31.1.26

reLaTo. SaUnA 4





Siete días exactos.
Víctor abrió la puerta de su ático a las 22:07 con una sola palabra:

«Desnúdate».
Eric entró cargando una mochila negra que pesaba como un pecado. La dejó caer en el hall y se quitó la ropa en cuatro movimientos: camiseta, vaqueros, bóxers, calcetines. Su polla ya latía contra el ombligo, la cabeza brillante de precum acumulado. Víctor lo esperaba desnudo, el cuerpo aceitado, los tatuajes relucientes bajo focos rojos empotrados. En el centro del salón: una estructura de acero con argollas, una máquina de follar Sybian modificada y, en la mesa de mármol, el arsenal prometido. Un amigo.
Se llamaba Leo: 1,95 m, piel café con leche, polla de 24 cm recta como una barra de hierro y huevos rasurados que colgaban bajos. Leo sonrió, se lamió los labios y dijo: «Víctor me dijo que tu culo es adictivo. Vamos a comprobarlo».
Víctor pulsó un mando y la máquina cobró vida: un brazo hidráulico con un dildo de 28 cm de silicona negra, venas gruesas, cabeza bulbosa. Eric se arrodilló en la tarima acolchada, nalgas abiertas, el agujero ya lubricado y reluciente. Leo se colocó detrás y escupió un chorro largo directo al centro. «Respira, puta». El dildo mecánico se alineó. Víctor ajustó la velocidad a 80 rpm y profundidad máxima. Un zumbido grave y la cabeza atravesó el anillo con un pop húmedo. Eric gritó, la próstata aplastada al instante. La máquina empezó a bombear: dentro, fuera, dentro, fuera, 3 cm por segundo, sin piedad. Cada embestida hacía que su polla saltara y goteara un hilo continuo de precum al suelo. Leo se arrodilló delante y le metió la polla hasta la garganta. Eric se ahogó, lágrimas cayendo, pero Leo agarró su cabeza y folló su cara como un coño: bolas golpeando barbilla, saliva chorreando por el pecho. Víctor observaba, masturbándose lento, la polla curvada goteando sobre el mármol. «Cambio», ordenó Víctor. Paró la máquina y sacó el dildo con un sonido de succión obsceno. El agujero de Eric quedó abierto 5 cm, rojo, palpitante, un túnel que pedía más. Leo se tumbó boca arriba y tiró de Eric encima.

 Impalado de un solo bajón: 24 cm de carne viva hasta las entrañas. Eric jadeó, los ojos en blanco, el vientre abultado por la forma de la polla. Víctor se colocó detrás y empujó su propia polla junto a la de Leo. Doble penetración brutal. El culo de Eric se estiró al límite, el anillo ardiendo, los dos glandes frotándose dentro. «Siente cómo nos rozamos en tu interior, cabrón», gruñó Víctor. Empezaron a moverse en contrafase: uno dentro, otro fuera, luego al unísono, cuatro bolas aplastadas contra el perineo. Leo mordió un pezón de Eric hasta sangrar. Víctor azotó las nalgas con la palma abierta: 20, 30, 40 golpes que dejaron la piel violeta. Eric lloraba de placer, la polla explotando sin manos: chorros blancos que salpicaron el pecho tatuado de Leo. El orgasmo lo hizo apretar como un puño y Leo rugió, inundando su interior con semen caliente. No pararon. Víctor sacó su polla chorreante y la metió en la boca de Eric para que limpiara. Leo se retiró y el agujero quedó abierto, semen goteando en riachuelos blancos. Víctor enchufó un inflador: un plug de látex negro que hinchó dentro hasta 15 cm de diámetro. Eric gritó, el culo convertido en un globo, la próstata aplastada. La máquina volvió a la vida, esta vez con un cabezal de fist: un puño de silicona que entró y salió a 120 rpm. Cada golpe sacaba un chorro de semen y lubricante. Leo se masturbó sobre la cara de Eric, eyaculando una segunda vez: rayas espesas que cubrieron ojos, nariz, lengua. Eric lamió todo, tragando como un perro sediento. Víctor desató a Eric y lo llevó a la estructura de acero. Brazos arriba, tobillos abiertos, cuerpo en X. Encendió un vibrador de próstata remoto y lo introdujo hasta el fondo. Nivel 10. Eric se convulsionó, la polla morada goteando sin parar. Leo se colocó detrás y fistó con la mano real: lubricante caliente, puño entero entrando y saliendo, nudillos rozando el vibrador. El sonido era puro porno: schlop-schlop-schlop. Víctor se arrodilló y succionó la polla de Eric mientras Leo lo fist-follaba. Lengua en frenillo, dientes suaves, garganta profunda. Eric se corrió otra vez, semen amargo inundando la boca de Víctor, que lo escupió de vuelta sobre la cara de Eric. «Ahora el final», anunció Víctor. Desconectó todo y los tres se tumbaron en la alfombra persa. Eric en el centro, boca arriba. Leo se sentó sobre su cara, huevos en la boca, ano en la nariz. Víctor levantó las piernas de Eric hasta los hombros y volvió a meter polla y puño a la vez: doble fist con su propia polla dentro. Imposible, pero real. El culo se abrió 18 cm, el puño de Leo entró por el otro lado desde la boca de Eric, rozándose dentro del cuerpo. Eric gritó dentro del culo de Leo, el sonido amortiguado. Los tres se movieron al unísono: Víctor fist-follando, Leo cabalgando la cara, Eric masturbándose con ambas manos. El orgasmo colectivo llegó como un tsunami. Leo eyaculó sobre el pecho de Eric, Víctor inundó el interior con una tercera carga espesa, Eric explotó entre sus dedos, chorros que llegaron al techo. Se derrumbaron en un charco de fluidos. El vibrador seguía zumbando dentro de Eric, ahora en nivel aleatorio. Leo lamió el semen del suelo, Víctor besó a Eric compartiendo sabores. A las 02:14, Eric aún temblaba. Su agujero era un cráter rojo, hinchado, incapaz de cerrarse. Víctor lo tapó con un plug de acero de 10 cm y susurró: «Te lo quitas el domingo. Con foto». Leo se duchó primero, salió desnudo y dejó un beso en la frente de Eric. «Vuelvo cuando quieras un trío de verdad». Víctor llevó a Eric en brazos al dormitorio. Lo acostó boca abajo, enchufó un masajeador de próstata y lo dejó encendido toda la noche. Cada vibración era un recordatorio: siete días más y repetirían, pero esta vez en público. Eric se durmió con la polla dura, el culo lleno y la boca saboreando tres corridas distintas.

En el salón, la máquina seguía encendida, el dildo goteando lubricante como una promesa.



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