1.11.26

ReLaTo. cOmIeZoS, parte 2


Volvieron a la sauna dos días después. Miguel había guardado el número de Edu y lo había usado esa misma noche, con el cuerpo todavía sensible y la cabeza llena de imágenes. Habían quedado para verse solos, sin la multitud de la vez anterior.

La sauna estaba casi vacía. Solo el vapor, el calor y ellos dos. Se desnudaron en silencio, mirándose. Edu tenía el mismo cuerpo perfecto, piel clara, sin vello, músculos definidos. Miguel notó cómo se le endurecía solo de verlo.

Esta vez fue Miguel quien tomó la iniciativa.

—Hoy quiero follarte yo —dijo, con la voz más firme de lo que esperaba—. Si tú también quieres.

Edu lo miró un segundo y sonrió, una sonrisa lenta, sincera.

—Quiero. Llevo dos días pensando en cómo se sentiría tu polla dentro de mí. Ven.

Se besaron primero, de pie, bajo el vapor. Manos explorando. Miguel le agarró el culo con las dos manos, apretando, separando las nalgas. Edu gemía suavemente contra su boca. La polla de Miguel, gruesa y dura, rozaba el vientre de Edu.

Miguel lo empujó con cuidado hacia el banco más ancho. Edu se sentó y luego se recostó de espaldas, las piernas abiertas, invitándolo. Miguel se arrodilló entre ellas. Empezó lamiéndole la polla, chupando la cabeza, bajando hasta los huevos, mientras le metía un dedo lubricado en el culo. Edu arqueó la espalda.

—Así… más —susurró.

Miguel añadió un segundo dedo, abriéndolo con paciencia, buscando el punto que le hacía temblar. Cuando Edu empezó a empujar contra su mano, Miguel se levantó, se colocó entre sus piernas y se aplicó lubricante generosamente.

—Mírame —pidió Miguel.

Edu abrió los ojos. Miguel alineó la polla y empujó despacio. La entrada de Edu era caliente, apretada, perfecta. Miguel entró centímetro a centímetro, sintiendo cómo lo envolvía. Cuando estuvo completamente dentro, se quedó quieto un momento, respirando fuerte, las manos sujetando las caderas de Edu.

—Joder… estás tan apretado —gimió Miguel—. Te sientes increíble.

Edu le rodeó la cintura con las piernas y lo atrajo más cerca.

—Muévete. Quiero sentirte todo.

Miguel empezó a follarlo con embestidas profundas y controladas. Cada vez que entraba hasta el fondo, Edu soltaba un gemido bajo, los ojos semi cerrados de placer. Miguel se inclinó sobre él, apoyando las manos a ambos lados de su cabeza, y lo besó mientras lo penetraba. Lengua contra lengua, respiraciones compartidas.

—Nunca había estado dentro de nadie —confesó Miguel entre embestidas—. Solo me había tocado solo… y la otra vez me follaron a mí. Esto es distinto. Te siento alrededor de toda mi polla.

Edu le acarició la cara con ambas manos, mirándolo a los ojos.

—Y a mí me gusta que seas tú. Que me mires mientras me la metes. Que me hables. Sigue, Miguel… más fuerte si quieres.

Miguel aceleró el ritmo. El sonido de piel contra piel llenó la sauna. La polla de Edu rebotaba entre sus cuerpos, dura y goteando. Miguel la agarró con una mano y se la masturbó al mismo ritmo que lo follaba. Edu gemía cada vez más alto.

—Voy a correrme —advirtió Edu, la voz rota—. No pares…

Miguel empujó más profundo, más rápido. Edu se corrió primero, semen caliente saliendo a chorros sobre su propio vientre y el pecho de Miguel. Las contracciones de su culo apretaron la polla de Miguel con fuerza. Miguel no pudo aguantar más. Se corrió dentro de él con un gemido largo, llenándolo, las caderas temblando mientras vaciaba todo lo que tenía.

Se quedaron unidos un rato, respirando agitados. Miguel le besó el cuello, el hombro, la boca.

—¿Estás bien? —preguntó, todavía dentro.

Edu sonrió, cansado y satisfecho.

—Más que bien. Quédate un poco así.

Miguel se movió despacio, casi sin salir del todo, disfrutando de las últimas contracciones. Luego se retiró con cuidado y se recostó a su lado. Se abrazaron bajo el vapor. Las manos de Miguel recorrían la espalda de Edu, el culo todavía sensible, con cariño.

—Me gustó ser el que te follaba —dijo Miguel en voz baja—. Me gustó verte correrte mientras yo estaba dentro. Me gustó que me pidieras más fuerte.

Edu se giró un poco para mirarlo.

—Y a mí me gustó entregarme a ti. Sentir que me deseabas de verdad, no solo usarme. Puedes follarme siempre que quieras, Miguel. Y yo también puedo follarte a ti cuando te apetezca. No hay reglas entre nosotros, solo lo que los dos queramos en cada momento.

Miguel lo besó otra vez, lento, profundo. La polla empezaba a endurecerse de nuevo solo de escucharlo.

—Quiero otra vez —susurró—. Ahora. Quiero correrme otra vez dentro de ti.

Edu se rio suavemente contra su boca y se puso a cuatro patas en el banco, ofreciéndole el culo todavía lleno de semen.

—Entonces fóllame. Sin prisa esta vez. Quiero sentirte largo rato. 

Miguel se colocó detrás, le acarició la espalda, le separó las nalgas y entró de nuevo en ese calor resbaladizo. Esta vez fue más lento, más profundo, más íntimo. Cada embestida iba acompañada de un beso en la nuca o de una caricia en el pecho. Hablaban entre gemidos:

—Así… justo ahí…

—Te siento tan bien, Edu…

—Más profundo, Miguel… lléname otra vez…

Cuando se corrieron por segunda vez, casi al mismo tiempo, se dejaron caer juntos sobre el banco, sudados, abrazados, las piernas entrelazadas. Miguel seguía dentro de él, suave ahora, y no tenía prisa por salir.

—Gracias por dejarme ser el activo hoy —dijo Miguel contra su oído—. Por confiar en mí.

Edu le apretó la mano.

—Gracias a ti por pedirlo con respeto. Eso es lo que hace que todo esto sea bueno. El deseo y el cariño juntos.

Se quedaron así hasta que el vapor empezó a bajar. Luego se ducharon juntos otra vez, lavándose con lentitud, besándose bajo el agua, las manos explorando sin urgencia. Antes de vestirse, Edu le dio un último beso largo.

—La próxima vez decidimos juntos quién folla a quién. O lo hacemos de las dos formas. Como nos apetezca.

Miguel asintió, sonriendo, el cuerpo cansado y el pecho lleno de una calma nueva.

Había sido activo. Había follado a Edu. Y había sentido exactamente lo mismo que la primera vez: deseo, respeto, y la certeza de que lo que quería era real.




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ReLaTo. cOmIeZoS, parte 2

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