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RelAtO. La FaCuLtAd NuDiStA, paRtE 1




David bajó del autobús con la mochila al hombro y el corazón latiéndole como un tambor. Tenía diecinueve años, cuerpo atlético de gimnasio y una polla que ya empezaba a despertar solo con el aire fresco rozándole los huevos. La foto que había visto en la web de la Facultad Nudista Masculina de Verano no mentía: era un campus entero donde nadie llevaba ni un hilo de ropa. Solo hombres. Solo carne expuesta, sudor, y reglas muy claras: todo valía mientras fuera consentido y divertido.

—Bienvenido, novato —le dijo un tipo alto y peludo que lo esperaba en la entrada. Se llamaba Raúl, coordinador de primer año, y su verga colgaba gruesa y semierecta entre unas piernas musculosas—. Aquí se deja la vergüenza en la puerta. Y la ropa también.

David se quitó la camiseta, los pantalones y los calzoncillos allí mismo, sintiendo cómo el sol le calentaba el culo desnudo. Su polla, de buen tamaño incluso flácida, se balanceó al caminar. Raúl la miró sin disimulo y sonrió.

—Buen material. Vas a encajar perfecto.

El campus era un paraíso de cuerpos masculinos. Chicos de todas las edades entre 18 y 25, profesores maduros con pollas pesadas y estudiantes con verguitas juveniles que se ponían duras al menor roce. Nadie se tapaba. Algunos caminaban con erecciones completas, otros charlaban tranquilamente mientras sus huevos se balanceaban al ritmo de la conversación.

David fue asignado al dormitorio compartido de la residencia Alfa. Cuatro camas, cuatro chicos desnudos. Su compañero de litera era Marcos, un moreno de pelo rizado y una polla gruesa que ya apuntaba hacia arriba cuando lo vio entrar.

—Ey, David. ¿Primera vez nudista? —preguntó Marcos, rascándose los huevos sin vergüenza.

—Si, estoy cachondo perdido —admitió David riendo.

—Bien. Aquí la regla es: si se te pone dura, se te pone dura. Nadie se ofende. De hecho, suele terminar en algo bueno.

Esa misma tarde tuvieron la orientación. En el auditorio principal, quinientos chicos desnudos sentados en bancos de madera. Las pollas descansaban sobre los muslos, algunas medio duras por el roce de las nalgas contra la silla. El rector, un hombre de unos cuarenta y cinco años con cuerpo de nadador y una verga enorme que reposaba sobre sus huevos peludos, dio el discurso.

—Bienvenidos a la Facultad Nudista. Aquí aprenderán historia, matemáticas, literatura… y sobre todo, a disfrutar de sus cuerpos y los de sus compañeros. Las clases son obligatorias, pero las mamadas entre clases son optativas y muy recomendadas.

Todo el auditorio rio. David sintió su polla endurecerse contra su vientre. Marcos, sentado a su lado, se inclinó y le susurró:
—Después de esto te hago un tour privado.

La primera clase fue Anatomía Avanzada. El profesor, un hombre musculoso llamado Esteban, estaba completamente depilado excepto por un triángulo de vello encima de su polla gruesa y venosa.

—Hoy estudiaremos la respuesta eréctil —dijo Esteban, y se acarició la verga lentamente hasta que se puso dura como una barra de hierro, goteando precum transparente—. David, sube al frente. Tú serás el modelo de hoy.

David caminó hasta el estrado con la polla ya medio dura. Los ojos de todos los compañeros lo recorrieron: su culo firme, sus abdominales marcados, su verga que empezaba a levantarse.

Esteban le pidió que se pusiera de rodillas sobre la mesa de demostración. Le separó las nalgas con las manos grandes y calientes.

—Observen el ano. Rosado, apretado… perfecto para estimular la próstata.

Y sin más, Esteban metió dos dedos lubricados con su propia saliva dentro de David. El chico gimió alto, su polla dio un salto y se puso completamente dura, golpeando contra su abdomen. Los estudiantes tomaban notas, pero muchos ya se estaban pajeando discretamente.

—Marcos, ven. Demuestra cómo se hace una buena felación educativa.

Marcos no se hizo rogar. Se arrodilló frente a David y se metió toda la polla de su compañero hasta la garganta en un solo movimiento. David gruñó, agarrando la cabeza de Marcos mientras el profesor seguía follándolo con los dedos, tocándole la próstata una y otra vez.

—Miren cómo se hincha la verga —explicaba Esteban—. Cómo palpita la vena dorsal. Cómo los huevos se contraen cuando está cerca.

David no duró mucho. Con un gemido ronco se corrió dentro de la boca de Marcos, disparando chorros espesos que el chico tragó con gusto. El auditorio aplaudió.

—Excelente demostración —dijo Esteban, y se pajeó hasta correrse sobre el culo de David, pintándolo con semen caliente.

Así eran las clases.

Por las tardes había “deportes integrales”. Fútbol nudista, donde las pollas se balanceaban al correr y los placajes terminaban en toqueteos. Baloncesto, donde saltar para encestar hacía que los huevos golpearan contra los muslos. Y la especialidad: lucha grecorromana desnuda. David se emparejó con un rubio llamado Lucas, cuerpo delgado pero fuerte. Se agarraron, sudorosos, pollas rozándose, culos expuestos. Lucas terminó encima, frotando su verga dura contra la raja de David hasta que ambos se corrieron entre los dos, semen mezclándose sobre sus abdominales.

Las noches en la residencia eran puro vicio. Los cuatro compañeros de habitación terminaban en una orgía casi todas las noches. David descubrió que le encantaba comer culos. Se arrodillaba detrás de Marcos, le separaba las nalgas peludas y metía la lengua profundo, saboreando el gusto salado y masculino mientras Marcos gemía y pedía más.

—Fóllame, David —suplicaba una noche, con la cara contra la almohada y el culo en pompa.

David escupió en su polla dura y empujó. Centímetro a centímetro entró en ese culo caliente y apretado. Marcos gruñía como un animal. Los otros dos compañeros, Pablo y Sergio, se pajeaban mirándolos, luego se unieron: Pablo metió su polla en la boca de Marcos mientras Sergio lamía las bolas de David.

El sonido era obsceno: carne golpeando carne, gemidos, el chapoteo del sudor y el semen. David follaba con fuerza, agarrando las caderas de Marcos, viendo cómo su polla entraba y salía de ese agujero rosado que se contraía alrededor de él. Cuando se corrió, llenó el culo de Marcos con chorros calientes. Luego se arrodilló y lamió su propio semen saliendo del agujero abierto.

Los fines de semana había fiestas temáticas. La “Noche de la Corrida Colectiva” fue legendaria. En el gimnasio principal, más de doscientos chicos desnudos formaron un círculo enorme. En el centro, cinco “receptores” voluntarios, entre ellos David, arrodillados con el culo en alto.

Uno por uno, los chicos del círculo se acercaban y se corrían sobre ellos. David sentía chorro tras chorro cayendo en su espalda, en su culo, en su pelo. Algunos le apuntaban directamente al ano abierto y disparaban dentro. Al final estaba cubierto de semen, blanco y espeso, goteando por todas partes. Luego los cinco receptores se follaban entre ellos en una orgía resbaladiza y caótica, riendo y gimiendo mientras el semen de doscientos hombres les servía de lubricante.

David se volvió popular. Tenía un culo perfecto y una polla que nunca bajaba del todo. Los profesores lo invitaban a “clases particulares”. El de Literatura Clásica, un hombre maduro llamado Antonio con una verga enorme y venosa, lo follaba sobre su escritorio mientras le leía fragmentos de Safo adaptados a hombres:

—“Deseo tu polla gruesa abriéndome…” —recitaba Antonio mientras embestía profundo, sus huevos pesados golpeando contra el culo de David.

David gemía y respondía:
—Sigue, profesor… rómpeme el culo con esa verga de profesor cachondo.

Y Antonio se corría dentro, dejando que el semen le chorreara por los muslos cuando se levantaba.

En las duchas comunes, que eran enormes salas abiertas sin divisiones, siempre había acción. David aprendió a disfrutar de las “duchas dobles”: dos chicos enjabonándose mutuamente, pollas resbaladizas frotándose, dedos explorando culos, bocas tragando vergas bajo el agua caliente.

Una tarde, David y tres amigos decidieron hacer una “cadena de folladas”. David follaba a Marcos, Marcos follaba a Pablo, Pablo follaba a Sergio. Cuatro pollas, cuatro culos, moviéndose en ritmo perfecto. El sonido era hipnótico: plap-plap-plap de caderas contra nalgas. Cuando David se corrió dentro de Marcos, la cadena entera explotó en orgasmos casi simultáneos, semen corriendo por piernas y cayendo al suelo.

Las semanas pasaron entre clases, polvos, risas y más polvos. David se sentía libre como nunca. Su cuerpo estaba siempre expuesto, siempre disponible, siempre deseado. Aprendió a correr con la polla dura sin vergüenza. Aprendió a sentarse en clase con el culo lleno de semen de la mamada anterior. Aprendió que la amistad entre hombres podía ser tan profunda y sucia como quisieran.

El último día del semestre hubo la Gran Fiesta de Graduación Nudista. Toda la facultad reunida en el patio central. Un escenario enorme donde los mejores “alumnos destacados” (los más folladores y follados) recibían premios.

David subió desnudo, polla balanceándose, culo todavía rojo de la follada matutina con Raúl. Le dieron el premio a “Mejor Culo del Año” y “Mejor Garganta Profunda”.

—Gracias —dijo David al micrófono, con la voz ronca de tanto gemir—. Esta facultad me enseñó que no hay nada más natural que estar desnudo, cachondo y rodeado de pollas y culos dispuestos. ¡Viva la Facultad Nudista!

El público rugió. Luego comenzó la orgía final: más de mil hombres desnudos follando en todas las combinaciones posibles. David terminó en el centro, con una polla en la boca, otra en el culo, y dos en cada mano. Semen por todas partes. Sudor. Risas. Gemidos. Placer puro y sin vergüenza.

Cuando el semestre terminó, David ya no era el chico tímido que había llegado. Era un hombre desnudo, orgulloso de su cuerpo y de su deseo. Prometió volver el siguiente año.

Y mientras subía al autobús de regreso, todavía desnudo porque ya no quería ponerse ropa nunca más, sintió su polla endurecerse solo de recordar todo lo vivido.

La Facultad Nudista no era solo una universidad.

Era el lugar donde los hombres aprendían a ser completamente, gloriosamente, obscenamente libres.

EmpAlmADoS

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RelAtO. La FaCuLtAd NuDiStA, paRtE 1

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