Jaime llegó al club de tenis en las afueras de Barcelona con su raqueta nueva y una determinación renovada. A los 36 años, después de una ruptura dolorosa y meses de sedentarismo en su oficina de Madrid, había decidido retomar el tenis, un deporte que amaba en su juventud pero que había abandonado por la rutina. El sol de la Costa Brava calentaba las canchas de arcilla roja, y el sonido de pelotas rebotando era como un ritmo hipnótico. Se inscribió en un grupo de nivel intermedio, esperando sudar el estrés y quizás hacer amigos.
Raúl era el entrenador asistente, un catalán de 31 años con cuerpo atlético moldeado por horas en la cancha: piernas musculosas, brazos definidos, piel bronceada y un pelo negro corto que siempre parecía húmedo de sudor. Sus ojos oscuros brillaban con pasión por el juego, y su sonrisa era contagiosa, revelando dientes perfectos. Llevaba shorts ajustados que marcaban sus muslos potentes y una camiseta polo que se pegaba a su torso cuando jugaba.
Se conocieron en la primera sesión. Jaime fallaba drives simples, frustrado por su óxido.
— ¡Mantén el ojo en la pelota, no en la red! —gritó Raúl desde el otro lado, demostrando un revés perfecto.
Después del juego, Raúl se acercó mientras Jaime recogía pelotas.
— Eres nuevo, ¿verdad? Soy Raúl. Buen esfuerzo hoy. Con práctica, serás letal.
Jaime sonrió, sintiendo un cosquilleo al estrechar su mano sudorosa.
— Jaime, de Madrid. Gracias. Hace años que no juego.
Raúl rio.— El tenis es como el amor: nunca se olvida del todo.
Los días siguientes, Jaime volvía cada tarde. Raúl lo emparejaba en dobles, pero pronto sugería prácticas uno a uno. En la cancha, sus cuerpos se movían en sincronía: Raúl enseñaba grip, stance, follow-through. Tocaba el brazo de Jaime para corregir, sus dedos cálidos y firmes enviando chispas.
— Así, gira la cadera. Siente el poder desde las piernas —decía Raúl, presionando su mano en la cadera de Jaime.
Después de las sesiones, se sentaban en el banco lateral, bebiendo isotónicos, charlando. Raúl hablaba de su vida: creció en un barrio obrero, el tenis lo salvó de problemas juveniles. Tuvo un novio que lo dejó por celos del deporte.
— El tenis me da libertad. No hay ataduras, solo el juego.
Jaime compartía su soledad: la ex que lo acusaba de ser emocionalmente distante, su curiosidad por hombres que nunca exploró.
— Contigo... me siento visto. Como si el juego revelara partes de mí.
Raúl lo miró intensamente.
— El tenis es íntimo. Ves el alma del otro en cómo responde a la presión.
Una tarde, después de un set intenso donde Jaime ganó por primera vez, celebraron con un abrazo sudoroso. Sus cuerpos se presionaron, y Jaime sintió la dureza de Raúl contra su muslo. Se separaron, pero la tensión quedó.
El cuarto día, jugaron bajo luces artificiales, la cancha vacía. Sudor corrían por sus cuellos, camisetas pegadas. En un punto largo, Raúl corrió a la red, voleando con gracia felina. Jaime devolvió, pero perdió. Se rieron, colapsando en la red.
— Eres adictivo —dijo Raúl, voz ronca.
Jaime tragó.— Tú me haces querer más. No solo tenis.
Se besaron allí, sobre la red: labios salados, lenguas explorando con urgencia. Manos en nucas, cuerpos presionados. Raúl mordió el labio inferior de Jaime, arrancando un gemido.
Fueron al vestuario vacío. Bajo la ducha, se desnudaron despacio. Raúl era escultural: pecho definido con vello oscuro, abdomen marcado, polla semi-erecta colgando pesada entre piernas musculosas. Jaime, más ancho, con vello en pecho y una erección ya plena.
Se enjabonaron mutuamente: manos resbaladizas en torsos, bajando a culos firmes. Raúl arrodillado, tomó la polla de Jaime en boca, succionando lenta, lengua lamiendo venas, garganta profunda hasta toser saliva. Jaime folló su boca suave, manos en pelo mojado
Ahora Jaime chupó a Raúl, saboreando precum salado, lengua en glande hinchado, succionando testículos pesados. Raúl gruñó.
En la casa de Raúl cerca del club, continuaron. Habitación con pósters de Federer y Nadal, cama grande. Se tumbaron desnudos, besándose profundo: lenguas enredadas, dientes chocando, saliva mezclada.
Raúl besó el cuello de Jaime, bajando a pezones: lamió, mordió, succionó hasta endurecerlos. Jaime arqueó, gimiendo. Raúl continuó: lengua en ombligo, mordisqueando vello púbico, luego devorando polla de nuevo —esta vez con dedos explorando ano, untados en saliva.
— Relájate, como en un drop shot —susurró Raúl, insertando un dedo, curvándolo a próstata. Jaime jadeó, placer eléctrico.
Añadió segundo dedo, estirando, scissoring. Jaime se retorció, polla goteando.
Raúl sacó lubricante y condón. Se posicionó: polla gruesa, venosa, cabeza roja hinchada. Entró despacio en Jaime, centímetro a centímetro, hasta bolas profundas. Jaime sintió ardor inicial, luego plenitud exquisita.
Raúl embistió lento: thrusts profundos, rozando próstata cada vez. Jaime envolvió piernas alrededor, clavando talones en culo firme de Raúl.
— Fóllame más duro —pidió Jaime.Raúl aceleró: piel contra piel slap, gemidos altos. Una mano masturbaba polla de Jaime, pulgar frotando glande sensible.
Jaime a cuatro patas, Raúl detrás, embistiendo salvaje, bolas golpeando culo. Raúl abofeteó nalga, dejando marca roja, luego masajeó.
— Estas tan apretado... mi polla te llena perfecto.
Jaime empujaba atrás, encontrando ritmo. Raúl alcanzó alrededor, pellizcando pezones mientras follaba.
Jaime encima, cabalgando. Bajó en polla de Raúl, sintiendo cada vena. Movió caderas en círculos, polla rebotando contra abdomen marcado de Raúl. Raúl thrusteaba arriba, golpeando profundo.
— Mírame —dijo Raúl, ojos lujuriosos.
Jaime se inclinó, besándolo mientras cabalgaba rápido. Sudor goteaba, cuerpos resbaladizos.
Raúl lo volteó: misionero, piernas de Jaime sobre hombros. Entró profundo, follándolo con fuerza animal: thrusts rápidos, cortos, luego lentos y profundos. Besos mordientes, uñas en espalda dejando surcos.
— Quiero sentirte correrte alrededor de mi polla —gruñó Raúl, masturbando Jaime frenético.
Jaime explotó: semen caliente salpicando pechos, ano contrayéndose en espasmos, ordeñando polla de Raúl.
Raúl se corrió segundos después: polla palpitando, llenando condón con chorros calientes, cuerpo temblando, gruñido gutural.
Besos suaves, caricias post-orgasmo. Dedos trazando músculos, lenguas lamiendo sudor.
— Esto es amor a primera raqueta —susurró Raúl.
Jaime rio.— Y muchos sets por venir.
Pero no terminaron. Después de recuperar aliento, Raúl lamió semen de su pecho, compartiéndolo en beso. Jaime bajó, quitó condón usado, chupó polla semi-blanda de Raúl, saboreando residuo cum. Raúl endureció rápido.
Bocas devorando pollas: Jaime succionando profundo, garganta follada por thrusts de Raúl; Raúl lamiendo ano de Jaime, lengua penetrando, dedos masajeando bolas.
Se corrieron casi simultáneo: Jaime en boca de Raúl, quien tragó con gemido; Raúl en pecho de Jaime, semen caliente esparciéndose.
Raúl folló a Jaime contra pared, levantándolo por muslos, embistiendo vertical. Jaime clavó uñas en hombros, gritando placer. Corrieron juntos, semen goteando al suelo.
Exhaustos, durmieron entrelazados, cuerpos pegajosos, promesas de más juegos —en cancha y cama.

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