Era un jueves por la noche, unas dos semanas después del fin de semana en el camping nudista. Alex había preparado una cena sencilla: pasta con salsa casera, ensalada y una botella de vino tinto que respiraba sobre la mesa. La luz era tenue, solo una lámpara de pie y algunas velas. Fuera llovía suavemente, creando un sonido constante y relajante contra los cristales.
Los dos estaban desnudos desde que llegaron. Era ya una costumbre cuando estaban solos. Marcos había llegado directamente del entrenamiento de waterpolo, se duchó con Alex y desde entonces no se habían puesto ni una prenda. Sus cuerpos aún conservaban ese bronceado ligero del fin de semana al aire libre.
Terminaron de cenar y se sentaron en el sofá grande de cuero negro, con las copas de vino en la mano. Las piernas de ambos se tocaban. La polla de Alex descansaba semierecta sobre su muslo, y la de Marcos, más gruesa, colgaba pesada entre sus piernas abiertas. Ninguno tenía prisa.
—Sabes… llevo días pensando en todo esto —dijo Alex de repente, mirando el vino en su copa—. No solo el sexo. Sino lo que está pasando entre nosotros.
Marcos giró la cabeza y lo miró con atención. Le puso una mano en la rodilla y la acarició suavemente.
—Dime. Quiero que seas sincero. Yo también lo estoy necesitando.
Alex respiró hondo.
—Siempre pensé que éramos solo amigos que se ponían cachondos. Pero después del callejón, de la noche aquí en casa, y especialmente del camping… me he dado cuenta de que me gustas de verdad. No solo tu polla, aunque joder, me encanta. Me gusta cómo me miras cuando me follas. Cómo me cuidas después. Cómo me dejas ser completamente sucio y al mismo tiempo… vulnerable.
Marcos sonrió con ternura y se acercó más, pasando un brazo por los hombros de Alex.
—Yo siento lo mismo. Al principio pensaba que era solo morbo. Mear juntos, follar como animales, corrernos en la cara del otro… Pero me he pillado pensando en ti todo el día. En cómo te corres cuando te lleno el culo. En cómo tragas mi pis mientras me miras a los ojos. Y también en cómo te ríes cuando estamos comiendo o viendo una serie. Me estás gustando mucho, Alex. Más de lo que esperaba.
Se quedaron mirándose en silencio unos segundos. Luego Alex se inclinó y lo besó. Fue un beso lento, profundo, sin la urgencia salvaje de otras veces. Sus lenguas se acariciaron con calma, saboreando el vino y el deseo. Cuando se separaron, ambos tenían la polla completamente dura.
—Quiero que esta noche sea diferente —susurró Alex—. Quiero que hablemos de todo mientras follamos. Quiero saber tus fantasías más sucias, las que no te atreves a decir en voz alta. Y quiero contarte las mías.
Marcos asintió y le agarró la polla con suavidad, masturbándolo con movimientos lentos y largos.
—Vale. Empiezo yo. Me vuelve loco mearte dentro mientras te follo. Sentir cómo mi pis caliente te llena el culo y sale alrededor de mi polla. También me pone mucho imaginar que te follo delante de más gente, pero que al final solo soy yo el que te llena de leche. Y… me encanta cuando me comes el culo después de haber sudado todo el día. El sabor fuerte, natural.
Alex gimió bajito mientras la mano de Marcos subía y bajaba por su verga larga, extendiendo el precum que ya chorreaba.
—Joder… A mí me excita que me trates como tu puta personal cuando estamos solos. Que me mees en la boca, que me folles la garganta hasta que babee entero, que me dejes el culo abierto y chorreando tu corrida y tu pis. Pero también me gusta cuando eres cariñoso. Como ahora. Quiero que me uses… pero que después me abraces.
Marcos apretó un poco más la polla de Alex y aceleró el movimiento.
—Entonces vamos a hacerlo todo esta noche. Sin prisa.
Se levantaron y fueron al dormitorio principal. Alex había preparado toallas grandes sobre la cama y en el suelo, y tenía lubricante y toallitas a mano. Se tumbaron de lado, uno frente al otro, y siguieron besándose mientras se pajeaban mutuamente con calma.
Alex bajó lentamente por el cuerpo de Marcos, besando su pecho, lamiendo sus pezones duros, bajando por los abdominales marcados hasta llegar a aquella polla gruesa y venosa que tanto le gustaba. La olió primero, disfrutando del olor limpio pero con ese toque masculino natural del día. Luego sacó la lengua y lamió desde los huevos pesados hasta la punta, saboreando el precum salado.
—Cuéntame más mientras te la chupo —pidió Alex antes de metérsela en la boca.
Marcos gimió y le puso una mano en la cabeza, sin empujar, solo acariciando.
—Me pone muchísimo verte arrodillado, con la cara llena de mi pis y mi leche… y que me mires con esos ojos de “quiero más”. También fantaseo con follarte sin condón durante días seguidos, llenarte tantas veces que tu culo siempre esté lubricado con mi semen.
Alex respondió tragándose la polla hasta el fondo. Su garganta se contrajo alrededor del glande grueso. Chupaba con devoción, moviendo la cabeza con ritmo lento pero profundo, haciendo ruidos húmedos y gargantosos. La saliva le caía por la barbilla y mojaba los huevos de Marcos. Mientras tanto, su propia polla palpitaba en el aire, soltando hilos transparentes.
Después de varios minutos, Marcos lo levantó y lo tumbó boca arriba. Le levantó las piernas y se las puso sobre los hombros. Su cara bajó directamente al ano de Alex. Lamió con lengua plana primero, largos lametones desde el perineo hasta los huevos. Luego clavó la punta de la lengua dentro, follándolo oralmente con hambre.
—Dios… qué rico estás —gruñó Marcos—. Quiero que me cuentes tus fantasías más oscuras ahora.
Alex jadeaba, agarrándose las piernas para abrirse más.
—Me encanta… ahh… imaginar que me atas y me usas durante horas. Que me mees en la boca hasta que me ahogue un poco y luego me folles mientras estoy lleno de tu pis. También quiero que me folles en público alguna vez, con riesgo de que nos pillen. Y… quiero que me llenes el culo y luego me hagas push-out para que salga todo tu semen mientras me miras.
Marcos escupió abundantemente sobre el ano y metió dos dedos gruesos, curvándolos para masajear la próstata. Alex se arqueó y soltó un gemido largo y ronco.
—Quiero todo eso contigo —dijo Marcos con la voz cargada de deseo—. Ahora voy a follarte.
Se colocó en posición y empujó. Su polla gruesa entró despacio, abriendo el ano de Alex. Cuando estuvo completamente enterrado, ambos soltaron un gemido profundo. Marcos empezó a moverse con embestidas largas y potentes: salía casi hasta el glande y volvía a clavarla hasta el fondo, haciendo chocar sus huevos contra las nalgas de Alex.
—Qué… joder, tu culo me succiona la polla —gruñó.
Follaron así durante mucho rato, mirándose a los ojos, hablando entre gemidos.
—Más fuerte… rómpeme —pedía Alex.
Marcos aceleró, follándolo con fuerza. El sonido de carne mojada contra carne llenaba la habitación. El sudor empezaba a correr por sus cuerpos. En un momento, Marcos ralentizó, todavía dentro, y miró a Alex.
—¿Quieres que te mee dentro ahora?
—Sí… por favor.
Marcos se concentró y soltó un chorro caliente y potente directamente en el interior de Alex. El pis llenaba su recto, creando una sensación de plenitud y calor abrumadora. Parte del líquido salía alrededor de la polla, chorreando por las nalgas y mojando las toallas. Marcos siguió follando mientras meaba, empujando el líquido más adentro con cada embestida.
—Hostia…se siente tan caliente… —gemía Alex, pajeándose rápido.
Cuando Marcos terminó de mear, sacó la polla lentamente. Un torrente de pis salió del ano abierto de Alex, salpicando todo. Marcos no esperó: volvió a meterla de golpe y siguió follando con más fuerza, usando el pis como lubricante extra.
—Quiero correrme dentro —anunció Marcos.
—Lléname. Quiero sentir cada chorro.
Marcos embistió como un animal durante un par de minutos más y finalmente rugió. Su polla palpitó violentamente dentro de Alex, soltando chorros espesos y calientes de semen bien profundo. Siguió empujando mientras se corría, metiendo hasta la última gota. Cuando salió, el ano de Alex quedó abierto, rojo e hinchado, chorreando una mezcla espesa de semen y pis.
Alex estaba al borde. Marcos se tumbó y se metió la polla de Alex en la boca, chupando con ganas mientras le metía dos dedos en el culo, follándolo con ellos. Alex solo aguantó unos segundos.
—Me corro… ¡joder!
Descargó en la garganta de Marcos, que tragó todo sin derramar una gota, gimiendo de placer al saborearlo.
Quedaron abrazados, sudados y pegajosos, recuperando el aliento. Se besaron con ternura, mezclando sabores.
—Te quiero dentro de nuevo —susurró Alex al cabo de un rato.
Se ducharon juntos, pero sin lavarse del todo. Solo se enjabonaron por encima y volvieron a la cama todavía húmedos. Esta vez Alex se puso encima. Se sentó lentamente sobre la polla todavía dura de Marcos, bajando hasta que sus nalgas tocaron sus huevos. Empezó a cabalgar despacio, girando las caderas, sintiendo cada vena y cada centímetro dentro de él.
Mientras cabalgaba, hablaron más.
—Me gusta cómo cambiamos —dijo Alex, subiendo y bajando—. A veces somos bestias, a veces hacemos el amor. Quiero que seamos las dos cosas.
Marcos le agarraba las nalgas, abriéndolas, y empujaba desde abajo.
—Yo quiero ser tu novio, Alex. No solo follar. Quiero dormir contigo, viajar, y también quiero destrozarte el culo cuando los dos estemos cachondos.
Alex aceleró el ritmo, rebotando con fuerza. Su polla larga golpeaba contra los abdominales de Marcos, dejando hilos de precum. Marcos le pajeaba al mismo ritmo.
Se corrieron casi juntos otra vez. Alex primero, pintando el pecho y la cara de Marcos. Marcos segundos después, llenándole el culo por segunda vez esa noche.
Pero no terminaron ahí. Después de un descanso con más vino y caricias, fueron al baño. Se metieron en la ducha grande. Alex se arrodilló y abrió la boca. Marcos le meó directamente en la lengua, un chorro largo y fuerte. Alex tragó parte, dejando que el resto le corriera por el pecho y la polla. Luego se levantó y le devolvió el favor, meando sobre la polla dura de Marcos y su pecho.
De vuelta en la cama, follaron en misionero, lento y profundo. Marcos entraba y salía con calma, besando a Alex en la boca, en el cuello, en los pezones. Le susurraba cosas bonitas y sucias al oído:
—Eres increíble… y el tío que más me importa.
Alex le clavaba las uñas en la espalda y le pedía que fuera más profundo.
La tercera penetración de la noche fue la más larga. Marcos folló a Alex durante casi cuarenta minutos, cambiando de ritmo, de posición (perrito, de lado, otra vez Alex encima). Le comió el culo entre cambio y cambio, saboreando su propia corrida y el pis residual. Alex le devolvió el favor, chupándole la polla y los huevos con devoción, metiendo la lengua en su ano limpio y apretado.
Cuando llegaron al orgasmo final, estaban exhaustos. Marcos se corrió por tercera vez dentro de Alex, y Alex se corrió sobre su propio abdomen. Se quedaron conectados, con la polla de Marcos aún dentro mientras se ablandaba.
Tumbados de lado, abrazados, con las piernas entrelazadas y los cuerpos pegajosos, siguieron hablando en voz baja.
—Quiero que esto sea algo serio —dijo Alex, acariciando la mejilla de Marcos.
—Yo también. Seremos novios que follan como animales y se quieren como personas normales. Me parece perfecto.
Se besaron suavemente y se durmieron así, con el olor a sexo, sudor, orina y semen envolviéndolos. La lluvia seguía cayendo fuera, y dentro solo había paz y deseo satisfecho.

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