Vive y Deja vivir
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12.7.26
RElaTO. uNaS VaCaCiONeS MuY gUaRRas, FINAL.
Era el decimoquinto y último día de vacaciones. El sol de finales de julio se ponía sobre El Playazo de Vera con una luz dorada que lo hacía todo más bonito y más triste al mismo tiempo. Adrián, Pedro y Raúl sabían que al día siguiente cada uno volvería a su ciudad: Adrián a Madrid, Pedro a Murcia y Raúl a Almería. Ninguno quería hablar de ello, pero el peso de la despedida flotaba en el aire desde que se levantaron.
Pasaron la mañana en la playa como siempre: desnudos, jugando en el agua, besándose sin importar quién mirara. Pero esta vez los besos eran más largos, más tiernos. Las manos no solo tocaban para excitar, sino para memorizar. Se tumbaron los tres juntos en una sola toalla grande, enredados, hablando poco y besándose mucho.
Por la tarde decidieron que la despedida tenía que ser especial. Volvieron a los cañaverales, al mismo rincón escondido donde todo había empezado de forma tan guarra. Esta vez no llevaron plug grande ni botellas extra. Solo lubricante, tres toallas y el deseo de hacer el amor de verdad, los tres juntos, sin degradación, sin prisas.
Extendieron las toallas formando un colchón suave. Desnudos se tumbaron los tres en el centro.
Adrián estaba en medio. Pedro a su izquierda, Raúl a su derecha. Empezaron besándose despacio, los tres al mismo tiempo. Labios suaves, lenguas que se encontraban con calma, respiraciones mezcladas. Las manos acariciaban con ternura: Pedro le besaba el cuello a Adrián mientras Raúl le lamía un pezón con delicadeza.
—Hoy no quiero que sea guarro —susurró Pedro—. Quiero haceros el amor. Quiero que sintáis cuánto os quiero a los dos.
Raúl asintió, con los ojos brillantes.
—Yo también. Quiero recordaros así… no solo como las putas que fuimos estos días.
Adrián sonrió con los ojos húmedos.
—Entonces hagámoslo bonito. Quiero sentiros dentro… pero despacio. Quiero miraros mientras pasa.
Se colocaron con Adrián tumbado boca arriba. Pedro se arrodilló entre sus piernas y empezó a prepararlo con la boca. No era el rimming salvaje de días anteriores. Era lento, cariñoso: lengua plana recorriendo el ano con suavidad, besos en las nalgas, dedos que entraban con cuidado y mucho lubricante. Raúl se tumbó al lado de Adrián y lo besaba profundamente, acariciándole el pecho y la polla con ternura.
Cuando Adrián estaba relajado y abierto, Pedro se colocó encima y empujó su polla gruesa despacio. Entró centímetro a centímetro, mirándolo a los ojos.
—Te quiero —susurró Pedro mientras se hundía hasta el fondo.
Adrián soltó un gemido suave, rodeándole la cintura con las piernas.
—Yo también te quiero… y a ti también, Raúl.
Raúl se acercó y besó a los dos mientras Pedro empezaba a moverse con embestidas lentas y profundas. No era follar. Era hacer el amor. Cada movimiento estaba lleno de sentimiento. Pedro besaba a Adrián, luego a Raúl, y volvía a Adrián. Las manos de Raúl acariciaban la espalda de Pedro y el pecho de Adrián.
Después de varios minutos, cambiaron. Raúl se tumbó boca arriba y Adrián se sentó sobre él, bajando despacio sobre su polla larga. Pedro se colocó detrás de Adrián, abrazándolo por la espalda, y entró también, muy despacio, hasta que los dos estuvieron dentro de él al mismo tiempo. Adrián gimió largo, apoyando la cabeza en el hombro de Pedro.
—Os siento a los dos… os quiero tanto…
Los tres se movieron juntos con una coordinación perfecta y lenta. Raúl empujaba desde abajo, Pedro desde atrás, Adrián entre ellos, besando a uno y al otro. No había prisas. Solo placer profundo y conexión emocional. Sus gemidos eran suaves, entrecortados, llenos de “te quiero” susurrados.
Cambió de nuevo. Pedro se tumbó boca arriba. Adrián se sentó sobre su polla y Raúl se colocó detrás, entrando también en el culo de Adrián. Los tres unidos, moviéndose despacio, besándose por encima del hombro de Adrián. Lágrimas de placer y emoción rodaban por las mejillas de los tres.
Luego hicieron el amor de forma rotativa. Cada uno fue el centro en algún momento. Raúl folló a Pedro con ternura mientras Adrián le besaba y le chupaba la polla con cariño. Pedro folló a Raúl mientras Adrián le lamía los huevos y el perineo con devoción suave. Adrián fue penetrado por los dos varias veces, siempre despacio, siempre mirándose a los ojos.
No usaron palabras guarras. Solo “te quiero”, “eres precioso”, “no quiero que esto termine”.
Cuando el orgasmo se acercaba, se colocaron los tres de rodillas, abrazados en un triángulo. Se besaban los tres al mismo tiempo mientras se pajeaban mutuamente. Primero se corrió Raúl, chorros calientes sobre el pecho de Adrián. Luego Pedro, llenando el vientre de Adrián. Finalmente Adrián, corriéndose sobre las manos de los otros dos.
Se abrazaron fuerte, los tres cuerpos pegados, semen mezclado entre ellos, respirando agitados.
Se tumbaron otra vez, enredados. El sol ya estaba muy bajo.
Pedro fue el primero en hablar, con la voz rota.
—No quiero que esto acabe. Os quiero a los dos. Locamente. Como nunca quise a nadie.
Raúl besó su hombro.
—Yo tampoco. Estos quince días han sido una puta locura… pero lo que siento ahora es real. Quiero que seamos los tres. Quiero intentarlo aunque vivamos lejos.
Adrián, con lágrimas cayendo, los abrazó más fuerte.
—Prometámonos que vamos a intentarlo. Que nos veremos. Que no dejaremos que esto se apague. Os quiero. Os quiero muchísimo a los dos.
Se besaron los tres otra vez, besos largos, húmedos, llenos de emoción. Se quedaron así hasta que el sol se escondió del todo, abrazados, desnudos, con el mar de fondo y el corazón lleno.
Cuando la noche cayó, recogieron las toallas y caminaron los tres juntos de vuelta a la playa, desnudos bajo la luz de la luna. Se bañaron en el mar por última vez, lavándose el semen y las lágrimas, besándose en el agua fría.
Al día siguiente, en la estación de autobuses de Vera, la despedida fue dura.
Se abrazaron fuerte durante minutos. Lágrimas reales.
Promesas repetidas:
—Nos veremos en septiembre.
—Os quiero.
—Esto no se acaba aquí.
Adrián subió primero al autobús hacia Madrid. Desde la ventanilla vio a Pedro y Raúl abrazados, mirándolo. Les lanzó un beso y sonrió entre lágrimas.
El autobús arrancó.
Pedro y Raúl se quedaron allí un rato más, abrazados, viendo cómo se alejaba.
—Vamos a intentarlo, ¿verdad? —preguntó Raúl en voz baja.
—Sí —contestó Pedro—. Aunque sea difícil. Aunque no funcione del todo. Pero lo que sentimos es real. No lo vamos a tirar.
Se besaron una última vez antes de separarse también: Pedro hacia Murcia, Raúl hacia Almería.
Los tres volvieron a sus vidas. Al principio se escribían todos los días. Videollamadas largas, promesas de verse pronto. Pero la distancia, los estudios, las familias y la realidad poco a poco fueron haciendo su trabajo.
Nunca volvieron a estar los tres juntos.
Adrián, Pedro y Raúl guardaron aquel verano como el más bonito y salvaje de sus vidas. A veces, años después, alguno de ellos miraba fotos antiguas de la playa y sonreía con nostalgia. Recordaban las tardes guarras en los cañaverales, pero sobre todo recordaban aquel último día: cuando el sexo más extremo se convirtió en el amor más puro y los tres se enamoraron locamente bajo el sol de Vera.
Y aunque la promesa de volver a juntarse nunca se cumplió, el amor que sintieron aquellos días fue real.
Y eso, al final, fue suficiente.
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VIERNES Tras no sé cuantos días nos vestimos. Los dos nos miramos y nos sentimos raros. No me gusta estar vestido.- me dice Miguel poniend...




















