26.7.26

ReLaTo. TiO y SoBrInO, pArtE 4




La playa al atardecer

Era el tercer día de su nueva vida juntos, sin secretos ni terceros. Luis y Santi habían alquilado un coche y se escaparon a una cala semi-oculta al sur de la isla, lejos de las zonas turísticas más concurridas. La playa era pequeña, de arena dorada, rodeada de rocas y vegetación. A esa hora, casi al atardecer, estaba completamente desierta. Solo el sonido de las olas y el cielo tiñéndose de naranja y rosa los acompañaban.

Llegaron con una nevera pequeña, toallas y mucho deseo acumulado. Apenas extendieron las toallas cuando ya se estaban besando con urgencia. Luis sujetaba el rostro de Santi con ambas manos, devorándole la boca, mordiendo su labio inferior mientras sus lenguas se enredaban. Santi gemía bajito, apretando su cuerpo contra el de su tío.

—Aquí nadie nos va a molestar… —susurró Santi, quitándole la camiseta a Luis.

El torso maduro y velludo de Luis brillaba bajo la luz dorada del atardecer. Santi pasó las manos por su pecho, pellizcándole los pezones, bajando hasta el abdomen marcado. Luis le quitó la camiseta a su sobrino de un tirón, admirando el cuerpo joven y atlético: hombros anchos, abdomen plano y esa V que desaparecía bajo el bañador.

Se tumbaron en las toallas. Luis se colocó encima, besando el cuello de Santi, bajando por su pecho, lamiéndole los pezones hasta ponerlos duros. Siguió bajando, besando cada músculo del abdomen hasta llegar al bañador. Lo bajó lentamente, liberando la polla dura de Santi, que golpeó contra su vientre.

—Qué rica la tienes… —murmuró Luis antes de metérsela entera en la boca.

Chupó con hambre y experiencia. Su cabeza subía y bajaba, tragando hasta la base, mientras su lengua trabajaba la parte inferior del glande. Una mano masajeaba los huevos pesados de Santi y la otra le acariciaba el interior de los muslos. Santi arqueaba la espalda, gimiendo sin vergüenza, agarrando el cabello de su tío.

—Tío… joder, qué boca tienes…

Luis le levantó las piernas, exponiendo su culo. Escupió abundantemente y empezó a comerle el agujero con devoción. Lamía en círculos alrededor del borde, luego metía la lengua lo más profundo posible, follándolo con ella. Santi se retorcía de placer, empujando su culo contra la cara de Luis.

—Quiero que me folles aquí… —suplicó Santi—. Ahora.

Luis se incorporó. Su propia polla estaba durísima, gruesa, venosa y goteando precum. La frotó contra el agujero mojado de Santi, provocándolo. Luego empujó. Centímetro a centímetro, entró hasta el fondo en el culo caliente y apretado de su sobrino. Ambos gruñeron de placer.

Empezaron lento, disfrutando la sensación. Luis salía casi completamente y volvía a entrar con fuerza controlada. El sonido húmedo de sus cuerpos se mezclaba con las olas. Poco a poco aceleró. Las embestidas se volvieron más potentes, haciendo que las nalgas de Santi rebotaran.

—Más fuerte, Luis… Fóllame como si fuera tuyo —jadeó Santi.

—Es que eres mío —respondió Luis con voz ronca, agarrándole las caderas con fuerza y penetrándolo salvajemente.

El sol se hundía en el horizonte, tiñendo sus cuerpos sudorosos de tonos dorados. Luis follaba a Santi con todo: embestidas profundas que golpeaban su próstata una y otra vez. Cambiaron de posición. Santi se puso a cuatro patas en la toalla, ofreciendo su culo. Luis se arrodilló detrás y lo penetró de nuevo, más profundo en esta postura. Le daba nalgadas firmes que enrojecían la piel clara.

—Quiero correrme dentro —avisó Luis.

—Lléname, por favor… quiero sentir tu leche caliente.

Luis aceleró, gruñendo como un animal. Con un último empujón profundo se corrió violentamente, inundando el interior de Santi con chorros espesos y abundantes. Santi, sintiendo cómo lo llenaban, se masturbó rápido y se corrió también, salpicando la toalla con su semen.

Pero no habían terminado.

Se tumbaron de lado, aún conectados. Luis permaneció dentro de Santi mientras recuperaban el aliento, besándole la nuca y acariciándole el pecho. Su polla, aún semi-dura, se movía suavemente dentro del culo lleno de semen.

Minutos después, Santi se giró y se sentó encima de Luis. Cabalgó despacio al principio, disfrutando cada centímetro. Luego aceleró, saltando sobre la polla gruesa de su tío, que volvía a estar completamente dura. Sus nalgas chocaban contra los muslos de Luis con fuerza. La polla de Santi rebotaba, dejando hilos de precum.

—Quiero que me folles otra vez hasta que me corra sin tocarme —pidió Santi.

Luis lo sujetó por la cintura y empujó hacia arriba con potencia, follándolo desde abajo. El ángulo era perfecto para golpear la próstata. Santi gemía alto, perdido en el placer. El sol ya casi se había escondido cuando se corrió por segunda vez, su leche cayendo sobre el pecho y abdomen de Luis sin haber tocado su polla.

Luis lo giró, lo puso boca abajo sobre la toalla y lo penetró de nuevo, ahora con el culo resbaladizo por su propio semen. Lo folló con embestidas cortas y profundas, casi animal. Finalmente se corrió por segunda vez, añadiendo más leche al interior de Santi.

Quedaron tumbados, exhaustos y abrazados, con el sonido de las olas como única compañía. El semen de Luis salía lentamente del agujero abierto de Santi, manchando la toalla. Se besaron con ternura, acariciándose.

—Esto es lo que siempre quise —susurró Luis—. Estar contigo sin esconderme.

Santi sonrió, aún temblando de placer.

—Y yo contigo, tío. Para siempre.

Se quedaron allí hasta que la noche cayó completamente, bañados en sudor, semen y amor. Luego se dieron un baño en el mar para limpiarse, entre risas y besos, antes de volver al hotel para continuar la noche.


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ReLaTo. TiO y SoBrInO, FiNAl

Un año después Habían pasado casi exactamente doce meses desde que Luis y Santi decidieron apostarlo todo por su amor. Un año de convivencia...