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8.3.26
ReLAto, Pasión Prohibida. parte 3
Un año había pasado desde aquella noche en Sevilla donde Eric y Víctor cruzaron el umbral prohibido, transformando su vínculo fraternal en una pasión devoradora. Doce meses de secretos robados: miradas cargadas en la mesa familiar, toques fugaces bajo las sábanas cuando los padres dormían, escapadas a moteles baratos en las afueras donde podían desatarse sin miedo inmediato. Víctor, con sus 26 años ahora, seguía trabajando en construcción, sus manos callosas un recordatorio constante de la vida dura que llevaba, pero sus ojos verdes ardían con un fuego que solo Eric avivaba. Eric, a los 24, había terminado sus estudios de diseño gráfico y conseguía trabajos freelance, pero su mente estaba siempre en Víctor, en la culpa que los carcomía y el deseo que los unía.
Ocultarlo era agotador. Cada cena familiar era una tortura: fingir normalidad mientras sus pies se rozaban bajo la mesa, o evitar miradas demasiado largas que delataran el amor prohibido. Sus padres, ajenos, hablaban de nietos y bodas, sin saber que sus hijos se amaban de una forma que la sociedad condenaría. "No podemos seguir así", susurró Víctor una noche, después de un encuentro apresurado en el garaje. Estaban desnudos, sudorosos, el semen de Víctor aún goteando por el muslo de Eric. "Esto nos está matando. Quiero vivir contigo, no esconderme.
"Eric, con lágrimas en los ojos, asintió. "Pero ¿y mamá y papá? Los destrozaríamos.
"Víctor lo abrazó fuerte, su pecho ancho envolviendo el cuerpo más delgado de Eric. "Lo sé. Pero si nos quedamos, nos destrozaremos nosotros. Merecemos ser felices, Eric. Somos adultos. Nuestro amor es real, aunque el mundo no lo entienda.
"Decidieron mudarse al norte, a Asturias, un lugar lejano donde nadie los conociera. Un pueblo pequeño llamado Llanes, con acantilados dramáticos, playas salvajes y niebla eterna que parecía ocultar secretos. Víctor encontró trabajo en una obra cercana; Eric podía trabajar remoto. Contaron a sus padres una mentira piadosa: "Queremos independencia, probar en el norte. Víctor tiene un buen empleo, y yo lo acompañaré para no estar solo." Los padres, tristes pero orgullosos, los despidieron con abrazos y consejos. Nadie sospechó la verdad.
El viaje fue emotivo. En el coche, con maletas apiladas atrás, Víctor condujo mientras Eric ponía música suave. Pararon en un área de descanso desierta, y allí, por primera vez en meses sin prisa, se besaron profundo. "Esto es el principio, hermanito", dijo Víctor, mano en la nuca de Eric. "Nuestra vida juntos."
Llegaron a Llanes al atardecer. El pueblo era pintoresco: casas de piedra con techos rojos, el mar Cantábrico rugiendo cerca, aire salado y fresco que contrastaba con el calor andaluz. Alquilaron una casita modesta en las afueras, con vistas a los acantilados: dos habitaciones (por apariencias), un salón acogedor y un jardín salvaje. Nadie preguntó sobre su relación; en un pueblo de pescadores y turistas, dos hermanos viviendo juntos no levantaba sospechas. Pero para ellos, era libertad.
La primera noche, desempacando, el agotamiento dio paso al deseo acumulado. Víctor cerró la puerta, y sin palabras, empujó a Eric contra la pared del salón. "Por fin solos", gruñó, besándolo con urgencia. Labios devorando, lenguas enredadas, saliva mezclada en un beso salvaje. Manos de Víctor bajaron por el torso de Eric, quitando la camiseta, revelando piel suave y pezones rosados ya endurecidos.
Eric gimió, arqueando la espalda. "Te necesito, Víctor. Todo este año... soñaba con esto.
"Víctor mordió su cuello, dejando una marca roja, lamiendo la piel salada del viaje. Bajó besos por el pecho, succionando un pezón con fuerza, dientes rozando, lengua girando en círculos. Eric jadeó, manos en el pelo corto de Víctor, tirando suave. Víctor continuó: besos en el abdomen, desabrochando pantalones, bajándolos con boxers. La polla de Eric saltó libre: curvada hacia arriba, 18 cm erectos, venas sutiles, glande hinchado goteando precum claro.
Víctor arrodilló, inhalando el aroma familiar —sudor del viaje, esencia masculina—. Lamió la base, lengua plana subiendo por el tronco, recolectando venas y piel. Tomó la cabeza en boca, succionando lenta, lengua en el frenillo sensible. Eric thrusteó involuntariamente, follando la boca de su hermano. Víctor tomó más profundo, garganta relajada, nariz en pubis, succionando con ritmo.
— Víctor... tu boca... ahhh —gimió Eric.
Víctor usó una mano para masajear testículos, rodándolos; la otra exploró ano, dedo medio presionando entrada. Untado en saliva, insertó, curvando a próstata. Eric gritó, placer eléctrico. Víctor añadió segundo dedo, scissoring, preparando mientras chupaba.
Se levantó, besando a Eric con sabor a precum. Eric lo desnudó: camiseta revelando pecho ancho con vello, abdomen marcado; pantalones bajando por muslos potentes, polla imponente liberada —20 cm, gruesa, venas prominentes, bolas pesadas.
Eric arrodilló, lamiendo testículos, succionándolos, lengua en piel arrugada. Subió al tronco, chupando venas, tomando cabeza, bajando profundo. Víctor gruñó, thrusteando suave.
Se tumbaron en el sofá nuevo, en 69: bocas devorando pollas, gemidos ahogados, dedos en anos masajeando próstatas. Saliva y precum mezclados.
Víctor se separó. "Quiero dentro de ti."
Eric asintió. Víctor sacó lubricante (empacado con cuidado), untó dedos, insertó tres en Eric, estirando. Untó su polla, condón puesto, entró despacio: cabeza ancha estirando, hasta bolas profundas.
Thrusts lentos, profundos, rozando próstata. Eric envolvió piernas, rogando más duro. Víctor aceleró: slap de piel, polla golpeando. Masturbó a Eric, pulgar en glande.
Cambiaron doggy: Víctor embistiendo salvaje, abofeteando nalga. Eric empujando atrás.
Cabalgata: Eric montando, caderas girando, polla rebotando.
Eric corrió primero: semen salpicando pecho de Víctor, ano contrayéndose. Víctor siguió, corriéndose dentro del condón, gruñendo.
Colapsaron, besos suaves, lágrimas de emoción. "Esto es real ahora", susurró Eric. "Somos una pareja."
Los días siguientes fueron de ajuste. Víctor empezó en la obra: construyendo un hotel turístico, sus músculos brillando de sudor al volver. Eric montó un estudio en casa, diseñando logos para clientes remotos. Paseaban por el pueblo como hermanos, pero en casa, eran amantes. Compraban en el mercado local: sidra, quesos, mariscos. Nadie sospechaba; en Asturias, la gente era reservada.
Emotivamente, hablaban mucho. Una noche, cenando fabada asturiana que Eric cocinó, Víctor confesó: "A veces me siento culpable. ¿Somos monstruos por amarnos así?"
Eric tomó su mano. "No. Nuestro amor es sincero. Crecer juntos nos hizo inseparables. El mundo lo llama tabú, pero para nosotros es natural. Te amo por quien eres: mi protector, mi amante.
"Víctor lloró, algo raro en él. "Tú me haces mejor. Sin ti, estaría perdido."
El sexo era constante, expresión de su amor. Una tarde, Víctor volvió temprano, sudoroso. Encontró a Eric en el jardín, leyendo. Lo levantó, besándolo. "Te extrañé."
Llevaron a la habitación: Víctor desnudó a Eric, lamiendo sudor de su cuello. Besos bajando: pezones succionados, abdomen lamido. Chupó polla de Eric experto, dedos preparando ano.
Eric devolvió: chupando polla de Víctor, saboreando sudor del día.
Follaron misionero: Víctor embistiendo profundo, ojos en ojos. "Te amo", repetía con cada thrust.
Eric corrió entre ellos, Víctor dentro.
Salían a caminar por acantilados. Una vez, en una playa aislada, con olas rompiendo, se besaron abiertamente. "Aquí nadie nos ve", dijo Víctor.
Se desnudaron, cuerpos contrastando con el mar frío. Víctor arrodilló en la arena, chupando a Eric mientras olas lamían pies. Eric gimió al viento.
Intercambiaron, luego Víctor folló a Eric contra una roca: thrusts salvajes, semen dentro (sin condón, confianza total).
Emotivo: "Eres mi todo", dijo Eric post-orgasmo.
Meses pasaron. Un vecino curioso preguntó: "¿Por qué no traen novias?" Rieron, diciendo "Somos felices así."
Internamente, miedos surgían. Eric tuvo pesadillas de descubrimiento. Víctor lo consolaba: "Si pasa, enfrentamos juntos."
Sexo se volvía terapéutico. Una noche tormentosa, con lluvia golpeando techos, Víctor masajeó a Eric, llevando a besos. Lamió todo su cuerpo: pies, muslos, ano —lengua penetrando, rimming profundo.
Eric gritó placer. Víctor entró, follándolo lento, emotivo: "Nunca te dejaré."
Múltiples rondas: oral, anal en posiciones variadas, corridas compartidas.
Al año, eran una pareja consolidada. Celebraron con cena romántica: mariscos, sidra. Hicieron amor toda la noche: preliminares largos, exploración mutua, clímax intensos.
"Esto es nuestra vida", dijo Víctor. "Sincera, apasionada."
Eric sonrió: "Para siempre."
7.3.26
ReLAto, Pasión Prohibida. parte 2
Unos meses habían pasado desde aquella noche transformadora en Sevilla, donde Eric y Víctor cruzaron la línea invisible que separaba el amor fraternal del deseo carnal. Su relación secreta había florecido en sombras: encuentros robados en la casa familiar cuando sus padres salían, besos apresurados en el coche por caminos rurales, toques fugaces bajo la mesa durante cenas. Víctor, con sus 25 años, se había vuelto más protector, sus músculos de constructor ahora un refugio para Eric, quien a los 23 se sentía más vivo que nunca. Pero el secreto pesaba; necesitaban espacio para ser ellos mismos, sin miedo a ser descubiertos.Víctor propuso el viaje: una escapada a Sierra Nevada, en Granada, a un valle remoto donde acamparían solos. "Necesitamos aire fresco, hermanito. Solo tú y yo, como cuando éramos niños, pero... mejor", dijo con una sonrisa cómplice. Eric aceptó de inmediato, excitado por la promesa de intimidad absoluta. Empacaron mochilas con lo esencial: tienda de campaña para dos, sacos de dormir, comida, linternas y, discretamente, lubricante y condones. Partieron al amanecer en el viejo todoterreno de Víctor, el camino serpenteante subiendo por montañas áridas, el aire volviéndose más frío y puro.
Llegaron al atardecer a un claro aislado junto a un arroyo, rodeado de pinos altos y picos nevados en la distancia. El sol se hundía, tiñendo el cielo de naranja y púrpura. Descargaron el equipo, riendo como adolescentes. Víctor montó la tienda con eficiencia: una domo compacta con espacio justo para dos cuerpos entrelazados. Eric preparó una fogata, el crepitar de la madera rompiendo el silencio de la naturaleza.
Sentados junto al fuego, comieron bocadillos y bebieron cerveza fría de una nevera portátil. El frío nocturno se colaba, haciendo que se acercaran más.
— ¿Recuerdas cuando acampábamos con papá? —preguntó Eric, recostando la cabeza en el hombro de Víctor.
Víctor pasó un brazo alrededor de su cintura.— Sí, pero ahora es diferente. Ahora te tengo de verdad. Estos meses han sido... intensos. Te deseo todo el tiempo, Eric. En el trabajo, pienso en tu cuerpo, en cómo gimes cuando te toco.
Eric sintió un calor subir por su espina, a pesar del frío.— Yo igual. Me masturbo pensando en ti, en cómo me llenas. Siento que eres parte de mí, más que un hermano. Te amo, Víctor. No como familia... o sí, pero más profundo.
Víctor lo miró, ojos verdes brillando a la luz del fuego.— Te amo igual. Eres mío. Nadie más te tocará. Aquí, en la montaña, podemos ser libres.
Se besaron lento al principio: labios suaves, lenguas explorando con familiaridad. El beso se intensificó, Víctor mordiendo el labio inferior de Eric, arrancando un gemido. Manos bajo chaquetas: Víctor acarició el pecho de Eric a través de la camiseta, pellizcando un pezón que se endureció al toque. Eric respondió bajando la mano al muslo de Víctor, sintiendo el bulto creciente en sus pantalones de trekking.
— Vamos a la tienda —susurró Víctor, voz ronca de deseo.
Entraron gateando, el espacio reducido obligándolos a pegarse.
Encendieron una linterna LED que colgaba del techo, bañando todo en luz suave. Se quitaron botas y chaquetas, quedando en camisetas y pantalones. Víctor empujó a Eric contra el suelo acolchado por los sacos, besándolo con urgencia: lengua profunda en su boca, saliva mezclada, dientes chocando. Eric gimió, arqueando el cuerpo, sintiendo la erección de Víctor presionada contra su cadera.
— Quítate la ropa —ordenó Víctor, quitándose la camiseta, revelando su torso musculoso: pectorales definidos con vello oscuro, abdomen en seis packs tensos, brazos venosos de tanto trabajo físico.
Eric obedeció, desnudándose despacio: camiseta primero, mostrando su pecho liso y atlético, pezones rosados ya erectos. Luego pantalones y boxers, liberando su polla curvada hacia arriba, 18 cm de largo, glande hinchado y goteando precum claro. Víctor lo miró con hambre, quitándose lo suyo: pantalones bajando por muslos potentes, boxers revelando su polla imponente de 20 cm erectos, gruesa como una muñeca, venas prominentes palpitando, testículos pesados colgando, cabeza roja brillante.
Se tumbaron lado a lado, besándose mientras se tocaban: Eric envolvió la polla de Víctor con la mano, masturbándola lenta, sintiendo la piel suave deslizarse sobre el acero debajo, pulgar esparciendo precum por el glande sensible. Víctor gruñó, bajando la mano al miembro de Eric, masturbándolo con ritmo experto, apretando la base para retrasar el placer.
— Eres tan jodidamente hermoso —murmuró Víctor, besando el cuello de Eric, lamiendo la piel salada de sudor, mordiendo el lóbulo de la oreja.
Bajó besos por el torso: lengua girando alrededor de un pezón, succionándolo fuerte, dientes rozando para un pinchazo de dolor-placer. Eric jadeó, manos en el pelo corto de Víctor, guiándolo. Víctor continuó: besos en el abdomen, lamiendo cada músculo definido por el running, mordisqueando el vello púbico negro. Llegó a la polla, inhalando profundo el olor almizclado —sudor, masculinidad, excitación— antes de lamer la base, lengua plana subiendo por el tronco, recolectando venas y piel.
Tomó la cabeza en boca, succionando suave, lengua girando en el frenillo sensible, haciendo que Eric se retuerza. Bajó más profundo, garganta relajada tragando la polla entera, nariz enterrada en el pubis. Eric thrusteó involuntariamente, follando la boca de su hermano con movimientos suaves, gemidos altos ecoando en la tienda.
— Víctor... tu boca es... ahhh, no pares.
Víctor usó una mano para masajear los testículos de Eric, rodándolos gentilmente, dedo índice presionando el perineo. La otra mano exploró más atrás: dedo medio untado en saliva rozando el ano, circundando el anillo apretado antes de presionar adentro. Eric gritó, placer intenso cuando el dedo encontró la próstata, masajeándola en círculos.
Añadió un segundo dedo, scissoring para estirar, preparando mientras succionaba. Eric sintió el orgasmo acercarse, pero Víctor se detuvo, soltando la polla con un pop húmedo, saliva chorreando.
— No aún. Quiero saborearte más.
Intercambiaron: Eric empujó a Víctor de espaldas, besando su pecho ancho, lamiendo sudor de los pectorales, succionando pezones duros, mordisqueando para arrancar gruñidos. Bajó al abdomen, lengua trazando los seis packs, besando el hueso de la cadera. Llegó a la polla: la olió, inhalando el aroma fuerte —sudor del día, esencia masculina— luego lamió los testículos pesados, succionándolos uno a uno, lengua explorando la piel arrugada, saboreando sal.
Subió al tronco: lengua plana lamiendo venas palpitantes, girando alrededor de la cabeza gruesa, succionando el precum que brotaba como miel. Tomó la polla en boca, garganta ajustada, bajando lo más profundo posible, tosiendo saliva pero persistiendo. Víctor jadeó, manos en el pelo de Eric, thrusteando suave, follando su boca.
— Así, hermanito... chúpame profundo. Tu boca es perfecta.
Eric aceleró, cabeza subiendo y bajando, mano masturbando la base que no cabía, otra masajeando bolas. Víctor gruñó, caderas moviéndose, polla golpeando el fondo de la garganta.
Se movieron a 69: Víctor encima, polla en la boca de Eric, testículos rozando su nariz; Eric debajo, devorando la polla de su hermano mientras Víctor chupaba la suya. Bocas trabajando en sincronía: succiones rítmicas, lenguas en glandes, dedos en anos —Víctor con dos en Eric, masajeando próstata; Eric con uno en Víctor, explorando el interior apretado. Gemidos vibrando contra carne, saliva y precum mezclados, el aire de la tienda cargado de sexo.Víctor se separó primero, jadeando.
— Necesito follarte ahora.
Eric asintió, excitado y ansioso. Víctor sacó lubricante de la mochila, untando sus dedos generosamente. Posicionó a Eric de espaldas, piernas abiertas, rodillas flexionadas. Insertó un dedo lubricado en el ano, deslizándose fácil, curvándolo a la próstata. Eric gimió alto. Añadió segundo, luego tercero, scissoring amplio, estirando el músculo, masajeando la glándula hasta que Eric rogaba, polla goteando en su abdomen.
Víctor se untó la polla: el lubricante brillando en la gruesa longitud, venas resbaladizas. Se puso un condón, lubricó más, y se posicionó: cabeza ancha presionando el ano, entrando despacio. Eric se tensó al principio, ardor inicial, pero respiró profundo, relajándose. Víctor empujó centímetro a centímetro, hasta que sus bolas tocaron el culo de Eric, completamente enterrado.
— Dios, estás tan apretado... como la primera vez —gruñó Víctor, quedándose quieto para que Eric se ajustara.
Comenzó a moverse: thrusts lentos, profundos, saliendo casi completo para entrar de nuevo, rozando próstata cada vez. Eric envolvió piernas alrededor de la cintura de Víctor, talones clavados en su culo, animándolo.
— Más rápido... fóllame duro, hermano.
Víctor obedeció: embestidas acelerando, piel contra piel slap resonando en la tienda, polla golpeando profundo. Una mano en la polla de Eric, masturbándola al ritmo, pulgar frotando glande, esparciendo precum. Besos salvajes: lenguas follando bocas, mordidas en labios, saliva chorreando por barbillas.
Cambiaron a doggy: Eric a cuatro patas, culo elevado. Víctor entró de un thrust fuerte, profundo, agarrando caderas con fuerza, dedos hundiéndose en carne. Embistió salvaje: thrusts rápidos, cortos, luego lentos y giratorios, polla rotando dentro para estimular cada pared interna. Abofeteó una nalga de Eric, el sonido agudo, piel enrojeciendo; luego masajeó, alternando dolor y caricia.
— Tu culo es mío... apretado para mi polla —gruñó Víctor, inclinándose para morder el hombro de Eric, dejando marca.
Eric empujaba atrás, ano contrayéndose, ordeñando la polla. Víctor alcanzó debajo, pellizcando pezones de Eric, tirando de ellos mientras follaba.
Otro cambio: Eric cabalgando. Se sentó en la polla de Víctor, bajando lento hasta engullirla toda, sintiendo cada vena estirarlo. Movió caderas en círculos, luego arriba y abajo rápido, polla propia rebotando contra el abdomen marcado de Víctor, dejando rastros de precum.
— Mírame... soy tuyo —dijo Eric, ojos lujuriosos.
Víctor thrusteaba hacia arriba, golpeando próstata con precisión, manos separando nalgas de Eric para ver su polla desaparecer dentro. Aceleraron: Eric cabalgando frenético, Víctor embistiendo fuerte.
El clímax se acercó. Víctor masturbó a Eric rápido, mano resbaladiza. Eric explotó primero: semen caliente salpicando el pecho de Víctor, chorros potentes alcanzando su barbilla, ano espasmando alrededor de la polla, contracciones rítmicas.
Eso empujó a Víctor al borde: se corrió con un rugido gutural, polla palpitando dentro del condón, llenándolo con semen caliente, chorro tras chorro, cuerpo temblando en olas de placer.
Colapsaron, sudorosos, entrelazados. Besos suaves ahora: Víctor lamió semen del pecho, compartiéndolo en beso con Eric, lenguas bailando con el sabor salado, cremoso.
— Te amo tanto —susurró Víctor, acariciando el pelo de Eric.
— Y yo a ti. Esto es nuestro para siempre.
Pero el deseo no se apagó. Después de unos minutos, recuperando aliento, Eric besó el cuello de Víctor, bajando a lamer residuo de semen de su abdomen. Víctor endureció de nuevo, polla semi-blanda creciendo.
Segunda ronda: Salieron de la tienda al aire libre, bajo las estrellas. El frío mordía la piel desnuda, pero el calor interno los impulsaba. Víctor apoyó a Eric contra un árbol, levantándolo por muslos potentes, piernas de Eric envolviendo su cintura. Entró sin condón esta vez —confianza absoluta—, polla lubricada por saliva anterior.
Folló vertical: thrusts upward potentes, polla golpeando profundo, Eric clavando uñas en hombros, gritando placer al cielo nocturno.
— Dentro de mí... córrete dentro —rogó Eric.
Víctor aceleró, embistiendo salvaje, bolas golpeando culo. Se corrieron juntos: Eric salpicando entre sus cuerpos, Víctor eyaculando dentro, semen caliente llenando el interior de Eric, goteando por muslos cuando salió.Tercera: De vuelta en la tienda, exhaustos pero insaciables. Eric chupó la polla de Víctor, saboreando mezcla de cum y lubricante. Luego, Víctor lo penetró en spooning: desde atrás, polla entrando lateral, thrusts lentos y profundos mientras masturbaba a Eric. Besos en nuca, mordidas en oreja. Se corrieron una vez más: gemidos sincronizados, cuerpos temblando en unión.
Durmieron desnudos en sacos unidos, cuerpos pegados, semen secándose en piel, promesas susurradas de más aventuras. La montaña era su santuario, su pasión un fuego eterno.
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