24.5.26

ReLaTo. MeOs y otras cosas guarras, 3ªparte.



Unas tres semanas después de aquella noche salvaje en casa de Alex, los dos amigos decidieron tomarse un fin de semana largo. Marcos jugaba en un equipo amateur de waterpolo y varios de sus compañeros habían organizado un retiro en un camping nudista exclusivo para hombres, situado junto a un lago rodeado de bosque. Era un lugar conocido por su ambiente liberal y discreto.

—¿Seguro que no te importa que vayamos con todo el equipo? —preguntó Marcos mientras cargaban el coche.

Alex sonrió, ya medio empalmado solo de pensarlo.
—Al contrario. Quiero verte en acción con tus compañeros… y que ellos nos vean a nosotros.

Llegaron el viernes por la tarde. El camping era precioso: parcelas amplias con sombra, duchas al aire libre, una zona común con barbacoa y un embarcadero que daba al lago. Nada más aparcar, se quitaron toda la ropa en el coche y caminaron desnudos hacia su parcela. El aire cálido rozaba sus cuerpos, y sus pollas se balanceaban libres mientras caminaban.

Varios miembros del equipo ya estaban allí. Eran ocho tíos en total, todos entre 24 y 32 años, atléticos, con cuerpos definidos por el entrenamiento intenso: hombros anchos, abdominales marcados, piernas potentes y culos firmes. Algunos ya tenían semierecciones casuales al ver a los recién llegados.

—¡Marcos! ¡Por fin, cabrón! —saludó Raúl, el capitán, un moreno de 1,90 con una polla gruesa que colgaba pesada entre sus muslos—. Y este debe ser Alex, ¿no? Nos ha hablado mucho de ti.

Hubo abrazos fuertes, palmadas en la espalda y roces inevitables de piel contra piel. Nadie ocultaba sus miradas. Alex sintió cómo su polla empezaba a endurecerse al notar que varios de los chicos lo observaban con interés, especialmente su verga larga y su culo redondo.

Instalaron la tienda, pero apenas pasaron tiempo dentro. El grupo se dirigió al lago. El agua estaba fresca y cristalina. Jugaron un rato al waterpolo improvisado, desnudos, riendo y empujándose. Cada roce bajo el agua era una excusa para tocarse: manos que “accidentalmente” agarraban pollas, dedos que rozaban anos, cuerpos que se pegaban.
Cuando salieron del agua, todos estaban semiempalmados. Se tumbaron en la hierba al sol para secarse. Marcos se acercó a Alex y le susurró al oído:

—¿Estás cómodo? Si quieres parar en cualquier momento, solo dilo.

Alex le besó en los labios delante de todos.

—Estoy más que cómodo. Quiero todo.

Raúl, que estaba tumbado cerca, sonrió.

—Así me gusta. Aquí nadie juzga nada. ¿Os apetece una cerveza y… lo que surja?

La tarde avanzó con cervezas, risas y cada vez más roces intencionados. Cuando el sol empezó a bajar, el grupo se reunió en la zona de duchas al aire libre: varios chorros grandes sin paredes. El agua caliente caía sobre ocho cuerpos musculosos.
Marcos y Alex se colocaron bajo el mismo chorro. Se enjabonaron mutuamente, pero pronto dejaron de fingir. Alex se arrodilló y se metió la polla gruesa de Marcos en la boca delante de todos. Chupaba despacio, saboreando el sabor limpio de agua y piel, mientras su propia verga palpitaba dura contra su abdomen.

—Joder, qué bueno —murmuró Pablo, uno de los delanteros del equipo, un rubio con el cuerpo depilado y una polla larga y recta.

Los demás se acercaron. Pronto formaron un semicírculo alrededor de ellos. Manos empezaron a masturbarse lentamente mientras observaban. Raúl se colocó detrás de Marcos y le frotó la polla contra las nalgas, sin penetrarlo aún, solo rozando.

Alex se levantó y besó a Marcos con fuerza, dejando que todos vieran sus lenguas entrelazadas. Luego se giró hacia Raúl y le preguntó directamente:
—¿Quieres que te chupe?

Raúl asintió con una sonrisa respetuosa. Alex se arrodilló de nuevo y probó otra polla: más gruesa aún, con un glande grande y suave. Mientras la mamaba, sintió que alguien se arrodillaba detrás de él. Era Marcos, que le separó las nalgas y le enterró la cara, lamiéndole el ano con dedicación bajo el agua caliente.

Los gemidos empezaron a llenar el espacio. Otro chico, Diego, se acercó y ofreció su polla a Alex, que alternaba entre Raúl y él, chupando una mientras pajeaba la otra. Las manos de varios jugadores le acariciaban la espalda, los hombros y el pelo con respeto, sin prisas.

Después de varios minutos, se secaron y se trasladaron a una zona de hierba suave con toallas grandes extendidas. El ambiente estaba cargado de deseo pero relajado.

Marcos tumbó a Alex boca arriba y le levantó las piernas. Delante de todo el equipo, empezó a comerle el culo con hambre: lengua plana, lametones largos, penetraciones profundas con la punta. Alex gemía sin vergüenza, agarrándose los muslos para abrirse más.

—Qué culo más bonito tienes —comentó Raúl con admiración, masturbándose despacio.

Marcos escupió y metió dos dedos, luego tres, abriendo a su amigo mientras le chupaba la polla. Alex estaba en éxtasis. Pronto Marcos se colocó en posición y lo penetró lentamente, centímetro a centímetro, hasta enterrarse por completo. Empezó a follarlo con embestidas profundas y fluidas, mirándolo a los ojos.

Los demás se colocaron alrededor, tocándose y animando con palabras subidas de tono pero cariñosas.

—Qué bien te lo follas, Marcos…

—Míralo cómo disfruta…

Raúl se acercó a la cabeza de Alex y le ofreció su polla. Alex la aceptó encantado, chupándola mientras era follado. Pronto tenía dos pollas dentro: una en el culo y otra en la boca. El ritmo era perfecto, sincronizado.

Diego y Pablo se colocaron a los lados y Alex los pajeaba con las manos. Cinco hombres conectados alrededor de él, todos gimiendo.
Después de un rato, cambiaron. Marcos salió y Raúl tomó su lugar, penetrando a Alex con su polla más gruesa. El estiramiento era intenso. Alex soltó un gemido largo y placentero cuando Raúl llegó al fondo.

—Tranquilo… dime si necesitas que vaya más despacio —susurró Raúl, acariciándole el pecho.

—Más fuerte… fóllame —pidió Alex.

Raúl aumentó el ritmo, follándolo con fuerza pero controlada. Mientras tanto, Marcos se puso sobre la cara de Alex y le dio su polla a chupar. El resto del equipo se masturbaba o se tocaban entre ellos, creando un ambiente orgiástico pero respetuoso.

En un momento, Marcos pidió:
—¿Os importa si… meamos un poco?

Varios sonrieron. Era algo que ya habían hecho en otras ocasiones en el equipo.

Se colocaron en círculo alrededor de Alex, que seguía tumbado y abierto. Marcos fue el primero: apuntó su polla todavía dura y soltó un chorro caliente y potente directamente sobre el pecho y abdomen de Alex. El pis caliente corría por su piel. Luego Raúl, todavía dentro de él, soltó un chorro dentro del culo mientras lo follaba. Alex sintió cómo se llenaba de líquido tibio, una sensación abrumadora de calor y plenitud.

—Joder…… —gimió Alex, extasiado.

Uno a uno, los demás fueron soltando sus chorros sobre su cuerpo: sobre su polla, su cara, su boca abierta. Alex tragaba lo que podía, excitadísimo. El olor a orina fresca y masculina lo envolvía todo.

Cuando terminaron de mear, lo limpiaron un poco con toallas y continuaron. Ahora Alex se puso a cuatro patas. Marcos volvió a penetrarlo mientras Raúl le metía la polla en la boca. Los demás se turnaban para que Alex los chupara o los pajeara.

Diego, el más joven del equipo, pidió permiso para follar a Alex también. Cambiaron y Diego entró despacio, disfrutando del calor apretado. Follaron por turnos: cada jugador tuvo su momento dentro de Alex, siempre preguntando, siempre atentos a sus reacciones.

Marcos, mientras tanto, se ofreció y se tumbó al lado. Varios de sus compañeros lo follaron también, creando una cadena de placer mutuo. Alex y Marcos se besaban entre embestida y embestida, conectados en medio del grupo.

La culminación llegó cuando se colocaron uno frente al otro, de rodillas. Todo el equipo formó un círculo cerrado alrededor de ellos. Alex y Marcos se pajearon mutuamente mientras chupaban y tocaban a los demás.

Uno por uno, los jugadores se corrieron sobre ellos. Chorros gruesos de semen cayeron sobre sus caras, pechos, lenguas y pollas. Raúl fue el primero, soltando varios disparos potentes sobre la mejilla de Alex. Diego se corrió en la boca de Marcos. Pablo pintó el pecho de ambos.

Cuando solo quedaron ellos dos, Alex y Marcos se miraron intensamente y se corrieron casi al unísono: chorros largos y espesos que salpicaron el abdomen y la polla del otro. Se besaron con pasión, mezclando semen y saliva.

Exhaustos pero felices, se tumbaron todos juntos sobre las toallas grandes, abrazados en un montón de cuerpos calientes y sudorosos. Hubo risas, caricias suaves y palabras cariñosas.

—Gracias por dejarnos participar —dijo Raúl, acariciando la espalda de Alex—. Ha sido increíble.

—Cuando queráis repetir… —respondió Alex, todavía respirando agitado.

La noche continuó más tranquila. Se ducharon juntos de nuevo, esta vez lavándose con cariño mutuo. Cenaron en la barbacoa, desnudos bajo las estrellas, hablando de waterpolo, de la vida y de fantasías. Después de cenar, en la tienda grande que compartían, hubo una segunda ronda más calmada e íntima: caricias, mamadas lentas, besos y penetraciones suaves a la luz de una linterna.

Alex folló a Marcos por primera vez delante de los demás, con embestidas profundas y amorosas mientras el equipo los observaba y se tocaba. Marcos gemía alto, pidiendo más, hasta que Alex se corrió dentro de él con un gruñido de placer.

Durmieron enredados, cuerpos pegados, oliendo a sexo, lago y bosque.

Al día siguiente repitieron en el lago: mamadas bajo el agua, meadas en el embarcadero, folladas en la orilla. El fin de semana entero fue una celebración continua de placer, confianza y masculinidad sin tabúes.

Cuando volvieron a casa el domingo por la noche, Alex y Marcos estaban agotados pero radiantes. En la ducha de casa de Alex, se abrazaron bajo el agua caliente.

—Esto ha sido… mucho más de lo que imaginaba —murmuró Alex.

Marcos le besó el cuello.

—Y solo es el principio. El equipo ya quiere que vengas a todos los retiros.

Se miraron, sonrieron y empezaron a besarse de nuevo, sus pollas endureciéndose otra vez al recordar todo lo vivido.

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