30.5.26

ReLaTo. MeOs y otras cosas guarras, 5ªparte.



Habían pasado casi cuatro años desde aquel primer fin de semana salvaje en el camping nudista. Alex y Marcos ya no eran solo dos amigos que se ponían cachondos meando juntos en un callejón. Eran pareja consolidada: vivían juntos, habían enfrentado mudanzas, discusiones, éxitos laborales y, sobre todo, habían convertido su sexualidad en un lenguaje propio, profundo y sin tabúes. Marcos seguía jugando al waterpolo, ahora como capitán del equipo amateur. Alex había ascendido en su trabajo y tenía más libertad para escapadas.

El equipo había organizado de nuevo el retiro anual al mismo camping junto al lago. Esta vez, Alex y Marcos llegaron como pareja oficial. Aparcaron el coche bajo los pinos y se desnudaron nada más bajar, como mandaba la tradición del lugar. Sus cuerpos habían madurado juntos: Alex seguía teniendo aquella verga larga y ligeramente curvada hacia arriba, el culo redondo y firme. Marcos conservaba su polla más gruesa, sus hombros anchos y unas piernas potentes de tanto entrenar.

—Cuatro años, tío… —dijo Marcos, abrazándolo por detrás y besándole el cuello mientras sus pollas se rozaban—. Y sigo poniéndome como una piedra solo con verte desnudo.

Alex sonrió, girándose para besarlo en la boca con calma, metiendo la lengua despacio.

—Te quiero, cabrón. Vamos a disfrutar estos tres días como nunca.

El equipo los recibió con abrazos fuertes, palmadas en la espalda y alguna caricia más intencionada en el culo o la polla, pero siempre con respeto. Raúl, Pablo, Diego y los demás seguían siendo los mismos: atléticos, abiertos y felices de verlos juntos.

Instalaron la tienda grande que compartían con dos parejas más del equipo. Apenas terminaron de clavar las estacas, Marcos empujó a Alex contra un árbol cercano, fuera de la vista directa pero sin importarle demasiado si los veían. Le separó las nalgas con las dos manos y le enterró la cara entre ellas.

—Joder, cómo echaba de menos este culo —gruñó, lamiendo con lengua plana desde los huevos hasta el ano. Chupaba, besaba y metía la punta de la lengua dentro, saboreando el sabor natural de su hombre después del viaje.

Alex se agarró al tronco, gimiendo bajito.

—Cómemelo bien… ponme cachondo para todo el fin de semana.

Marcos lo comió durante varios minutos, metiendo dos dedos mientras le chupaba los huevos. Cuando Alex estaba jadeando y su polla larga soltaba hilos de precum, Marcos se levantó, escupió en su mano y le metió la polla gruesa de un solo empujón hasta los huevos.

—Ahhh… sí… lléname —gimió Alex, empujando hacia atrás.

Marcos lo folló contra el árbol con embestidas profundas y controladas, agarrándole las caderas. Cada vez que entraba del todo, sus huevos chocaban contra las nalgas de Alex. El sonido húmedo de carne contra carne se mezclaba con los pájaros y el viento entre los pinos.

—No te corras aún —susurró Marcos—. Quiero guardarte para luego.

Sacó la polla, todavía dura y brillante, y le dio un azote cariñoso. Se dirigieron al lago con el resto del grupo.

Por la tarde jugaron al waterpolo desnudos. Cada roce bajo el agua era eléctrico. Manos que agarraban pollas “por accidente”, cuerpos que se pegaban, risas. Al salir, todos estaban semierectos o completamente duros. Se tumbaron en la hierba.
Alex se tumbó sobre Marcos y empezaron a besarse despacio, sin prisa. Sus pollas se frotaban, dejando rastros de precum. Raúl se acercó con una sonrisa.

—¿Os importa si miramos? Hacéis una pareja preciosa.

—Mirad todo lo que queráis —respondió Alex—. Hoy y mañana somos de todos un poco… pero él es mío y yo soy suyo.

Marcos le levantó las piernas a Alex allí mismo, delante del grupo, y le volvió a comer el culo con devoción. Lengua profunda, dedos, saliva chorreando. Luego lo penetró en misionero sobre la toalla. Follaban con ritmo lento y profundo, mirándose a los ojos, susurrándose “te quiero” entre gemido y gemido.

Los demás se masturbaban alrededor, respetando el espacio de la pareja pero excitados por el espectáculo. Pablo se acercó y le ofreció su polla a Alex, que la chupó con ganas mientras era follado. Marcos aceleró, embistiendo más fuerte.

—Quiero mearte dentro —pidió Marcos.

—Hazlo, amor.

Marcos se concentró y soltó un chorro potente y caliente directamente en el recto de Alex mientras seguía follándolo. El pis salía alrededor de su polla gruesa, mojando las nalgas y la toalla. Alex gemía alto, pajeándose rápido. Cuando Marcos terminó de mear, folló con más fuerza y se corrió dentro con varios chorros espesos, gruñendo el nombre de Alex.

Alex se corrió segundos después, pintando su propio abdomen y el pecho de Marcos. Se besaron largo rato bajo las miradas cariñosas del equipo.

Por la noche, después de la barbacoa y unas cervezas, volvieron a la tienda. Alex y Marcos se metieron en su rincón con una manta fina. Follaron otra vez, esta vez Alex cabalgando sobre Marcos: subía y bajaba despacio, girando las caderas, apretando su ano alrededor de la verga gruesa. Se corrieron besándose, en silencio, solo con respiraciones agitadas y gemidos ahogados.

Amanecieron abrazados, pollas pegadas y semierectas. Se ducharon juntos en las duchas al aire libre. Alex se arrodilló bajo el chorro de agua y le meó a Marcos en la polla y el pecho. Marcos le devolvió el favor, apuntando a la boca abierta de Alex, que tragó parte mientras se pajeaba.

Desayunaron desnudos y luego hicieron una caminata ligera por el bosque. En un claro apartado, se tumbaron y follaron con calma. Marcos se puso encima en misionero, entrando y saliendo muy despacio, saboreando cada centímetro. 

Hablaban mientras follaban:
—Cuatro años y sigo enamorado de cómo me miras cuando te corro dentro —susurraba Marcos.

—Y yo de cómo me llenas… de cómo me cuidas después —respondía Alex, clavándole las uñas en la espalda.

Se corrieron juntos, abrazados fuerte.

Por la tarde el grupo organizó una sesión más colectiva. Alex y Marcos se colocaron en el centro de una gran manta circular. Uno a uno, los miembros del equipo se acercaron. Alex chupaba pollas mientras Marcos lo follaba. Raúl le metió su verga gruesa en la boca a Alex. Diego y Pablo se dejaban pajear. El ambiente era de celebración, risas y placer compartido.

Marcos folló a Alex en cuatro patas mientras este chupaba a Raúl. Luego cambiaron: Alex folló a Marcos por primera vez delante de todos. Entró despacio en el culo musculoso de su novio, embistiendo con amor y fuerza. Marcos gemía alto, pidiendo más.

—Fóllame, amor… lléname.

Alex se corrió dentro de él con un gruñido, y Marcos se corrió sobre la manta sin tocarse. Los demás descargaron sobre las espaldas y caras de la pareja, chorros calientes de semen que les corrían por la piel.

Más tarde, en el lago, hicieron watersports más intensos. Marcos meó dentro de Alex mientras flotaban abrazados en el agua. Alex meó sobre la polla de Marcos mientras este lo masturbaba. El sol, el agua fresca y el calor de sus cuerpos los tenían en un estado constante de excitación.

Por la noche, en la tienda, tuvieron su momento más íntimo. Alex tumbó a Marcos boca abajo y le dedicó casi una hora a comerle el culo: lengua, dedos, saliva, besos en las nalgas. Luego lo penetró despacio, tumbado sobre él, mordiéndole el cuello.

—Eres mi hombre… mi todo —le susurraba Alex al oído mientras lo follaba profundo.

Marcos se corrió frotándose contra la manta. Alex lo llenó de semen y se quedaron conectados, polla blanda aún dentro, hablando de futuro, de planes, de cuánto se querían.


El último día fue una mezcla de melancolía y deseo salvaje. Por la mañana follaron en la ducha: Marcos levantó a Alex contra los azulejos y lo folló de pie, con embestidas fuertes. El agua caliente caía sobre ellos mientras se besaban y gemían.

Por la tarde, el equipo completo se reunió para una sesión final. Alex y Marcos se tumbaron en el centro. Durante más de dos horas recibieron y dieron placer. Pollas en la boca, en el culo, manos por todas partes. Marcos folló a Alex mientras tres pollas le rodeaban la cara. Alex se corrió dos veces: una en la boca de Pablo, otra dentro de Marcos cuando los cambiaron.

Hubo meo colectivo: todos orinaron sobre la pareja mientras estos se besaban y follaban. El pis caliente corría por sus cuerpos, mezclándose con sudor y semen. Alex tragó de varios, excitadisimo. Marcos meó dentro del culo de Alex mientras Raúl lo follaba.

La culminación fue épica: Alex y Marcos se pusieron de rodillas, uno frente al otro, pajeándose mientras todo el equipo los rodeaba. Uno a uno, los jugadores se corrieron sobre ellos. Chorros espesos les cubrieron la cara, el pecho, la polla y el pelo. Cuando solo quedaron ellos, se miraron a los ojos y se corrieron mutuamente, mezclando su leche con la de los demás.

Se ducharon todos juntos, lavándose con cariño. Hubo abrazos, risas y promesas de repetir el año siguiente.

Por la noche, antes de marcharse, Alex y Marcos se escaparon solos al embarcadero. Se tumbaron desnudos bajo las estrellas y follaron por última vez en el camping: lento, profundo, lleno de amor. Marcos entró en Alex y se movió con ternura, besándole cada centímetro de piel que alcanzaba.

—Gracias por estos años —susurró Marcos.

—Gracias por ser mi casa —respondió Alex.

Se corrieron abrazados, con las pollas palpitando y los corazones latiendo al unísono. Se quedaron un rato más, pegajosos, oliendo a sexo, pis, lago y bosque, sabiendo que su relación seguía más fuerte que nunca.

De vuelta en el coche, ya vestidos para el regreso, Alex puso la mano en el muslo de Marcos.

—¿En casa seguimos?

Marcos sonrió y le besó los nudillos.

—Siempre.



DuChItA











 

ReLaTo. MeOs y otras cosas guarras, 5ªparte.

Habían pasado casi cuatro años desde aquel primer fin de semana salvaje en el camping nudista. Alex y Marcos ya no eran solo dos amigos que ...