11.4.26

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reLAtO. De CerO a CiEn



Luís tenía 29 años cuando conoció a Raúl en la universidad. Ambos estaban matriculados en un máster en administración de empresas, un programa nocturno diseñado para profesionales que trabajaban durante el día. Luís era un tipo tímido, con gafas de montura fina, cabello castaño corto y una complexión delgada pero atlética gracias a sus carreras matutinas. Venía de un pueblo pequeño en el interior de España, donde había crecido en una familia conservadora que nunca hablaba de temas "íntimos". A sus casi 30 años, Luís era virgen en todo sentido: nunca había besado a nadie, ni hombre ni mujer, y sus conocimientos sobre sexo se limitaban a vagas referencias en películas o conversaciones oídas por casualidad. Se enfocaba en sus estudios y su trabajo en una oficina de contabilidad, donde pasaba horas con números y hojas de cálculo.


Raúl, por otro lado, tenía 31 años y era todo lo contrario. Alto, con músculos definidos por el gimnasio, cabello negro ondulado y una barba bien recortada que le daba un aire de madurez sexy. Había vivido en Madrid toda su vida, openly gay desde la adolescencia, y tenía una experiencia sexual vasta y variada. Trabajaba como consultor en una firma de marketing, pero el máster era su forma de ascender. Raúl era extrovertido, carismático y siempre el centro de atención en las clases grupales. Notó a Luís desde el primer día: el chico callado que tomaba notas meticulosamente, ruborizándose cada vez que alguien hacía una broma subidita de tono.


Se conocieron durante un proyecto grupal sobre análisis financiero. Raúl se acercó a Luís después de clase, con una sonrisa confiada. "Oye, Luís, ¿te apetece que hagamos el trabajo juntos? Pareces saber mucho de contabilidad." Luís levantó la vista, sorprendido. "Eh, sí, claro. Sería genial." Intercambiaron números y empezaron a chatear sobre el tema. Raúl era directo, pero Luís respondía con timidez, siempre enfocado en los estudios.


Una semana después, Raúl invitó a Luís a su apartamento en el centro de Madrid. "Ven a casa, tengo un buen setup para estudiar. Ordenador grande, café decente y cero distracciones." Luís aceptó, nervioso pero emocionado. Era la primera vez que alguien lo invitaba a algo así. Llegó puntual, con su mochila llena de libros y un termo de té. Raúl abrió la puerta vestido con una camiseta ajustada que marcaba su pecho y pantalones deportivos grises que dejaban poco a la imaginación. "Pasa, colega. Bienvenido a mi humilde morada."


El apartamento era moderno: un salón amplio con sofá de cuero, una mesa de estudio con dos sillas y vistas a la calle bulliciosa. Empezaron con el proyecto, sentados uno al lado del otro. Raúl explicaba conceptos con facilidad, gesticulando con las manos. Luís tomaba notas, pero no podía evitar notar el olor a colonia fresca de Raúl, o cómo sus brazos rozaban accidentalmente. Después de una hora, Raúl sugirió un descanso. "Vamos a por algo de beber. ¿Cerveza o agua?" Luís optó por agua, ruborizándose. Mientras Raúl iba a la cocina, Luís miró alrededor y vio un póster de una banda de rock con un cantante semidesnudo. Se sintió incómodo, pero intrigado.


Volvieron al estudio. Estaban revisando balances financieros cuando Raúl hizo una broma: "Esto es como el sexo: hay que equilibrar entradas y salidas para no acabar en números rojos." Luís se rio nervioso, pero su rostro se puso rojo. "¿Qué? No... no sé de eso." Raúl lo miró, curioso. "¿De qué? ¿De balances?" "No, de... lo otro." Hubo un silencio. Raúl sonrió. "Espera, ¿me estás diciendo que no has...?" Luís bajó la vista. "Nunca. No sé nada. Mis padres nunca hablaban de eso, y yo... pues, no he tenido oportunidad.


" Raúl se inclinó hacia adelante, su voz baja y cálida. "Oye, no hay vergüenza en eso. Si quieres, puedo explicarte. Entre tema y tema, como decimos. Nada práctico si no quieres, solo charla."Luís tragó saliva. Su corazón latía fuerte. Siempre había sentido atracción por hombres, pero nunca lo había explorado. "Bueno... ¿por qué no? Pero solo explicar." Raúl asintió. "Perfecto. Vamos por partes. Primero, volvamos al estudio. Tema uno: ratios financieros."


Siguieron estudiando media hora más, calculando ROE y ROI. Luís se concentraba, pero su mente divagaba. Luego, Raúl pausó. "Bien, lección uno de sexo: el beso. Es como un preludio en una sinfonía. Empieza suave." Se acercó un poco. "¿Quieres probar?" Luís dudó, pero asintió. Raúl se inclinó y rozó sus labios con los de Luís. Fue suave, cálido. Luís sintió un cosquilleo en todo el cuerpo. Raúl se apartó. "Ves? Eso es básico. Ahora, lengua: abre la boca un poco." Volvió a besarlo, introduciendo la lengua suavemente, explorando. Luís jadeó, su mano temblando sobre la mesa. El beso duró un minuto, y cuando se separaron, Luís estaba sonrojado y excitado. "Guau... eso fue... intenso." Raúl rio. "Bienvenido al mundo. Ahora, volvamos a los libros. Tema dos: análisis de riesgos."


Estudiaron otro rato, discutiendo casos prácticos. Luís cometió un error en un cálculo, y Raúl lo corrigió con paciencia. Luego, nuevo descanso. "Lección dos: el cuerpo. Todos tenemos zonas erógenas. El cuello, por ejemplo." Raúl se levantó y se acercó por detrás de Luís, que estaba sentado. Besó su cuello suavemente, lamiendo la piel. Luís gimió, sintiendo una erección creciente en sus pantalones. "Siente eso? Es arousal." Raúl deslizó una mano por el pecho de Luís, sobre la camisa, rozando un pezón. "Los pezones son sensibles en hombres también." Luís arqueó la espalda. "Dios... no pares." Pero Raúl se apartó. "Poco a poco. Estudiemos más."


La noche avanzaba. Terminaron el capítulo de finanzas corporativas. Luís estaba más relajado, pero su cuerpo bullía. Raúl propuso: "Lección tres: masturbación. ¿Lo has hecho?" Luís negó con la cabeza. "No realmente... no sé cómo." Raúl sonrió. "Es fácil. Te enseño." Se sentó al lado y bajó sus propios pantalones, revelando boxers ajustados con un bulto evidente. "Mira." Sacó su pene, semierecto, de unos 18 cm, grueso y venoso. Luís lo miró fijamente, hipnotizado. Raúl empezó a acariciar lentamente, de arriba abajo. "Agarras así, con lubricante si quieres, pero saliva sirve." Escupió en su mano y siguió, gimiendo suavemente. "Sube y baja, varia el ritmo." Luís sintió su propia erección presionando. "¿Puedo... tocar?" Raúl asintió. Luís extendió la mano temblorosa y tocó el pene de Raúl, suave y caliente. Lo apretó, imitando el movimiento. Raúl jadeó. "Bien... así." Guió la mano de Luís, acelerando. Pronto, Raúl eyaculó, chorros blancos salpicando su abdomen. "Eso es un orgasmo." Luís estaba al borde. "Ahora tú." Raúl ayudó a Luís a bajar sus pantalones. El pene de Luís era más delgado, unos 15 cm, pero duro como roca. Raúl lo tomó en su mano, lubricando con saliva. "Relájate." Empezó a masturbarlo lento, luego rápido. Luís gimió alto, cerrando los ojos. "Oh... Raúl..." Explotó en minutos, semen caliente en la mano de Raúl. Se derrumbó, jadeando. "Increíble."


Limpiaron y volvieron a estudiar. Discutieron estrategia empresarial, pero ahora con toques: Raúl rozaba la pierna de Luís bajo la mesa. Al final de la sesión, Raúl dijo: "Mañana más. Ven de nuevo." Luís asintió, adicto ya.


La segunda sesión fue al día siguiente. Luís llegó ansioso. Empezaron con marketing digital. Raúl explicaba SEO mientras Luís tomaba notas. Después de 45 minutos, pausa. "Lección cuatro: oral. El sexo oral es dar placer con la boca." Raúl se arrodilló frente a Luís, que estaba sentado. Bajó sus pantalones y boxers, exponiendo el pene flácido de Luís. "Relájate." Besó la punta, lamiendo el glande. Luís jadeó. Raúl lo tomó en la boca, succionando suave, moviendo la lengua en círculos. Subía y baja, deepthroating hasta la base. Luís agarró el cabello de Raúl, gimiendo. "Joder... eso es... ahhh." Raúl aceleró, usando una mano para masajear los testículos. Luís eyaculó en su boca, Raúl tragando todo. "Sabe salado, pero bueno." Luego, intercambiaron. Luís se arrodilló, nervioso. Raúl guió: "Empieza lamiendo." Luís lamió el pene de Raúl, probando el sabor preeyaculatorio. Lo metió en la boca, chupando torpemente al principio, pero mejorando. Raúl gimió. "Usa menos dientes... sí, así." Luís succionó fuerte, y Raúl vino, llenando su boca. Luís escupió al principio, pero tragó un poco. "No está mal."


Estudiaron más: redes sociales en negocios. Raúl tocaba el muslo de Luís mientras explicaba. Nueva lección: "Anal. Pero vamos paso a paso. Primero, dedos." Usaron lubricante que Raúl sacó de un cajón. Raúl se untó un dedo y lo insertó suavemente en el ano de Luís, que estaba de lado en el sofá. "Relaja los músculos." Encontró la próstata, masajeando. Luís gritó de placer, su pene endureciéndose de nuevo. "Eso es el punto P." Dedos dos, luego tres, estirando. Luís se masturbaba mientras. Eyaculó sin tocarse mucho. Luego, Luís fingió a Raúl, insertando dedos lubricados. Raúl gemía, guiándolo. "Más profundo... sí."


La sesión terminó con ellos exhaustos, pero el proyecto avanzado.


Tercera sesión: enfocados en ética empresarial. Luís ya era más confiado. Entre temas, lección avanzada: "Penetración." Raúl sacó condones y lubricante. "Siempre seguro." Se desnudaron completamente. Raúl era musculoso, velludo en el pecho. Luís delgado, suave. Raúl preparó a Luís con dedos, luego se puso el condón. "De rodillas, primero." Luís se posicionó en el sofá, culo en alto. Raúl entró lento, centímetro a centímetro. Luís dolió al principio, pero luego placer puro. Raúl empujaba rítmico, golpeando la próstata. "Joder, estás apretado." Luís gemía: "Más fuerte." Raúl aceleró, sudando, agarrando caderas. Eyaculó dentro del condón. Luego, Luís penetró a Raúl, nervioso pero excitado. Entró fácil, Raúl gimiendo. "Fóllame." Luís empujó, encontrando ritmo, viniendo rápido.


Estudiaron liderazgo, con breaks para besos y toques. 


Luís llegó al apartamento de Raúl con el pulso acelerado. Eran las nueve de la noche del viernes y el proyecto grupal aún tenía tres capítulos pendientes, pero ambos sabían que el estudio sería solo la excusa. La primera sesión había sido un descubrimiento tímido; la segunda, una explosión de curiosidad oral y anal preliminar. Ahora, en la tercera visita, Luís ya no era el mismo chico que se ruborizaba con una broma. Venía con hambre.


Raúl abrió la puerta descalzo, solo con unos joggers negros ajustados que marcaban cada centímetro de sus muslos y la prominente curva de su entrepierna. Sin camiseta. El torso definido, ligeramente velludo en el pecho y la línea que bajaba hasta el ombligo, brillaba bajo la luz cálida del salón. Olía a ducha reciente y a esa colonia amaderada que volvía loco a Luís.


—Pasa, profesor —dijo Raúl con voz ronca, cerrando la puerta y empujando suavemente a Luís contra ella antes de que pudiera quitarse los zapatos—. Hoy vamos a avanzar mucho… en todo.


Le dio un beso brutal desde el principio: lengua invadiendo, mordiendo el labio inferior de Luís hasta hacerle soltar un gemido ahogado. Sus manos ya estaban bajo la camisa de Luís, pellizcando pezones endurecidos, arañando ligeramente la piel de la espalda. Luís se arqueó, sintiendo cómo su polla se ponía dura en segundos contra el muslo de Raúl.


—Joder… Raúl… el proyecto…


—Primero el proyecto —susurró Raúl contra su boca—, luego te destrozo.


Se sentaron a la mesa. Raúl había preparado café fuerte y tenía el portátil abierto en el capítulo de ética empresarial y responsabilidad social corporativa. Luís intentaba concentrarse, pero cada vez que Raúl se inclinaba para señalar algo en la pantalla, su pecho rozaba el brazo de Luís, su aliento caliente le llegaba al cuello. Después de veinte minutos de explicaciones serias sobre códigos de conducta y dilemas éticos, Raúl se levantó.


—Descanso obligatorio. Quítate la camisa.


Luís obedeció sin dudar. Se quedó en camiseta interior blanca y vaqueros. Raúl se acercó por detrás, rodeándole la cintura con los brazos, besándole el cuello mientras sus manos bajaban al botón del pantalón.


—Lección de hoy número uno: control del placer. Edging intensivo.


Bajó la cremallera lentamente, metiendo la mano dentro de los bóxers. La polla de Luís saltó libre, ya goteando. Raúl la agarró con firmeza, pero no se movió. Solo apretó la base, impidiendo que la sangre fluyera con normalidad.


—No te corras hasta que yo diga. Si lo haces sin permiso, te ato y te dejo así toda la noche.


Luís jadeó, las caderas moviéndose por instinto. Raúl empezó un movimiento lentísimo, apenas subiendo y bajando dos centímetros, el pulgar frotando el frenillo hinchado cada pocos segundos. Cada vez que sentía que Luís estaba al borde —los testículos subiendo, la respiración entrecortada—, paraba en seco y apretaba la base con más fuerza.


—Cuéntame qué sientes —ordenó Raúl.


—Arde… todo arde… por favor…


—No. Sigue leyendo el apartado de sobornos corporativos. En voz alta.


Luís lo intentó, pero la voz se le quebraba cada vez que Raúl volvía a masturbarlo despacio. Leyó tres párrafos entre gemidos, con la polla palpitando en la mano de Raúl, goteando precum que caía en hilos largos sobre el suelo de parquet. Después de quince minutos de tortura, Raúl lo soltó de golpe.


—Buen chico. Ahora quítate todo.


Luís se desnudó temblando. Raúl hizo lo mismo, revelando su polla gruesa, ya completamente erecta, venas marcadas, glande brillante. Se sentó en el sofá y señaló el suelo entre sus piernas.


—De rodillas. Lección dos: throat training avanzado.


Luís se arrodilló. Raúl le agarró el pelo con una mano, guiando la cabeza hacia su polla.


—Abre bien. Relaja la garganta. Hoy vas a llegar hasta la base sin arcadas… o lo intentaremos hasta que lo consigas.


Empezó despacio. Luís lamió el tronco, succionó el glande, tragó saliva para lubricar. Raúl empujó poco a poco. Cuando llegó al fondo de la garganta, Luís se tensó, ojos llorosos, pero Raúl no lo dejó retroceder.


—Respira por la nariz. Aguanta. Siente cómo late dentro de ti.


Mantuvo la polla enterrada diez segundos, luego quince, luego veinte. Luís gemía alrededor del grosor, saliva cayendo por la barbilla. Raúl empezó a follarle la boca con empujes controlados pero profundos, cada vez más rápidos. El sonido húmedo llenaba el salón: gluck-gluck-gluck. Luís se masturbaba furiosamente, pero Raúl le apartó la mano.


—Ni se te ocurra correrte todavía.


Después de varios minutos, Raúl se salió, la polla brillante de saliva. Levantó a Luís y lo tiró boca abajo sobre la mesa del comedor, justo encima de los apuntes y el portátil cerrado.


—Lección tres: preparación anal profunda.


Sacó un bote grande de lubricante y un plug de silicona negro, mediano pero grueso en la base. Untó generosamente el ano de Luís, metiendo primero un dedo, luego dos, luego tres. Los movía en tijera, abriendo, girando, golpeando la próstata hasta que Luís gritaba y empujaba hacia atrás.


—Más… joder, más…


Raúl introdujo el plug lentamente. Luís se tensó al principio, pero cuando la parte más ancha pasó el anillo muscular y se asentó dentro, soltó un gemido largo y profundo. Raúl lo dejó ahí, vibrando ligeramente con cada latido.


—Ahora levántate. Vamos a estudiar con esto dentro.


Volvieron a la mesa. Luís se sentó con cuidado, el plug presionando justo en la próstata. Cada movimiento era una descarga de placer. Intentaron leer sobre gobernanza corporativa, pero Luís apenas podía hablar. Raúl, sentado a su lado, le acariciaba la polla despacio mientras comentaba en voz baja:—Mira este gráfico de ratios de endeudamiento… ¿lo ves? Igual que tú ahora: al límite, a punto de reventar.


Después de media hora de agonía deliciosa, Raúl se levantó.


—Suficiente teoría. Práctica total.


Lo llevó al dormitorio. La cama king size estaba preparada: sábanas negras, toallas, más lubricante, condones, un dildo más grande y unas esposas de cuero suave.


—Manos arriba.


Luís obedeció. Raúl le ató las muñecas al cabecero. Luego le puso un antifaz negro.


—No veas. Solo siente.


Empezó con besos brutales por todo el cuerpo: mordiendo pezones hasta dejar marcas rojas, lamiendo el ombligo, chupando los testículos uno por uno mientras sacaba el plug de un tirón lento. Luís gritó cuando el vacío lo llenó de golpe.


Raúl lo giró boca abajo, culo en alto. Se puso un condón, se lubricó abundantemente y apoyó el glande en la entrada ya abierta.


—Respira hondo. Te voy a follar hasta que supliques.


Entró de una sola embestida lenta pero implacable. Luís gritó, mezcla de dolor y placer extremo. Raúl se quedó quieto unos segundos, dejando que se acostumbrara al grosor, luego empezó a moverse: salidas casi completas y entradas profundas, golpeando la próstata con precisión quirúrgica.


—Dime cuánto te gusta.


—Mucho… joder… rómpeme…


Raúl aceleró. El sonido de piel contra piel era ensordecedor. Agarró las caderas de Luís con fuerza, dejando huellas de dedos. Cambió de ángulo, follándolo más profundo, más rápido. Luís lloraba de placer, la polla goteando sin parar sobre las sábanas.


Raúl se salió de repente, quitó el condón y se masturbó furiosamente sobre la espalda de Luís, eyaculando chorros calientes que resbalaron hasta el culo abierto.


—Aún no has terminado —dijo jadeando—. Ahora tú me follas a mí.


Desató a Luís, le quitó el antifaz. Raúl se puso a cuatro patas, culo musculoso alzado, agujero rosado y brillante de lubricante.


—Sin condón esta vez. Quiero sentirte crudo dentro.


Luís, todavía temblando, se colocó detrás. Entró despacio al principio, pero Raúl empujó hacia atrás con fuerza.


—Más duro. Fóllame....


Luís perdió el control. Empujaba con toda su fuerza, agarrando las caderas de Raúl, embistiendo sin piedad. Raúl gemía alto, masturbándose al ritmo.


—Más rápido… joder… destrózame el culo…


Luís sintió el orgasmo acercarse como un tren. Raúl lo notó.


—Córrete dentro. Lléname.


Luís explotó con un grito ronco, eyaculando profundo, chorros calientes llenando a Raúl. Siguió empujando durante el orgasmo, ordeñándose dentro hasta la última gota.


Se derrumbaron juntos, sudados, jadeantes. Pero Raúl no había terminado.


—Una lección más antes de dormir: rimming y 69 prolongado.


Se colocaron en posición inversa. Raúl devoró el culo de Luís, lengua profunda, succionando el agujero hinchado, metiendo dedos mientras lamía. Luís hizo lo mismo con Raúl, saboreando su propio semen mezclado con lubricante, lamiendo con avidez. Al mismo tiempo se chupaban mutuamente, pollas sensibles pero aún duras.


Duraron casi media hora más, llegando a orgasmos secos, temblores, gemidos ahogados. Finalmente, exhaustos, se abrazaron.


Al día siguiente siguieron estudiando… y follando. Durante semanas. El proyecto se entregó con nota sobresaliente.

Pero lo que realmente aprobaron fue la asignatura del deseo sin límites.


Luís ya no era virgen. Era adicto. Y Raúl era su profesor favorito… para siempre.



 Pero su relación continuó. Luís ya no era inocente; era adicto al cuerpo de Raúl, al placer. Vivían aventuras: sexo en el baño de la uni, en el coche. Raúl le presentó amigos, pero Luís solo lo quería a él.


Años después, a los 32, vivían juntos. Luís dirigía su propia firma, Raúl ascendido. Su amor empezó con estudios, pero creció en lecciones de pasión.

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