19.7.26

FlUiDoS











 

ReLaTo. LaS pRiMerAs vEcES



Isaac salió de la ducha con el cuerpo aún húmedo, las gotas brillando sobre su piel oscura y tonificada. El vapor del baño envolvía el pequeño apartamento como una niebla cálida y cargada de anticipación. Se miró en el espejo empañado por un segundo, ajustando la cadena de perlas blancas que le rodeaba el cuello —un regalo de Victor de aquella noche en la que se confesaron sus sentimientos por primera vez—. Tenía el torso marcado por horas de gimnasio, los músculos de la espalda anchos y definidos, y las nalgas firmes y redondas que ahora quedaban completamente expuestas.

En su mano izquierda sostenía su propio pene, grueso, pesado y semierecto, todavía goteando algunas gotas de agua de la ducha. Lo acariciaba lentamente, mirándose, preparándose mentalmente para lo que iba a pasar esa noche. No era un objeto cualquiera; era su carne, palpitante y real, lista para Victor.

—Victor… ¿estás listo? —preguntó Isaac con voz grave, casi ronca.

Desde el bidé, al otro lado del baño, llegó la respuesta entrecortada de Victor.

—Estoy… intentando. Joder, esto es más raro de lo que pensaba.

Victor estaba sentado en el bidé, completamente desnudo, con las piernas abiertas y el agua tibia corriendo por su entrepierna. Era más delgado que Isaac, de piel clara, cabello castaño revuelto y ojos grandes que ahora miraban al suelo con una mezcla de vergüenza y excitación. Era su primera vez. La de ambos. Dos años de amistad, de miradas que se alargaban demasiado, de roces “accidentalmente” prolongados… y finalmente la decisión de dar el paso. Hoy.

Isaac se acercó despacio, descalzo sobre las baldosas frías. Su pene, ahora completamente duro por la sola visión de Victor en esa postura tan vulnerable, se balanceaba con cada paso, grueso y venoso, la cabeza ancha brillando. Se detuvo frente al bidé y se agachó un poco, apoyando una mano grande sobre el muslo pálido de Victor mientras con la otra seguía sosteniendo su propia erección.

—Déjame ver —murmuró.

Victor separó más las piernas, mordiéndose el labio inferior. El chorro de agua del bidé le lavaba el ano con suavidad, limpiando cada pliegue. Isaac observó fascinado cómo el agua corría entre las nalgas firmes pero suaves de su amigo, cómo el agujero rosado se contraía ligeramente por la temperatura y la vergüenza.

—Estás precioso así —dijo Isaac con sinceridad—. Tan abierto… tan limpio para mí.

Victor soltó una risa nerviosa.

—No me digas eso o me voy a poner rojo entero.

Su polla ya estaba dura, curvándose hacia arriba contra su vientre plano. Isaac sonrió y extendió la mano libre, rozando con dos dedos el borde del ano de Victor mientras el agua seguía cayendo. Victor dio un respingo.

—Tranquilo… solo estoy comprobando —susurró Isaac.

El dedo índice de Isaac, mojado por el agua, presionó suavemente contra el músculo. No entró. Solo acarició, trazando círculos lentos. Victor cerró los ojos y dejó escapar un gemido bajo. Era la primera vez que alguien más tocaba ahí. La sensación era extraña, íntima, eléctrica.

Isaac cerró el grifo del bidé. El silencio repentino hizo que los latidos de ambos se escucharan con más fuerza. Tomó una toalla pequeña y seca, y con cuidado limpió el exceso de agua de las nalgas y el ano de Victor. Luego se inclinó y, sin previo aviso, pasó la lengua por la piel húmeda.

—Isaac… —jadeó Victor, agarrándose al borde del bidé.

La lengua de Isaac era caliente, insistente. Recorrió desde el perineo hasta la base de las bolas, luego subió y rodeó el agujero fruncido con lentitud deliberada. Victor temblaba. Sus muslos se abrían más por instinto. Isaac lamió con más presión, empujando la punta de la lengua contra la entrada, saboreando el gusto limpio y ligeramente jabonoso.

—Sabes tan bien… —gruñó Isaac contra la carne.

Victor estaba perdido. Su polla goteaba líquido preseminal sobre su abdomen. Nunca había imaginado que sentirse tan expuesto pudiera excitarlo tanto. Isaac se incorporó, su propia erección ahora completa, gruesa, venosa y pesada, apuntando hacia arriba contra su vientre marcado. La sostuvo en la mano y la movió lentamente, mostrándosela a Victor.

—Quiero que sea esto lo que sientas dentro —dijo con voz ronca.

Se besaron de pie junto al bidé, cuerpos pegados, el pene de Isaac presionando contra el abdomen de Victor. Luego Isaac lo tomó de la mano y lo llevó al dormitorio. Había preparado todo: luces tenues, una toalla grande sobre las sábanas, lubricante y condones en la mesita. Se tumbaron de lado, frente a frente. Sus cuerpos se pegaron. La piel caliente de Isaac contra la más fresca de Victor. Sus pollas se rozaron, duras y palpitantes.

Se besaron despacio al principio. Labios suaves, lenguas tímidas que poco a poco se volvieron más hambrientas. Isaac agarró las nalgas de Victor y las separó, acariciando el ano todavía húmedo con las yemas de los dedos. Victor gemía dentro de su boca.

—¿Quieres que sea yo el primero? —preguntó Isaac, separándose apenas.

Victor asintió, respirando agitado.

—Sí… quiero sentirte dentro. Pero ve despacio, ¿vale?

Isaac besó su cuello, su pecho, bajó por el abdomen hasta llegar a la polla de Victor. La tomó con la mano y la chupó con devoción. Victor arqueó la espalda, agarrando las sábanas. La boca de Isaac era experta a pesar de ser su primera vez juntos; succionaba, lamía la cabeza hinchada, bajaba hasta la base y volvía a subir. Al mismo tiempo, un dedo lubricado presionaba contra el ano de Victor.

—Relájate… —susurró Isaac antes de introducir el dedo lentamente.

Victor soltó un gemido largo. La intrusión quemaba un poco, pero el placer era mayor. Isaac movía el dedo con cuidado, buscando la próstata. Cuando la encontró, Victor dio un grito ahogado y sus caderas se movieron solas.

—Ahí… joder, ahí.

Isaac añadió un segundo dedo, estirando con paciencia mientras seguía chupando. Victor estaba al borde. Sus bolas se tensaban.

—No te corras todavía —pidió Isaac, soltando la polla con un sonido húmedo—. Quiero que te corras conmigo dentro.

Se colocó entre las piernas abiertas de Victor. El pene de Isaac, grueso y largo, brillaba con lubricante. Lo posicionó contra el ano reluciente y empujó muy despacio. La cabeza ancha abrió el músculo. Victor apretó los dientes, respirando profundo.

—Respira… eso es —lo animaba Isaac, acariciándole los muslos.

Centímetro a centímetro, Isaac entró. Era apretado, caliente, perfecto. Cuando estuvo completamente dentro, ambos se quedaron quietos, mirándose a los ojos. La conexión era abrumadora. Isaac se inclinó y lo besó con ternura.

—Estás tan apretado… me estás matando de placer.

Empezó a moverse. Salidas lentas, entradas profundas pero suaves. Victor gemía con cada embestida, sintiendo cómo la polla gruesa de Isaac rozaba su próstata una y otra vez. Sus cuerpos sudaban. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación junto con sus jadeos.

Isaac aceleró poco a poco. Agarró las caderas de Victor y lo folló con más ritmo, pero siempre atento a sus reacciones. Victor se masturbaba al mismo tiempo, su mano moviéndose rápido sobre su propia polla.

—Isaac… estoy cerca —advirtió.

—Yo también… córrete conmigo.

Las embestidas se volvieron más fuertes. El colchón crujía. Victor arqueó la espalda y se corrió con un grito, chorros gruesos de semen salpicando su pecho y abdomen. Su ano se contrajo violentamente alrededor de la polla de Isaac, llevándolo al orgasmo. Isaac gruñó, empujando hasta el fondo y corriéndose dentro del condón, pulsando con fuerza mientras llenaba el látex.

Se derrumbaron juntos, abrazados, respirando agitados. Isaac salió con cuidado y se quitó el condón. Besó la frente sudorosa de Victor.

—¿Estás bien?

Victor sonrió, exhausto pero radiante.

—Más que bien… ha sido… increíble. Mi primera vez contigo.

Se quedaron en silencio un rato, acariciándose perezosamente. Pero la noche era joven. Después de una ducha juntos —donde Isaac volvió a arrodillarse y lamer el ano de Victor bajo el agua—, regresaron a la cama. Esta vez Victor quería probar. Se colocó encima de Isaac, besándole el pecho, bajando hasta su polla ya medio dura otra vez.

—Quiero chupártela bien —dijo Victor con timidez.

Y lo hizo. Torpe al principio, pero entusiasta. Isaac le guiaba la cabeza con suavidad, gimiendo elogios. Luego Victor se sentó sobre él, bajando despacio sobre la polla lubricada de nuevo. Esta vez sin condón —habían decidido hacerse pruebas antes—, sintiendo la piel caliente y gruesa directamente. Cabalgó a Isaac con movimientos cada vez más seguros, rebotando sobre sus caderas fuertes. Isaac lo sujetaba por la cintura, empujando hacia arriba, admirando cómo el cuerpo de Victor se movía encima de él.

—Eres tan sexy… —gruñó Isaac.

Se corrieron por segunda vez, Victor derramándose sobre el abdomen de Isaac, este llenándolo por dentro con un gemido gutural.

Se durmieron pegados, piel contra piel, con las piernas entrelazadas. Pero a medianoche Isaac despertó con una erección dolorosa. Victor dormía boca abajo. Isaac no pudo resistirse. Besó la espalda de Victor, separó sus nalgas y volvió a lamerlo con hambre. Victor despertó gimiendo, ya duro otra vez.

—Otra vez… —susurró Victor, aún somnoliento pero excitado.

Isaac lo penetró de lado, despacio, abrazándolo por detrás. Esta vez fue lento, romántico. Movimientos profundos y largos, besos en el cuello, una mano masturbando a Victor al mismo ritmo. Se corrieron casi al unísono, susurros de “te quiero” escapando de sus labios.
Cuando amaneció, habían hecho el amor cuatro veces. El cuerpo de Victor estaba sensible, lleno de marcas de besos y mordiscos suaves. Isaac tenía arañazos leves en la espalda. Se ducharon juntos por tercera vez, riendo, besándose bajo el agua.

—Esto solo es el principio —dijo Isaac mientras secaba a Victor con la toalla.

Victor lo miró con ojos brillantes.

—Sí. Y quiero que todas las “primeras veces” sean contigo.

Se prepararon el desayuno desnudos, tocándose constantemente, incapaces de dejar de sonreír. La imagen de Isaac de pie en el baño, con su cuerpo imponente y su pene grueso en la mano, había sido solo el comienzo de una noche que ninguno de los dos olvidaría jamás.

rElAtO. DomiNacIoN

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fLaCIdAS

 











18.7.26

RelATo. FoTos ExpLIcItAS



Borja acababa de cumplir 22 años y había descubierto, hacía solo unas semanas, lo mucho que le excitaba exponerse. Era un chico delgado pero bien formado, con cara angelical, ojos claros y labios carnosos que ahora mismo estaban fruncidos en un beso provocador frente a la cámara del móvil.

Todo había empezado dos noches atrás en un bar del centro. Jorge, de 25 años, moreno, alto y con una sonrisa confiada, se le había acercado mientras Borja pedía una copa. La conversación fluyó rápido, con miradas cargadas y roces “accidentales”. Terminaron besándose en un rincón oscuro del local y acabaron en el coche de Jorge, donde Borja le hizo una mamada rápida y desesperada. Se corrió en la boca de Borja y se intercambiaron los números antes de despedirse.

Desde entonces, no habían parado de escribirse.

Al principio eran mensajes normales:
Jorge:
Me encantó tu boca la otra noche. No dejo de pensarlo.

Borja:
Yo sigo saboreándote…

Pero pronto la cosa subió de tono.


Borja envió la primera foto: él sin camiseta, recién salido de la ducha, con el pelo mojado y una toalla baja en las caderas. Jorge respondió con una foto de su polla semierecta dentro del bóxer.

Al día siguiente Borja se atrevió a más. Se hizo una foto de espaldas, completamente desnudo, mirando por encima del hombro con cara de deseo. Jorge contestó con un vídeo corto masturbándose lentamente.

Jorge:
Quiero follarte tan fuerte que no puedas caminar.

Borja:
Pues ven y hazlo…

Borja estaba solo en su habitación, cachondo perdido después de una hora de chat. Se quitó la camisa de rayas verdes y blancas que llevaba, pero se la dejó abierta. Se tumbó en la cama, se untó la polla con saliva y aceite y empezó a masturbarse despacio.

La polla de Borja era grande para su complexión: gruesa, con una cabeza rosada y muy sensible. Cuando estaba completamente duro, brillaba. Se agarró la base con una mano y enfocó la cámara desde arriba, justo como en la foto.

Pulsó el botón.

La imagen quedó perfecta: su cara con labios fruncidos en un beso juguetón, ojos mirando directamente a cámara, y su polla gruesa ocupando el primer plano, brillante de precum, con un hilo transparente y largo cayendo desde la punta.

La envió sin pensarlo dos veces.

Jorge tardó menos de diez segundos en responder.

Jorge:
Joder Borja… qué polla más rica tienes. Me estás matando.

Borja:
¿Te gusta? Está así por ti…

Jorge:
Quiero que me la envíes chorreando más. Mastúrbate para mí.

Borja obedeció. Colocó el móvil en un ángulo y grabó un vídeo corto: su mano subiendo y bajando por el tronco grueso, la cabeza hinchada brillando, más precum saliendo. Al final del vídeo se lamió los labios y susurró:
—Quiero que me folles mientras te envío fotos como esta.

Jorge respondió con un vídeo suyo: estaba en el baño del trabajo, puerta cerrada, sacando su polla gruesa y venosa, masturbándose con fuerza.

Jorge:
Mira cómo me tienes. Quiero correrme en esa cara de angelito que tienes.

Los siguientes días fueron una escalada constante.

Borja empezó a enviarle fotos en diferentes situaciones:
Sentado en el váter, piernas abiertas, polla dura y huevos colgando.
De rodillas en la cama, culo hacia la cámara con un plug pequeño.
En la ducha, agua cayendo sobre su polla erecta.

Por la noche, en la oscuridad, solo iluminado por la pantalla del móvil, con la polla brillando de saliva porque se la había estado chupando él mismo.

Jorge también subía el nivel: fotos de su polla contra su abdomen, vídeos corriéndose, capturas de cómo se masturbaba viendo las fotos de Borja.

Una semana despues Borja estaba especialmente caliente. Se puso la misma camisa de rayas que llevaba en la primera foto explícita, se sentó en el borde de la cama y repitió la pose. Esta vez se masturbó más rato, hasta que la polla le brillaba literalmente de precum. El hilo que salía era más largo y espeso.

Envió la foto con un mensaje:
Borja:
Esta es para ti. Imagina que es tu boca la que está debajo.

Jorge llamó inmediatamente. Hablaron por teléfono mientras se masturbaban. Borja gemía sin vergüenza, describiendo cómo le gustaría que Jorge le abriera el culo y le llenara.

—Quiero que me mandes un vídeo corriéndote en tu mano y luego lamiéndotela —pidió Jorge.

Borja lo hizo. Se corrió abundantemente, recogió el semen con los dedos y se lo llevó a la boca mientras grababa, mirando a cámara con cara satisfecha.


La obsesión era mutua. Se enviaban fotos casi cada hora. Borja se había vuelto adicto a la validación y al morbo de saber que Jorge se corría mirando sus imágenes.

Una tarde Borja fue al gimnasio y desde los vestuarios le envió una foto recién duchado, polla semierecta y todavía mojada. Jorge respondió desde su coche, aparcado en un parking, con la polla fuera del pantalón.

Por la noche, Borja se tumbó desnudo en la terraza de su piso (con cuidado de que nadie lo viera) y grabó un vídeo masturbándose bajo las estrellas, susurrando el nombre de Jorge al correrse.

Borja volvió a repetir la foto icónica. La misma camisa de rayas abiertas, la misma pose. Pero esta vez estaba más cachondo que nunca. Se había pasado media hora edging, masturbándose sin correrse.

La polla estaba hinchada, roja, brillante. El precum formaba un hilo grueso que caía hasta sus huevos. Su cara era pura provocación: labios fruncidos, ojos con deseo, un poco de rubor en las mejillas.

La envió con el texto:
Borja:
Quiero que vengas mañana y uses esta polla como te dé la gana. Quiero que me folles, que me comas, que me llenes. Estoy completamente loco por ti.

Jorge respondió con voz grave en un audio:
—Eres un vicio, Borja. Mañana voy a tu casa y te voy a hacer todo lo que llevo días imaginando. Te voy a comer ese culo hasta que me supliques, te voy a follar en todas las posturas y te voy a llenar hasta que te chorree.

Borja se corrió solo leyendo el mensaje, sin ni siquiera tocarse.

Los días siguientes fueron una cuenta atrás hasta el reencuentro. Seguían enviándose fotos, pero ahora con fecha y hora: “Mañana a las 20:00 te quiero exactamente así”.

La foto de Borja con la camisa de rayas, la polla goteando y el beso provocador se convirtió en la favorita de Jorge. La guardó y la abrió decenas de veces al día.

La noche antes del encuentro, Borja se hizo una última serie de fotos: una de su culo abierto con dedos, otra de su cara con la lengua fuera, y finalmente una repetición de la foto icónica, esta vez con un poco de su propio semen en los labios.

Borja:
Esto es lo que te espera mañana.

Jorge:
No voy a dormir pensando en ti.

A las 20:00 del día 14, Jorge llamó a la puerta de Borja. 

Borja abrió la puerta con la misma camisa de rayas verdes y blancas abierta, sin nada debajo. Su polla ya estaba completamente dura, gruesa y apuntando hacia arriba, tal como en la foto que le había enviado horas antes. Jorge no dijo ni una palabra. Entró, cerró la puerta de un golpe y empujó a Borja contra la pared del pasillo.

Sus bocas se encontraron con hambre. Lenguas enredadas, saliva compartida. Jorge bajó inmediatamente la mano y agarró la polla de Borja, sintiendo lo caliente y resbaladiza que estaba. Un hilo grueso de precum le caía desde la punta hinchada.

—Llevo días queriendo esto en persona —gruñó Jorge mientras se arrodillaba.

Abrió la boca y se tragó la polla de Borja hasta la garganta en un solo movimiento. Borja gimió alto, sujetándole la cabeza con ambas manos. La boca de Jorge era caliente y húmeda, succionando con fuerza mientras su lengua lamía la parte inferior del tronco. Cada vez que subía, chupaba la cabeza rosada, saboreando el precum que no paraba de salir.

—Joder… así, trágatela entera —suplicó Borja.

Jorge obedeció, babando abundantemente, los labios estirados alrededor de la grosor. Con una mano masajeaba los huevos pesados de Borja mientras con la otra se bajaba los pantalones y sacaba su propia polla, más larga y venosa, ya goteando.

Después de varios minutos de mamada intensa, Jorge se levantó, giró a Borja y lo inclinó sobre el respaldo del sofá. Le separó las nalgas y le escupió directamente en el agujero rosado antes de atacar con la lengua. Borja gritó de placer mientras Jorge le comía el culo con devoción: lametones largos, penetraciones profundas con la lengua y succiones fuertes.

—Fóllame ya… por favor —rogó Borja, la voz rota.

Jorge se levantó, escupió en su polla y presionó la cabeza gruesa contra el agujero. Empujó despacio pero firme, abriéndolo centímetro a centímetro. Borja jadeaba, empujando hacia atrás, hasta que Jorge estuvo completamente enterrado dentro de él.

Empezó a follarlo con embestidas profundas y fuertes. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación junto con los gemidos. Jorge agarraba las caderas de Borja con fuerza mientras lo penetraba sin piedad, cambiando el ángulo hasta golpear su próstata una y otra vez.
Borja tenía la camisa abierta ondeando con cada embestida, la polla dura balanceándose y goteando precum al suelo. Jorge se inclinó sobre él, mordiéndole el cuello y susurrándole:

—Mírate… igual que en la foto que me volvía loco. Ahora eres mío de verdad.

Aceleró el ritmo, follándolo más duro. Borja no aguantó más: se corrió sin tocarse, chorros espesos de semen saliendo de su polla mientras su culo se contraía alrededor de Jorge.

Jorge gruñó y dio unas últimas embestidas brutales antes de correrse profundamente dentro de Borja, llenándolo con leche caliente.

Se quedaron unidos unos segundos, respirando agitados. Jorge salió despacio y observó cómo su semen empezaba a chorrear del agujero abierto de Borja. Sonrió, le dio una palmada en el culo y susurró:
—Esto solo es el principio de la noche.

Esa noche cumplieron todas las fantasías que habían construido a través de la pantalla: follaron en el sofá, en la cama, contra la mesa. Jorge le comió el culo con devoción, lo penetró profundo y duro, le hizo tragarse su polla hasta la garganta y finalmente lo llenó de semen mientras Borja se corría por segunda vez.

Cuando terminaron, exhaustos y abrazados, Jorge le susurró al oído:
—Esto solo es el principio. Quiero que sigas enviándome fotos… aunque ahora pueda tenerte en persona cuando quiera.

Borja sonrió, besó su cuello y respondió:
—Mientras tú sigas corriéndote con ellas… te enviaré todas las que quieras.

Y así, lo que empezó con una foto atrevida se convirtió en una relación intensa, sexual y adictiva, donde las imágenes explícitas seguían siendo una parte fundamental de su deseo.

mOstRAndOlA

 











EmpALmAdOs











 

FlUiDoS