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RElaTO. uNaS VaCaCiONeS MuY gUaRRas, PARTE 2

 

 

Al día siguiente, Adrián llegó a la playa antes. El corazón le latía fuerte solo de recordar lo que había pasado. Se tumbó en el mismo sitio, desnudo, y esperó. A los veinte minutos vio a Pedro caminando hacia él, completamente desnudo, con la polla gruesa ya semierecta balanceándose entre sus piernas. 

Pedro llevaba una mochila más grande. 

—Traje regalos —dijo con una sonrisa canalla mientras se sentaba en la toalla de Adrián—. Lubricante bueno, un tapón mediano y una botella de agua para limpiarnos un poco… aunque hoy no quiero que estemos demasiado limpios. 

Se besaron con lengua nada más sentarse, sin importar quién pudiera verlos. Sus pollas se rozaron, endureciéndose rápidamente. 

—Vamos a los cañaverales otra vez —propuso Pedro—. Pero hoy quiero que sea mucho más guarro. ¿Estás preparado para ser mi puta de verdad? 

Adrián tragó saliva y asintió, la polla palpitándole. 

—Quiero que me uses como quieras. 

Caminaron desnudos hasta la misma zona de dunas y cañaverales. Esta vez se adentraron un poco más, buscando un rincón más escondido pero con algo de luz. Pedro extendió una toalla grande y sacó el lubricante. 

—Primero te voy a abrir bien. 

Puso a Adrián a cuatro patas. Escupió directamente sobre su ano rosa y empezó a comerlo con hambre brutal. Lengua plana, larga y húmeda recorriendo todo el agujero, luego punta dura follándolo sin piedad. Metía y sacaba la lengua haciendo ruidos obscenos, escupiendo saliva abundante. 

—Qué culo más rico tienes, joder… ya está empezando a abrirse para mí. 

Introdujo dos dedos de golpe, los movió en tijera y luego añadió un tercero. Adrián gemía como una zorra, empujando el culo hacia atrás. 

—Más… ábreme… quiero que me destroces. 

Pedro cogió el tapón mediano, lo untó generosamente en lubricante y lo empujó dentro del ano de Adrián de un solo movimiento. Adrián soltó un gemido largo y ronco cuando el tapón entró hasta el fondo. 

—Ahora vas a llevar esto puesto mientras me adoras. 

Pedro se sentó en la toalla con las piernas abiertas. Su polla gruesa estaba completamente dura, el glande morado brillando. 

—Ven aquí, puta. Chúpamela como si fuera lo único que te importa en la vida. 

Adrián se arrodilló entre sus piernas, el tapón moviéndose dentro de su culo con cada movimiento. Empezó lamiendo la polla desde la base hasta la punta, saboreando el sudor del día. Luego abrió la boca y se la tragó todo lo que pudo. Babas gruesas chorreaban por el tronco y caían sobre los huevos pesados de Pedro. 

—Más profundo, guarro. Quiero oírte atragantarte. 

Adrián empujó la cabeza hacia abajo hasta que la polla le llegó casi a la garganta. Arcadas fuertes, lágrimas corriendo por las mejillas, pero no paraba. Sacaba la polla para respirar, la golpeaba contra su cara llena de babas y volvía a tragarla. Mientras tanto, Pedro jugaba con el tapón, moviéndolo dentro del culo de Adrián, sacándolo casi entero y volviéndolo a meter con fuerza. 

—Qué puto más obediente… mira cómo te babeas por mi polla. 

Después de quince minutos de mamada brutal, Pedro sacó la polla de la boca de Adrián con un sonido húmedo. 

—Ahora quiero que me comas el culo mientras te follo la boca con el tapón. 

Se puso a cuatro patas, culo en pompa. Adrián se colocó detrás y hundió la cara sin dudar. El ano de Pedro estaba sudado y con un ligero sabor más fuerte después de caminar por la playa. Adrián lamió con desesperación: lengua ancha recorriendo todo, luego punta dura entrando y saliendo, chupando el agujero como si fuera una boca. 

Pedro gemía y empujaba el culo contra su cara. 

—Come más profundo… méteme la lengua hasta los huevos… sí, así, cerdo. 

Mientras Adrián le devoraba el ano, Pedro cogió el tapón que había estado dentro de Adrián y se lo metió en la boca. 

—Chúpalo. Prueba el sabor de tu propio culo. 

Adrián chupó el tapón con la boca llena de saliva mientras seguía lamiendo el ano de Pedro. El sabor mezclado era sucio y excitante. 

Pedro se dio la vuelta, se tumbó boca arriba y levantó las piernas. 

—Ahora fóllame tú. Quiero sentir cómo me abres con tu polla mientras te como el culo. 

Adrián se colocó y empujó su polla dentro del ano de Pedro. Entró fácil por lo mojado que estaba. Empezó a follar con ritmo mientras Pedro le separaba las nalgas y le metía la lengua en el culo otra vez. Era un 69 anal salvaje: Adrián follaba el culo de Pedro mientras este le comía el suyo con hambre. 

Los gemidos eran altos y obscenos. 

—Joder… qué rico follas… métemela más fuerte —gruñía Pedro con la boca contra el ano de Adrián. 

Adrián embestía con fuerza, sus huevos golpeando contra las nalgas de Pedro. El tapón seguía en la boca de Adrián, saboreando su propio culo mientras follaba. 

Cambió de posición. Pedro se puso de pie, apoyó una pierna en un arbusto y obligó a Adrián a arrodillarse debajo. Le metió la polla gruesa en la boca y empezó a follarle la cara con fuerza. 

—Trágatela toda, puta. Quiero verte llorar. 

Adrián se atragantaba, babas y lágrimas cayendo, pero mantenía la boca abierta. Pedro sacó la polla y le dio varios cachetes en la cara con ella, dejando hilos de saliva. 

—Date la vuelta. Quiero follarte como a una perra. 

Puso a Adrián a cuatro patas en el suelo arenoso. Escupió en su polla y la metió de golpe hasta el fondo. Empezó a follarlo salvajemente, agarrándole el pelo y tirando hacia atrás. 

—Gime más alto… quiero que se te oiga desde la playa. 

Adrián gemía sin control: 

—Fóllame… rómpeme el culo… soy tu puta… métemela más fuerte… 

Pedro le daba cachetes en las nalgas, las separaba y escupía dentro del ano abierto. Sacaba la polla completamente para ver el agujero rojo y dilatado, luego la volvía a meter de golpe. El sonido era húmedo y brutal. 

—Ahora te voy a llenar. 

Pedro aceleró y se corrió dentro con un gruñido animal. Chorros calientes y abundantes llenaron el culo de Adrián. Cuando sacó la polla, el semen empezó a salir del ano abierto y a chorrear por los muslos. 

Adrián, aún a cuatro patas, jadeaba. 

—No te muevas —ordenó Pedro. 

Se arrodilló detrás y hundió la cara en el culo recién follado de Adrián. Empezó a comer su propio semen directamente del ano abierto, lamiendo con lengua ancha, chupando y tragando. 

—Qué rico está tu culo lleno de mi lefa… cómetela tú también. 

Hizo que Adrián se sentara sobre su cara. El semen chorreaba directamente sobre la boca de Pedro mientras Adrián se frotaba el ano contra su lengua. Luego Adrián se bajó y besó a Pedro, intercambiando el semen con lengua profunda y sucia. 

—Ahora te toca a ti follarme otra vez —dijo Pedro. 

Se puso a cuatro patas. Adrián, todavía con el culo lleno de semen, metió su polla en el ano de Pedro y empezó a follarlo con fuerza. Mientras lo hacía, Pedro se pajeaba la polla gruesa. 

—Quiero que te corras dentro y luego me comas el culo lleno. 

Adrián folló con rabia hasta que se corrió dentro de Pedro, añadiendo su semen al que ya había dentro. Cuando sacó la polla, el ano de Pedro quedó abierto, rojo y chorreando una mezcla espesa de lefa. 

Adrián no dudó. Hundió la cara y empezó a comer el culo lleno de semen. Lamió, chupó y tragó su propia corrida mezclada con la de Pedro. El sabor era fuerte, salado y sucio. Pedro gemía y empujaba el culo contra su cara. 

—Come toda la lefa… trágatela toda, guarro. 

Adrián sacó la lengua llena de semen y besó a Pedro, compartiendo la mezcla entre los dos. 

Estaban exhaustos, sudados, llenos de arena, semen y saliva. El sol ya empezaba a bajar. 

Pedro sonrió, todavía respirando agitado. 

—Mañana traigo un plug más grande y quiero que me mee encima mientras te follo. ¿Te atreves? 

Adrián, con la cara manchada y el culo palpitando, sonrió con los ojos brillantes. 

—Me atrevo a todo contigo. 

Se limpiaron lo mejor que pudieron con la toalla y volvieron caminando desnudos hacia la playa, con restos de semen seco en la piel, el culo sensible y la promesa de días aún más guarrísimos. 

Dos chicos de 18 años que habían descubierto en solo dos tardes lo mucho que les gustaba ser cerdos juntos. 

Y aún quedaban muchos días de playa. 

 

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