Maspalomas, en el extremo sur de Gran Canaria, es mucho más que un destino de sol, playa y dunas infinitas. Su historia es una capa sobre otra: desde un territorio salvaje y estratégico en la era prehistórica y de la conquista, pasando por un rincón olvidado de pastos y ganado, hasta convertirse en uno de los epicentros turísticos más ambiciosos de Europa en la segunda mitad del siglo XX. Y, en paralelo, un lugar que se transformó en el corazón del turismo gay de todo el continente, con el Yumbo Centre y las dunas como símbolos de libertad sexual y comunidad.
Orígenes prehistóricos y guanches.
Antes de que llegaran los europeos, el sur de Gran Canaria —incluida la zona que hoy llamamos Maspalomas— era habitado por los antiguos canarios, los guanches. No era un desierto de arena como ahora lo imaginamos; los documentos históricos sugieren que era un territorio de pastos ricos, con ganado salvaje, marismas y una charca (laguna) que atraía aves y vida. El nombre "Maspalomas" (o "Maspaloma" en mapas antiguos de los siglos XV-XVII) podría tener raíces en la lengua guanche, posiblemente derivado de términos amazigh relacionados con "lo que empapa y estropea el forraje" o algo similar, aunque hay debate entre historiadores.
La zona era un enclave marginal, una "isla dentro de la isla", lejana de los centros de poder del norte. Pero ya entonces tenía importancia estratégica: era paso para navegantes, lugar de arribo y parada para normandos como Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle en el siglo XV, y más tarde para Cristóbal Colón en su cuarto viaje (1502), quien se reponía allí de provisiones y agua. Corsarios como Francis Drake o Pieter van der Does también la conocieron. No era solo arena: era un vasto territorio ganadero que abarcaba desde el actual Castillo del Romeral hasta Arguineguín.
La conquista castellana y el Condado de la Vega Grande. Tras la conquista de Gran Canaria por los castellanos en 1483, el sur evolucionó más lentamente que el norte. La población era dispersa, con cabeceras en las zonas altas y escaso desarrollo costero. Maspalomas se convirtió en cuna del influyente Condado de la Vega Grande, una de las familias más poderosas de la isla. En 1732, una boda en la ermita de Guadalupe (aún en pie en Juan Grande) entre los Amoreto y los Castillo sentó las bases para lo que vendría siglos después: los descendientes de esa familia, los condes de la Vega Grande, serían clave en el boom turístico.
El nombre "Maspalomas" también podría derivar de Rodrigo Mas de Palomar (o Francisco Palomar), un colonizador catalán o genovés ligado a Alonso Fernández de Lugo, traficante de esclavos guanches que compró y asentó en la zona. Esta teoría, aunque controvertida, vincula el topónimo a la colonización y la esclavitud, un origen oscuro para un lugar hoy sinónimo de vacaciones.
El Faro de Maspalomas, símbolo icónico, se construyó entre 1861 y 1889 (primera luz en 1890), diseñado por el ingeniero Juan León y Castillo. Durante 28 años fue la única construcción notable en kilómetros: una torre de 55 metros para guiar barcos entre Europa y América. Declarado Bien de Interés Cultural en 2005, fue testigo silencioso de la transformación posterior.
El boom turístico: de dunas vírgenes a Maspalomas Costa Canaria (1960s en adelante) Hasta los años 50-60, Maspalomas era agrícola: cereales, tomates que invadían partes de las dunas y el barranco de Fataga. Playa del Inglés (originalmente "Llanos del Inglés" o "Playa de los Ingleses") era zona de cultivo y pesca, con nombre que algunos atribuyen a un bohemio inglés (o francés confundido) que vivió allí a principios del XX, o a desembarcos ingleses en el siglo XVI.
El punto de inflexión llegó en 1961: el Conde de la Vega Grande convocó un concurso internacional de ideas para desarrollar 1.060-2.000 hectáreas y 19 km de costa bajo el nombre "Maspalomas Costa Canaria". Ganó el estudio francés SETAP (Guy Lagneau, Michel Weill), que planeaba hoteles de lujo pero derivó en urbanización masiva: apartamentos, macroproyectos, especulación del suelo. Las obras empezaron el 15 de octubre de 1962 en San Agustín (primera estaca clavada, conmemorada hoy con una escultura).
En los 60-70 surgieron los primeros hoteles (Folías, Costa Canaria), apartamentos (Nueva Suecia, Las Arenas), centros comerciales (La Kasbah) y la Rotonda de San Agustín. El turismo de sol y playa explotó: densidad récord planeada de hasta 60 habitantes/hectárea, miles de camas. Las dunas sufrieron: construcción invadió el hábitat, pero en 1994 se declaró reserva natural de 4 km² para proteger fauna y flora (incluida la charca con aves, anguilas y guppies).
Playa del Inglés creció como núcleo denso y popular, con Yumbo Centre abriendo en octubre de 1982 (promovido por Estanislao Mañaricúa y Alejandro del Castillo). Diseñado como centro comercial abierto con patios y terrazas, pronto se convirtió en el epicentro gay de Europa.
El Yumbo Centrum (o Yumbo Centre) abrió en 1982 con la idea "si lo construyes, vendrán". Cuatro plantas, 200 locales, brutalista al aire libre: bares, discotecas, tiendas de ropa interior, shows drag, cruising bars. Se autodenomina "el único centro comercial LGTBI del mundo". En los 80-90, durante la crisis del sida, fue refugio y comunidad. Hoy es el corazón del turismo gay: Buddies, Adonis, Tom’s Bar, Bärenhöhle, The Factory (cruising masivo), Construction (fetichista con glory holes).
Las dunas de Maspalomas, parte del desierto del Sáhara (arena transportada por viento desde el Sáhara Occidental), se convirtieron en cruising grounds legendario al atardecer. Hombres de todo el mundo se encuentran entre las dunas altas: eye contact sutil, encuentros espontáneos, libertad sexual en un espacio natural protegido (aunque partes están restringidas por multas). La playa gay (cerca del faro, kiosko 7) es punto de encuentro diurno.
Gran Canaria se posicionó como "el paraíso gay de Europa" gracias al clima templado todo el año, la tolerancia canaria (preexistente a la legalización en España) y la concentración en el sur: Maspalomas, Playa del Inglés, Yumbo. Pride anual, saunas como Corpus, hoteles gay-only.
Maspalomas cumplió 60 años como destino en 2022. Es marca "Maspalomas Costa Canaria": desde Bahía Feliz hasta Pasito Blanco. Modernización constante: renovación de oferta, diversificación más allá del sol y playa. Las dunas siguen protegidas, el faro vigila, la charca atrae aves. Y el Yumbo late cada noche con música, drags y cuerpos que celebran libertad.
De territorio guanche olvidado a cuna de condes, de dunas vírgenes a megaproyecto turístico, de rincón marginal a meca gay mundial: Maspalomas es historia viva. Un lugar donde la arena se mueve, pero el deseo y el sol nunca paran.

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