Dos amigos, Alex y Marcos, volvían borrachos de una fiesta que había durado toda la noche. El alcohol les había hinchado la vejiga hasta el punto de doler. Caminaban por un callejón estrecho y oscuro detrás de unos bares cuando Alex se paró en seco.
—Hostia, me meo vivo, tío. No llego a casa —gruñó, apoyándose contra la pared de ladrillo.
—Yo igual, joder —respondió Marcos, colocándose justo a su lado, hombro con hombro.
Sin pensarlo dos veces, se bajaron las cremalleras al mismo tiempo. Sus pollas salieron pesadas y calientes al aire fresco de la noche. Alex tenía una verga larga y gruesa, con una vena gruesa que recorría toda la longitud; Marcos la tenía un poco más corta pero más ancha, con el glande hinchado y rosado. Empezaron a mear casi a la vez: dos chorros potentes, dorados y humeantes que salpicaban contra el suelo de cemento con un ruido húmedo y continuo.
El olor fuerte y cálido de la orina fresca llenó el callejón. Alex miró de reojo la polla de su amigo mientras orinaba y sintió un cosquilleo extraño en el estómago. Marcos, por su parte, no podía apartar la vista de la gruesa herramienta de Alex, que seguía soltando un chorro interminable.
—Qué polla más grande tienes, cabrón… —murmuró Marcos sin pensar, casi hipnotizado.
Alex soltó una risa nerviosa, pero su miembro empezó a endurecerse mientras todavía estaba meando. El chorro se volvió irregular, más débil, y su polla se hinchó rápidamente hasta ponerse completamente dura, tiesa hacia arriba, goteando las últimas gotas de pis caliente.
—Lo mismo digo… la tuya está empalmada también —respondió Alex con la voz ronca.
Sus chorros se cruzaron y salpicaron. El último hilo de orina de Marcos cayó sobre los dedos de Alex, que aún sostenía su propia polla dura. Ninguno de los dos se apartó. Al contrario, Alex dio un paso más cerca y sus vergas casi se rozaron.
Marcos fue el primero en mover la mano. Extendió los dedos mojados y agarró la base de la polla de Alex, sintiendo cómo palpitaba, caliente y resbaladiza por el pis residual.
—Joder… está durísima —susurró, empezando a masturbarlo despacio, extendiendo la humedad por todo el tronco.
Alex gimió y no tardó en corresponder. Su mano envolvió la polla gruesa de Marcos, apretándola con fuerza mientras la pajeaba de arriba abajo, sintiendo el glande hinchado deslizarse contra su palma. Los dos se miraban a los ojos, respirando agitados, con las pollas brillando por la mezcla de orina y precum que empezaba a salir.
—Esto es una puta locura… pero me pone cachondo de cojones —jadeó Alex.
Marcos escupió en su mano para lubricar mejor y aceleró el movimiento, frotando la polla de su amigo con ganas. Alex hizo lo mismo, retorciendo la muñeca al llegar al glande, sacando más líquido transparente que chorreaba por los dedos.
De repente, Alex se arrodilló sobre el suelo mojado de orina. Sin decir nada, abrió la boca y se metió la polla de Marcos hasta la garganta. El sabor salado del pis mezclado con el precum le llenó la lengua. Chupó con hambre, moviendo la cabeza adelante y atrás, haciendo ruidos húmedos y obscenos mientras su propia verga palpitaba en el aire, goteando precum al suelo.
—Fóllame la boca, tío… —pidió Alex con voz ahogada, sacándola un segundo.
Marcos le agarró la cabeza con las dos manos y empezó a embestir, follándole la garganta profundo. Sus huevos pesados golpeaban contra la barbilla de Alex mientras le metía toda la polla, dejando hilos de saliva y fluidos colgando.
—Qué boca más caliente y sucia tienes, joder… —gruñía Marcos.
Al cabo de unos minutos se cambiaron. Alex se puso de pie y Marcos se agachó, devorando la larga verga de su amigo con avidez. La chupaba desde los huevos hasta la punta, lamiendo el frenillo y metiéndose todo lo que podía, mientras con una mano le apretaba los huevos y con la otra se pajeaba a sí mismo.
Alex le follaba la cara con fuerza, sujetándole el pelo.
—Trágatela entera, cabrón… eso es.
El callejón se llenó de gemidos, sonidos de arcadas húmedas y el chapoteo de sus manos en las pollas mojadas. Alex fue el primero en correrse. Sacó la polla de la boca de Marcos y empezó a pajearse rápido sobre su cara.
—Me corro… ¡joder!
Lanzó chorros gruesos y blancos de leche caliente que salpicaron la cara de Marcos, su lengua, sus labios y parte de su pecho. Marcos abrió la boca para recibirlo, tragando lo que pudo mientras seguía pajeándose frenéticamente.
Segundos después, Marcos se levantó y apuntó su polla gruesa hacia Alex. Se corrió con fuerza, pintándole la cara, el cuello y el torso con varios disparos espesos y calientes de semen. Ambos quedaron jadeando, manchados de orina, saliva y corrida, con las pollas todavía medio duras y goteando.
Se miraron y soltaron una risa cómplice.
—Esto no puede quedar en una sola vez —dijo Alex, limpiándose el semen de la mejilla con el dedo y metiéndoselo en la boca.
—Ni de coña. La próxima vez quiero follarte el culo mientras meamos juntos —respondió Marcos, todavía respirando agitado.

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