24.5.26

ReLaTo. MeOs y otras cosas guarras, 2ªparte.




Dos amigos, Alex y Marcos, llegaron a casa de Alex pasadas las cuatro de la mañana, todavía oliendo a callejón, a orina seca y a semen. El taxi los dejó en la puerta del bloque y subieron en silencio, pero con las miradas cargadas. Apenas cerraron la puerta del piso, Alex empujó a Marcos contra la pared del pasillo y lo besó con fuerza, metiéndole la lengua hasta el fondo mientras le apretaba el paquete por encima de los pantalones todavía manchados.

—Joder, no me he podido quitar de la cabeza tu polla en mi boca —gruñó Alex entre besos.

Marcos le mordió el labio inferior y le metió la mano por dentro del bóxer, agarrando aquella verga larga que ya empezaba a endurecerse de nuevo.

—Pues yo quiero follarte esta noche, cabrón. Quiero mearte encima y correrme dentro de ti.

Se quitaron la ropa a tirones, dejando un reguero de prendas sucias por el pasillo hasta el salón. Alex vivía solo en un piso amplio y moderno, con un sofá grande de cuero negro y una ducha enorme en el baño principal. Pero antes de llegar a la cama, se detuvieron en la cocina. Alex abrió dos cervezas frías y se las bebieron casi de un trago, mirándose a los ojos.

—Necesitamos llenarnos bien —dijo Alex con una sonrisa sucia—. Quiero que mees mucho.

Media hora después, ya estaban los dos completamente desnudos en el sofá, sentados uno frente al otro con las piernas abiertas. Sus pollas estaban semierectas, pesadas, todavía con restos secos de la primera corrida. Alex se levantó, fue al baño y volvió con una toalla grande que extendió sobre el sofá y el suelo.

—Aquí podemos ensuciarlo todo —murmuró.

Se colocaron de rodillas sobre la toalla, cara a cara. Sus pollas ya duras se rozaban, dejando hilos de precum. Marcos fue el primero en soltar un chorro caliente. El pis dorado y potente salió de su verga gruesa y golpeó directamente contra los huevos de Alex, salpicando hacia arriba hasta su abdomen. Alex gimió alto, sintiendo el calor líquido correr por su piel.

—Hostia… qué bueno —jadeó.

Abrió su propio chorro y apuntó directo a la polla de Marcos, bañándola por completo mientras ambos se pajeaban lentamente. El sonido de los dos meando al mismo tiempo era obsceno: fuerte, continuo, húmedo. El pis caía sobre la toalla, formando un charco caliente que les mojaba las rodillas. Marcos dirigió su chorro hacia el pecho de Alex, bajando hasta su boca abierta. Alex sacó la lengua y dejó que el pis caliente le entrara, tragando un poco mientras se pajeaba más rápido.

—Bebe, cabrón… —gruñó Marcos, excitadísimo.

Cuando terminaron de mear, estaban los dos empapados de orina tibia. El olor llenaba el salón. Alex empujó a Marcos hacia atrás y se le echó encima, frotando sus cuerpos mojados. Sus pollas resbalaban una contra la otra, lubricadas por pis y precum. Se besaron con hambre, chupándose la lengua, mordiéndose el cuello, mientras sus manos exploraban cada centímetro.

Alex bajó lentamente, lamiendo el pecho de Marcos, chupando sus pezones duros, bajando por el abdomen hasta llegar a aquella polla gruesa y empapada. Se la metió entera en la boca de golpe, hasta que los huevos le tocaron la barbilla. Chupaba con ganas, haciendo ruidos húmedos y gargantosos, sacándola solo para lamer el frenillo y volver a tragársela entera. Marcos le sujetaba la cabeza y follaba su boca con movimientos profundos.

—Qué puta boca más caliente tienes… trágatela toda, sí… así.

Alex se ahogaba, babeaba, pero no paraba. Con una mano le apretaba los huevos pesados y con la otra se pajeaba. Al cabo de varios minutos, Marcos lo levantó y lo tiró boca arriba sobre la toalla mojada. Le levantó las piernas y le enterró la cara entre las nalgas. Su lengua atacó directamente el ano de Alex, lamiendo con hambre, metiéndola dentro, chupando el sabor a sudor y restos de orina. Alex gemía como una perra, agarrándose los muslos para abrirse más.

—Cómemelo… méteme la lengua entera, joder…

Marcos escupió y metió dos dedos, abriéndolo despacio mientras seguía lamiendo alrededor. Luego tres dedos, curvándolos para tocar la próstata. Alex se retorcía, soltando gemidos roncos, con la polla palpitando y soltando hilos constantes de precum sobre su abdomen.

—Fóllame ya… quiero tu polla dentro.

Marcos se colocó en posición. Apuntó su glande grueso contra el ano lubricado de saliva y pis y empujó. Entró despacio pero sin parar, hasta que sus huevos chocaron contra las nalgas de Alex. Ambos soltaron un gemido largo y profundo.

—Estás tan… joder, qué culo más bueno.

Empezó a follarlo con ritmo lento y profundo, saliendo casi entero y volviendo a clavarla hasta el fondo. Cada embestida hacía que el cuerpo de Alex se sacudiera. El sonido de carne contra carne mojada era brutal. Alex se pajeaba mientras recibía aquellas estocadas, mirando cómo la polla gruesa de su amigo entraba y salía de su agujero.

—Más fuerte… rómpeme el culo, Marcos.

Marcos aceleró, follándolo como un animal. El sofá crujía, la toalla chapoteaba bajo ellos. Se inclinó hacia delante y le metió la lengua en la boca mientras lo taladraba. Alex le clavaba las uñas en la espalda, gimiendo sin control.

En un momento, Marcos ralentizó y, todavía dentro de Alex, empezó a mear otra vez. Un chorro caliente y potente salió directamente dentro del culo de su amigo. Alex abrió los ojos como platos, sintiendo cómo se llenaba de pis caliente.

—Hostia… me estás meando dentro… qué puta locura… no pares.

El pis salía alrededor de la polla, chorreando por las nalgas de Alex y formando un charco enorme. Marcos siguió follando mientras meaba, empujando el líquido caliente más adentro. Cuando terminó, sacó la polla lentamente y un torrente de pis salió del ano abierto de Alex, salpicándolo todo. 

Exhaustos se ducharon y terminaron en la cama enredados.

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