17.1.26

relato. SaUnA 1





El vapor denso de la sauna húmeda envolvía todo como un velo cálido y pegajoso, cargado de ese aroma salino a sudor masculino y deseo reprimido. Eric entró descalzo, su toalla blanca ceñida a la cintura, dejando al descubierto su torso musculoso, cubierto por un vello oscuro que bajaba en una línea tentadora hacia su entrepierna. El calor lo golpeó de inmediato, haciendo que su piel se perlara de gotas que resbalaban lentas por sus pectorales. Buscaba algo más que relax: un encuentro crudo, sin palabras innecesarias.


En el banco de azulejos, semioculto por la niebla, estaba Víctor. Alto, de piel morena y lisa, con hombros anchos y piernas abiertas que dejaban entrever el bulto creciente bajo su toalla. Sus ojos negros se clavaron en Eric al instante, un brillo depredador en ellos. Víctor se lamió los labios, saboreando el aire húmedo, y dejó que su toalla se aflojara un poco, revelando la base de su polla gruesa, ya semierecta, palpitante contra su muslo.

Eric se acercó, el suelo resbaladizo bajo sus pies. Se sentó a su lado, tan cerca que sus muslos se rozaron, enviando una chispa eléctrica. "Calor intenso aquí", murmuró Eric, su voz ronca, pero sus ojos decían más. Víctor sonrió, extendiendo una mano para rozar el brazo de Eric, sintiendo la piel caliente y sudorosa. "Puedo hacer que suba más", respondió, su aliento cálido contra el cuello de Eric.

Sin prisa, Víctor deslizó la mano hacia abajo, desatando la toalla de Eric con un tirón suave. La polla de Eric saltó libre, dura y venosa, la cabeza brillante de precum que se mezclaba con el sudor. "Joder, qué grande", gruñó Víctor, envolviéndola con sus dedos ásperos, bombeando lento, sintiendo cómo se hinchaba en su puño. Eric jadeó, arqueando la espalda, el vapor adhiriéndose a sus cuerpos como una segunda piel.

Eric no se quedó atrás. Arrodillado en el banco resbaladizo, bajó la cabeza hacia la entrepierna de Víctor, que ya había soltado su toalla por completo. La polla de Víctor era un monstruo: larga, curvada, con venas protuberantes y bolas pesadas colgando bajas. Eric la lamió desde la base, saboreando el sudor salado, hasta la punta, succionando el glande hinchado con labios húmedos. Víctor gemía, enredando dedos en el cabello mojado de Eric, empujando sus caderas para follarle la boca profunda, el sonido de arcadas mezclándose con el goteo del vapor.

Se levantaron, cuerpos pegados, pechos resbalando uno contra el otro. Víctor giró a Eric contra la pared tibia, escupiendo en su mano para lubricar su entrada. "Relájate, te voy a llenar", susurró, mordiendo el lóbulo de Eric mientras empujaba su polla gruesa dentro, centímetro a centímetro. Eric gritó de placer-dolor, su culo apretado cediendo al invasor, contrayéndose alrededor de él. Víctor embistió con fuerza, bolas golpeando contra nalgas, el sudor chorreando por sus espaldas.

El ritmo se aceleró: piel contra piel, gemidos ahogados en besos salvajes, lenguas enredadas. Eric se masturbaba furiosamente mientras Víctor lo taladraba, sus cuerpos un caos resbaladizo de fluidos. "Córrete conmigo", ordenó Víctor, y ambos explotaron: Eric eyaculando chorros calientes sobre el suelo, Víctor inundando su interior con semen espeso, pulsante.

Agotados, se derrumbaron juntos, respiraciones entrecortadas en el vapor. Sus miradas se cruzaron de nuevo: promesas de más rondas en esa sauna eterna.


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