1.5.26

RelAtO. Mi GeMeLo y Yo. PArtE 6




En Navidad de 2025, justo antes de las fiestas, Elías, Ethan y Lucas decidieron hacer algo diferente. Tras el viaje a Vera Playa y la semana orgiástica en el chalet de la sierra, su trío se había consolidado en algo profundo y abierto: amor sin celos, deseo compartido y una conexión que fluía naturalmente entre los tres. Pero sentían que faltaba algo... o alguien. No buscaban activamente, pero el universo —o el destino— tenía otros planes.

El 23 de diciembre, los tres fueron a una fiesta navideña organizada por un amigo común en un loft grande del centro de Madrid. Luces LED parpadeantes, árbol de Navidad cubierto de bolas rojas y doradas, villancicos electrónicos de fondo, ponche con alcohol y un ambiente cargado de feromonas. Iban vestidos con camisas ajustadas y pantalones que marcaban sus cuerpos tonificados, pero sabían que la ropa no duraría mucho si la noche se ponía interesante.

Allí lo vieron: un chico de 22 años, alto pero más delgado que ellos, con pelo castaño oscuro ondulado que le caía sobre los ojos verdes intensos, piel clara con pecas leves en la nariz, sonrisa tímida pero traviesa. Se llamaba Alejandro (o Alex, como le decían todos). Estaba solo en un rincón, bebiendo un cóctel, mirando el móvil pero observando todo con curiosidad. Llevaba un jersey negro ajustado que dejaba ver un torso definido por el gimnasio y jeans rotos que abrazaban un culo redondo y firme.

Lucas fue el primero en acercarse. "Estás muy solo aquí, ¿no te animas a unirte al grupo?" Alex levantó la vista, sonrojándose un poco. "Es que no conozco a casi nadie... pero la fiesta está guay." Lucas sonrió, le pasó un brazo por los hombros y lo llevó hacia donde estaban Elías y Ethan.

La química fue instantánea. Alex era tímido al principio, pero sus ojos se iluminaban cuando hablaba de música, de viajes, de cómo siempre había sentido que le faltaba algo en sus relaciones anteriores. Los tres lo escuchaban embelesados. Elías le rozó el muslo "accidentalmente" al pasarle una copa; Ethan le susurró al oído un chiste que lo hizo reír y sonrojar más; Lucas le acarició la nuca con disimulo.

Cuando la fiesta se calentó —gente bailando pegados, besos robados en rincones—, Alex confesó: "Nunca he estado con más de una persona... pero he fantaseado mucho." Los tres intercambiaron miradas. "Si quieres experimentar, aquí estamos", dijo Ethan en voz baja. Alex tragó saliva, pero asintió.

Se fueron juntos al loft de los tres. Apenas cerraron la puerta, la ropa voló. Alex se quedó en calzoncillos negros ajustados, bulto evidente. Los tres se desnudaron rápido: pollas duras, cuerpos musculosos brillando bajo la luz tenue del árbol de Navidad en la esquina.

Empezó lento. Elías y Ethan se besaron frente a él, lenguas entrelazadas, pollas frotándose. Lucas se acercó a Alex, lo besó suave al principio, luego profundo, manos bajando por su espalda hasta meterse en los calzoncillos, agarrando ese culo firme y redondo. "Estás buenísimo", murmuró Lucas. Alex gimió cuando Lucas le bajó los calzoncillos, liberando una polla recta, larga y muy sensible, goteando precum.

Se tumbaron en la alfombra grande del salón. Alex en el centro. Elías se arrodilló y tomó su polla en la boca: labios envolviendo el glande rosado, lengua girando, bajando hasta la base mientras Alex jadeaba. Ethan lamió sus huevos, chupándolos suavemente, lengua explorando el perineo. Lucas besó su boca, luego bajó a chupar sus pezones, mordisqueándolos hasta endurecerlos.

"Quiero probaros a los tres", susurró Alex. Se puso de rodillas. Chupó primero a Elías: polla larga entrando en su boca, garganta relajándose para tragarla profunda, saliva goteando. Luego Ethan, idéntica pero curvada, saboreando la diferencia sutil. Finalmente Lucas, la más gruesa: labios estirándose, ojos lagrimeando pero sin parar, chupando con hambre.

La primera penetración fue de Lucas en Alex. Lo tumbó boca abajo, culo elevado. Lubricó con saliva y gel, empujó despacio: cabeza gruesa abriendo el agujero. Alex gimió alto, dolor-placer. "Joder... es enorme". Lucas embistió lento, luego más rápido, bolas golpeando culo. Elías y Ethan se masturbaban viéndolo, besándose.

Cambios: Elías entró en Alex desde atrás, follándolo profundo mientras Alex chupaba a Ethan. Ethan se corrió primero, semen caliente en la boca de Alex, quien tragó todo. Lucas masturbó a Elías hasta que este se derramó dentro de Alex, llenándolo.

Pero lo mejor vino después. Alex se montó sobre Ethan, polla gemela entrando en su culo. Elías se colocó detrás: doble penetración. Dos pollas idénticas estirando el agujero joven de Alex al límite. "Dios... me vais a romper... pero no paréis", jadeó Alex, lágrimas de placer. Lucas se colocó delante, metiendo su polla gruesa en la boca de Alex. Tres pollas simultáneas: dos en culo, una en garganta. Thrusts sincronizados, gemidos ahogados, sudor perlando cuerpos.

Alex corrió untouched, semen salpicando el abdomen de Ethan. Los gemelos lo llenaron, semen rebosando, goteando por muslos. Lucas eyaculó en su boca, Alex tragando cada gota.

Se derrumbaron abrazados, respiraciones calmándose. Alex, entre lágrimas y sonrisas: "Nunca había sentido algo así... os quiero ya".

Los días siguientes fueron un torbellino. Navidad en casa: árbol, regalos, pero sobre todo sexo. El 24 por la noche: orgía lenta bajo luces navideñas. Alex follado por los tres alternadamente, DP repetidas —gemelos dentro mientras Lucas chupaba su polla—, rimming grupal, corridas múltiples.

El 25: desayuno desnudos, luego ducha compartida con follada acuática. Alex entre los gemelos, pollas frotándose en su culo y entre sus piernas. Lucas rimmeándolo desde atrás.

Los días siguientes: exploración total. Alex se enamoró de la simetría de los gemelos y de la rudeza tierna de Lucas. Ellos se enamoraron de su inocencia ardiente, su cuerpo flexible, su deseo insaciable. Conversaciones profundas entre folladas: "Esto es real", decía Alex. "Nunca me había sentido tan completo".

Nochevieja: brindis desnudos. Alex en el centro de la cama, los tres penetrándolo de formas creativas —DP, triple oral, cadena—. Corrieron juntos al sonar las campanadas, semen por cuerpos, besos salados.

Desde entonces, fueron cuatro. Alejandro se mudó con ellos en enero. Su amor se volvió cuádruple: apasionado, explícito, emocional. Noches de DP dobles (gemelos en uno, Lucas y Alex en otro), orgías privadas, pero siempre con ternura. El chico de 22 años que llegó en Navidad revolucionó su trío, convirtiéndolo en un cuarteto eterno, donde cada cuerpo, cada gemido, cada "te amo" era compartido sin reservas.Y así, en un invierno frío, encontraron un calor que nunca se apagaría.

FIN

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