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1.3.26
ReLAto, Pasión Prohibida. parte 1
Eric y Víctor habían crecido en una casa modesta en las afueras de Sevilla, rodeados de olivares y el calor sofocante del verano andaluz. Víctor, el mayor a los 25 años, era el protector: alto, con músculos definidos por años en el gimnasio y trabajando en construcción, pelo castaño corto y ojos verdes penetrantes que siempre parecían saber más de lo que decían.
Eric, de 23, era más delgado, atlético por el running, con pelo negro ondulado y una sonrisa tímida que ocultaba una intensidad ardiente. Eran hermanos de sangre, inseparables desde niños, pero en los últimos años, una tensión invisible había crecido entre ellos, como una tormenta que se avecina.
Todo empezó un verano, cuando sus padres se fueron de viaje a la costa por una semana, dejando la casa para ellos solos. Víctor acababa de romper con su novia, harto de relaciones superficiales; Eric, soltero crónico, confesaba en silencio que las chicas no lo llenaban. Compartían cervezas en el patio trasero, bajo las estrellas, hablando de todo y nada.
— ¿Por qué siempre terminas solo? —preguntó Víctor una noche, recostado en una hamaca, torso desnudo brillando de sudor.
Eric, sentado en el suelo con las rodillas flexionadas, miró al cielo.
— No sé. Siento que falta algo. Como si buscara una conexión que no encuentro en nadie.
Víctor lo miró fijamente, sintiendo un nudo en el estómago.
— Yo también. A veces miro a mi alrededor y solo te veo a ti. Eres el único que me entiende de verdad.
Eric sintió un escalofrío. Habían sido cercanos siempre: abrazos casuales, peleas juguetones, noches compartiendo cama de niños. Pero ahora, adultos, esos toques inocentes se cargaban de electricidad.
Al día siguiente, fueron al río cercano a nadar. El agua fría contrastaba con el sol abrasador. Se quitaron la ropa hasta quedar en boxers, cuerpos jóvenes y vitales. Víctor salpicó a Eric, riendo, y terminaron luchando en el agua, cuerpos resbaladizos chocando. En un momento, Víctor pinned a Eric contra una roca, sus rostros a centímetros.
— Ríndete —susurró Víctor, voz ronca.
Eric no se movió, sintiendo la erección creciente de su hermano contra su muslo.
— ¿Y si no quiero? —respondió, ojos desafiantes.
El beso llegó como un rayo: labios urgentes, lenguas explorando con hambre reprimida. Manos en nucas, cuerpos presionados. Se separaron jadeando, ojos llenos de culpa y deseo.
— Esto está mal —murmuró Eric.
— Pero se siente bien —replicó Víctor, besándolo de nuevo.
Regresaron a casa en silencio, pero la tensión era palpable. Esa noche, sentados en el sofá viendo una película, Víctor posó una mano en el muslo de Eric.
— ¿Qué sentimos el uno por el otro? —preguntó Víctor, voz baja.
Eric tragó saliva.— Amor. Pero no como hermanos. Te deseo, Víctor. Siempre lo he hecho, en secreto. Tus brazos, tu voz... me vuelves loco.
Víctor se acercó.— Yo igual. Verte crecer, verte fuerte... quiero ser tuyo, completamente.
Se besaron profundo, lenguas enredadas, saliva mezclada. Manos explorando bajo camisetas: Víctor acarició el pecho liso de Eric, pellizcando pezones que se endurecieron al toque. Eric gimió, bajando la mano al bulto en los pantalones de Víctor.
Fueron al dormitorio de Víctor, la habitación más grande. Se desnudaron despacio, admirando cuerpos familiares pero ahora cargados de erotismo. Víctor era imponente: pecho ancho con vello ligero, abdomen marcado en seis packs, polla semi-erecta colgando pesada, unos 20 cm de largo, gruesa con venas prominentes, testículos pesados balanceándose. Eric era más esbelto: piel suave, polla curvada ligeramente hacia arriba, unos 18 cm, glande rosado ya goteando precum.
Se tumbaron en la cama, besándose con pasión: Víctor mordió el cuello de Eric, dejando marcas rojas, lamiendo la oreja, susurrando:— Eres mío, hermanito. Siempre lo has sido.
Eric arqueó la espalda cuando Víctor besó su pecho, succionando un pezón con fuerza, dientes rozando, lengua girando. Bajó por el abdomen, lamiendo cada músculo, mordisqueando el vello púbico. Llegó a la polla de Eric, oliéndola primero —olor masculino, a sudor y excitación— antes de lamer la cabeza, saboreando el precum salado.
— Sabe a ti —gruñó Víctor, tomando la polla entera en su boca.
Succionó profunda, garganta relajada, labios sellados alrededor del tronco. Eric jadeó, caderas moviéndose involuntariamente, follando la boca de su hermano con thrusts suaves. Víctor usó una mano para masajear los testículos, rodándolos, mientras la otra exploraba el ano de Eric, dedo medio untado en saliva presionando la entrada.
— Relájate —susurró Víctor, insertando el dedo lentamente, curvándolo para rozar la próstata.
Eric gritó de placer, un chorro de precum brotando en la boca de Víctor. Añadió un segundo dedo, scissoring para estirar, masajeando la glándula con precisión, haciendo que Eric se retuerza.
— Víctor... joder, eso es... ahhh...
Intercambiaron posiciones. Eric, ansioso, besó el torso de Víctor, lamiendo sudor de sus pectorales, succionando pezones duros como piedras. Bajó al abdomen, trazando los músculos con la lengua, hasta llegar a la polla erecta: la olió, inhalando profundo el aroma almizclado, luego lamió desde la base hasta la punta, lengua plana contra las venas palpitantes.
Tomó la cabeza en boca, succionando suave al principio, luego más profundo, garganta ajustada alrededor. Víctor gruñó, manos en el pelo de Eric, guiándolo sin forzar.
— Así, Eric... chúpame como si fuera tuyo.
Eric succionó con avidez, saliva goteando por el tronco, lamiendo los testículos pesados, succionándolos uno a uno, lengua explorando la piel arrugada. Víctor thrusteaba suave, follando la boca de su hermano, polla golpeando el fondo de la garganta.
Se movieron a un 69: Víctor encima, polla en la boca de Eric, mientras devoraba la de su hermano. Bocas trabajando en sincronía: succiones profundas, lenguas girando en glandes sensibles, dedos en anos, Víctor con dos en Eric, Eric con uno en Víctor, masajeando próstatas mutuamente. Gemidos ahogados contra carne caliente, el cuarto lleno de sonidos húmedos y jadeos.
— Quiero follarte —gruñó Víctor, soltando la polla con un pop.
Eric asintió, ojos vidriosos de lujuria.
Víctor sacó lubricante de la mesita —siempre preparado—. Untó su polla gruesa, brillando, y los dedos para preparar a Eric más. Insertó tres dedos, estirando el ano apretado, scissoring amplio, masajeando la próstata hasta que Eric rogaba. Se puso un condón, lubricó todo, y posicionó a Eric de espaldas, piernas abiertas. Entró despacio: la cabeza ancha estirando el anillo muscular, centímetro a centímetro hasta que las bolas tocaron el culo de Eric. Ambos jadearon: Víctor por la presión caliente y apretada, Eric por la plenitud ardiente.
— Eres tan jodidamente perfecto —gimió Víctor, comenzando a moverse.
Thrusts lentos al principio: adentro profundo, rozando próstata cada vez, saliendo casi completo para volver a entrar. Eric envolvió piernas alrededor de la cintura de Víctor, clavando talones en su culo firme, animándolo.
— Más duro, hermano... fóllame como si me odiaras.
Víctor aceleró: embestidas salvajes, piel contra piel slap resonando, polla golpeando profundo. Una mano masturbaba la polla de Eric, pulgar frotando el glande resbaladizo, esparciendo precum. Besos mordientes: lenguas follando bocas, dientes en labios, saliva chorreando.
Cambiaron a doggy style: Eric a cuatro patas, culo en pompa. Víctor entró de un thrust, profundo y duro, agarrando caderas con fuerza, dejando huellas rojas. Embistió como animal: thrusts rápidos, cortos, luego lentos y giratorios, polla girando dentro para estimular cada pared.
— Tu culo es... hecho para mi polla —gruñó Víctor, abofeteando una nalga, el sonido ecoando, piel enrojeciendo.
Eric empujaba atrás, encontrando ritmo, ano contrayéndose alrededor de la polla invasora. Víctor alcanzó debajo, pellizcando pezones de Eric mientras follaba, luego masturbándolo frenético.
Otro cambio: Eric cabalgando. Se sentó en la polla de Víctor, bajando lento hasta sentarse completamente, polla rebotando contra su abdomen. Movió caderas en círculos, luego arriba y abajo rápido, polla propia goteando en el pecho de Víctor.
— Mírame mientras te monto —dijo Eric, ojos lujuriosos.
Víctor thrusteaba hacia arriba, golpeando próstata con precisión, manos en las nalgas de Eric, separándolas para entrar más profundo.
— Correte para mí, hermanito.
Eric explotó: semen caliente salpicando el pecho y abdomen de Víctor, chorros potentes, ano espasmando alrededor de la polla, ordeñándola.
Víctor no aguantó: se corrió con un rugido, polla palpitando dentro del condón, llenándolo con semen caliente, cuerpo temblando en éxtasis.
Colapsaron, sudorosos, entrelazados. Besos suaves ahora, caricias tiernas: Víctor lamió semen del pecho, compartiéndolo en beso con Eric, lenguas bailando con el sabor salado.
— Te amo —susurró Víctor.
— Yo más —respondió Eric.
Pero no terminaron. Después de recuperar aliento, Eric lamió la polla semi-blanda de Víctor, quitando condón, saboreando residuo de semen. Víctor endureció rápido.
Víctor folló a Eric contra la pared, levantándolo por muslos potentes, embistiendo vertical. Eric clavó uñas en hombros, gritando placer mientras la polla lo llenaba una y otra vez. Se corrieron juntos: Eric en el abdomen de Víctor, Víctor dentro, semen goteando al suelo.
Continuaron en la ducha, cuerpos resbaladizos de jabón. Eric arrodillado, chupando polla de Víctor bajo el agua, luego Víctor lo penetró de pie, desde atrás, thrusts rápidos hasta otro clímax compartido.
Exhaustos, durmieron desnudos, cuerpos pegados, promesas susurradas de más noches prohibidas. Su pasión era un secreto ardiente, un lazo que nada rompería.
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