevos grandes golpeando con fuerza. Sergio levantó a David en el aire como si no pesara nada y lo empaló en su enorme polla negra.
—Joder… qué apretado sigues —gruñó Sergio mientras lo bajaba centímetro a centímetro. David sentía cada vena, cada latido dentro de su intestino. El dolor inicial se convirtió en placer puro cuando la polla le tocó la próstata.
Los ocho formaron una cadena: David follado por Sergio, Sergio follado por Raúl, Raúl por Javier… y así hasta cerrar el círculo con Mateo chupando la polla de David. Movimientos sincronizados, sudor corriendo por espaldas y culos, gemidos y sonidos obscenos de carne chocando. El aire olía a sexo masculino: sudor, precum, culos calientes.
David fue el primero en correrse. Su polla explotó en la boca de Mateo mientras Sergio le llenaba el culo con chorros calientes y espesos. Uno tras otro se corrieron, pintando cuerpos y caras. Al final los ocho se tumbaron en un montón pegajoso de semen, riendo y besándose.
Clases del segundo año
La asignatura “Fisiología del Placer Masculino” era la favorita. El profesor Carlos, un hombre de 38 años con cuerpo velludo y una polla de 22 cm que nunca bajaba del todo, daba clases prácticas diarias.
—Hoy estudiaremos la resistencia anal —dijo Carlos un lunes—. David y Víctor, al frente.
Los dos se pusieron en cuatro patas sobre la mesa grande. Carlos lubricó sus culos con aceite especial y empezó a follarlos alternando. Primero entraba lento en David, girando las caderas para rozar la próstata. Luego sacaba y penetraba a Víctor con fuerza. Los compañeros tomaban apuntes… y se pajeaban.
—Mirad cómo se abre el ano de David. Rosado, elástico, tragando mi verga hasta los huevos —explicaba Carlos mientras embestía. David gemía alto, su polla goteando precum en el suelo.
Después invitó a cinco estudiantes a unirse. David terminó con tres pollas intentando entrar en su culo al mismo tiempo. Dolor y placer extremo. Su agujero se estiró obscenamente, rojo e hinchado, mientras chorros de semen lo llenaban hasta rebosar. Cuando se levantó, el semen le chorreaba por los muslos en ríos blancos.
En “Historia del Sexo Masculino” el profesor Antonio (el mismo del año pasado) los hacía recrear escenas históricas. “La orgía romana”: todos desnudos, tumbados en cojines, comiendo uvas mientras se follaban. David fue el “esclavo favorito” del emperador (Antonio), quien lo folló durante toda la clase delante de todos, describiendo cada embestida como si fuera una lección.
—Observad cómo contrae el esfínter cuando está a punto de correrse… —decía Antonio mientras aceleraba, sus huevos peludos golpeando el culo de David con fuerza. David se corrió sin tocarse, disparando semen sobre su propio pecho.
Vida en la residencia Omega
Cada noche era diferente y más salvaje.
Una noche hicieron “Noche de Doble Penetración”. David se sentó sobre la polla gruesa de Raúl, bajando hasta que sus huevos se tocaron. Luego Víctor se colocó encima y empujó su verga junto a la de Raúl. David gritó de placer cuando dos pollas lo abrieron al límite. Sentía los dos troncos latiendo dentro de él, rozándose entre sí a través de la fina pared. Los demás los rodeaban pajeándose y corriéndose sobre sus cuerpos unidos.
Otra noche fue “Carrera de Corridas”. Ocho chicos en fila, culo en pompa. Cada uno tenía que follar al siguiente durante exactamente un minuto antes de pasar al siguiente. David folló a todos sus compañeros, sintiendo culos diferentes: el apretado de Mateo, el peludo y cálido de Javier, el profundo y experimentado de Raúl. Al final todos se corrieron casi al mismo tiempo, creando un charco enorme de semen en el suelo que luego lamieron entre risas.
Los fines de semana organizaban “Fiestas Temáticas”:
Fiesta de Orina: En las duchas, meando sobre los cuerpos de los demás mientras se follaban. David abrió la boca y dejó que Sergio le meara directamente mientras lo penetraba.
Fiesta de Fisting: David logró meter medio brazo en el culo de Javier, que gemía como un cerdo en celo, su polla gruesa disparando semen sin parar.
Noche Sin Lubricante: Solo saliva y precum. David folló el culo de Lucas durante casi una hora, entrando y saliendo con sonidos húmedos y sucios hasta que ambos estaban cubiertos de fluidos.
El Gran Evento: La Semana del Orgullo Nudista
La culminación del segundo año fue la Semana del Orgullo. Todo el campus participó en una mega-orgía de 48 horas.
El primer día: “Desfile de Pollas”. Todos los estudiantes marcharon desnudos por el campus, pollas erectas pintadas de colores. David llevaba la suya decorada con purpurina. En cada parada había estaciones de sexo: mamadas colectivas, folladas en bancos, etc.
El segundo día: “Torneo de Resistencia”. David llegó a la final contra Raúl. Los dos se follaron mutuamente durante horas delante de todo el campus. David montó la enorme polla de Raúl, rebotando con fuerza, su propio culo rojo e hinchado tragando cada centímetro. Raúl lo ponía en misionero y lo embestía salvajemente, haciendo que la polla de David saltara y salpicara precum.
—Quiero tu semen dentro hasta el fondo —suplicaba David.
Raúl rugió y se corrió tan fuerte que el semen salió a presión alrededor de su polla, chorreando del culo abierto de David.
La última noche fue la “Corrida Masiva Total”. Más de 3000 hombres reunidos en el campo central. David y sus siete compañeros fueron elegidos como “Receptores Centrales”. Los ocho se colocaron en una plataforma elevada, culos en alto, bocas abiertas.
Uno por uno, los miles de estudiantes se acercaron y se corrieron sobre ellos o dentro de ellos. David perdió la cuenta de cuántas cargas recibió. Su pelo, cara, espalda, culo y piernas estaban completamente cubiertos de semen espeso y caliente. Sentía cómo su interior estaba inundado, el líquido saliendo a borbotones cada vez que alguien nuevo lo follaba.
Sus siete compañeros lo rodeaban, besándolo, lamiendo el semen de su cuerpo, follándolo mientras otros se corrían encima. Fue un mar de carne, gemidos, sudor y placer absoluto.
Al final de la semana, David apenas podía caminar. Su culo estaba hinchado, rojo, permanentemente abierto y chorreando. Pero sonreía como nunca.
Epílogo del segundo año
La última noche en la residencia, los Ocho Salvajes se reunieron por última vez. No follaron con furia esta vez. Fue lento, cariñoso y profundo. David se tumbó en el centro y dejó que sus siete compañeros lo penetraran uno tras otro, despacio, mirándolo a los ojos, besándolo mientras descargaban dentro de él.
—Este año ha sido el mejor de mi vida —susurró David, con la voz rota de tanto gemir, mientras Víctor le llenaba el culo por última vez.
Cuando el autobús lo llevó de vuelta a casa, David ya no se molestó en vestirse. Se quedó desnudo en el asiento, polla semi-dura, culo todavía goteando recuerdos de miles de polvos.
Sabía que volvería para el tercer año.